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Una sociedad sin arte corre el peligro de acercarse a su extinción: Entrevista a Natalia Morelos (Parte 1).

La Coordinadora Académica del Movimiento Nacional de Agrupaciones Comunitarias del Sistema Nacional de Fomento Musical, nos habla del proyecto educativo musical y socio formativo que atiende a más de 5 mil 500 niños y jóvenes en todo el país. 

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM)

Por Emiliano Leal Sorriente

 “Una sociedad sin arte, corre el peligro de cada vez más acercarse a su extinción”, comenta Natalia Morelos, Coordinadora Académica del Movimiento Nacional de Agrupaciones Comunitarias del Sistema Nacional de Fomento Musical, de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México.

Con esta visión y una tendencia humanista y socio formativa, Natalia Morelos es desde hace 6 años la encargada de reestructurar, implementar y darle seguimiento al Plan Nacional de Agrupaciones Comunitarias, que atiende a más de 5 mil 500 niños y jóvenes de todo el país.

Este proyecto, más allá de estar enfocado en la generación de músicos, busca ser un espacio de desarrollo comunitario y de formación socio emocional. Pero también, tiene la misión de convertirse en una opción para muchos niños y jóvenes que viven en zonas catalogadas como vulnerables. 

Esto, debido a que el quehacer musical en grupo “fomenta valores como disciplina, trabajo en equipo y sentido de pertenencia. En este sentido, la música es utilizada como un medio y no como un fin, de tal forma que entre más temprano se establezca un contacto serio con la música, los niños tendrán mayor oportunidad de que con la práctica cotidiana fortalezcan otras dimensiones del ser humano, como son: capacidad de escucha, de concentración, de abstracción, de expresión, de autoestima, criterio, responsabilidad, disciplina, socialización y actitud creativa” (SNFM, 2019a).

Actualmente, el Sistema Nacional de Fomento Musical cuenta con 96 agrupaciones musicales comunitarias, de las cuáles 25 son orquestas, 33 coros en movimiento, 3 coros tradicionales, 20 bandas sinfónicas, 2 bandas tradicionales, 8 ensambles instrumentales y 5 ensambles tradicionales. Estas agrupaciones distribuidas en 67 municipios de 27 estados de la República Mexicana (SNFM, 2019b).

Todo cabe en la música.

Para Natalia, la Coordinadora Académica del Movimiento Nacional de Agrupaciones Comunitarias del Sistema Nacional de Fomento Musical, el arte y en especial la música “te acerca a esa parte humana, a la sensibilidad, a la belleza, a la admiración de la naturaleza, la contemplación, a todo esto. De hecho, por eso muchas corrientes definen también a la ciencia como una parte artística. Es el arte de observar y encontrar respuestas o buscar hacerse las preguntas correctas, aunque no siempre se encuentren las respuestas”.

Natalia Morelos (Izq.). Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM)

Natalia explica que, a diferencia de otras artes, como la pintura, el teatro, la danza o las artes visuales, donde la producción se da casi siempre de manera individual, en la música orquestal se puede involucrar a muchas personas que participan en la búsqueda de un resultado común.

 “No conozco, ninguna otra forma de arte que pueda abarcar tanto como la música, como arte escénico y donde puedan coexistir en tantos niños a la vez haciéndolo”,

En una orquesta, explica Natalia, estamos hablando de 120 niños y jóvenes,  distribuidos en distintas secciones de instrumentos, en donde participan muchos primeros violines, muchos segundos violines, muchas violas, etc. Lo mismo pasa cuando se trata de música tradicional, pues los ensambles cuentan también con secciones que abarcan diversos instrumentos, en donde pueden participar hasta 60 niños a la vez, o los coros, algunos con más de 100 integrantes. “la música te da esa posibilidad, todo cabe en la música.”, enfatiza.

 “En la música tu tienes grandes secciones que hacen las veces de micro sociedades o familias que tienen que aprender a ser funcionales. Les caerás bien, no les caerás bien, habrá quién te quiera y quién no te quiera, que te guste lo que hace, o no te guste lo que hace, pero tienes que aprender a ser funcional y producir un resultado en equipo”.

Educación musical multinivel

Además de poder trabajar con muchos niños y jóvenes a la vez, la música permite que también se pueda trabajar con ellos aunque tengan distintos niveles, pues tal como lo explica Natalia “la música te permite conjuntar un gran número de personas haciendo realmente un trabajo en equipo para generar un resultado, y no tiene fin. Inclusive algo que es maravilloso en eso es que no todos tienen que tener un mismo nivel, no tienen que tener una capacidad de interpretación o de ejecución instrumental homologada”.  

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM)

Tradicionalmente, las estructuras educativas suelen colocar a los niños y jóvenes en niveles que muchas veces también están determinados no solo por sus habilidades, o conocimientos, si no también por su edad. Pero aquí, se trabaja con orquestas y agrupaciones que pueden tener hasta 120 niños y jóvenes de 7 a 17 años al mismo tiempo y además con distintas habilidades o niveles de aprendizaje.

Así, no importa en qué nivel de ejecución se encuentra cada niño o joven, ya que podrá adaptarse desde sus habilidades a lo que está haciendo la orquesta en su conjunto. Esto difícilmente podría suceder en la práctica de otras artes como la danza, por ejemplo, en donde necesariamente requieren tener el mismo nivel de ejecución:

 “En la música, si un niño entra ya empezado el proyecto, y ya los otros están avanzando, él (que recién se incorpora) se sube a ese trenecito en sus posibilidades interpretativas y como ejecutante. Lleva su propio proceso de desarrollo, de aprender a agarrar el violín o el arpa, no nos saltamos el proceso, pero hacemos que eso sea posible, aunque estén tocando la 5ª Sinfonía de Beethoven. Él puede participar dentro de esa obra, y estar en ese colectivo aunque su nivel de desarrollo sea mucho menor que el de los demás. La música es muy noble en ese aspecto”. 

Esto es posible, gracias a la manera en la que emplean la música, pues como nos explica “la usamos como una herramienta y no como un fin, por lo tanto verdaderamente  hacemos lo que nos da la gana con ella para que puedan caber todos los niveles al mismo tiempo”. 

Se trabaja como una familia

Para los que estamos en educación, sería imposible no preguntarle a Natalia: ¿Cómo combinas en una orquesta a tantos niños y jóvenes de distintas edades, etapas y niveles, y haces que puedan trabajar y convivir adecuadamente?

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM)

“Como una familia”, contesta Natalia con mucha seguridad. Los maestros, cuenta, cuando reciben a un niño nuevo suelen ponerle una etiqueta según su nivel. «Iniciales, medios, o avanzados». Para ella estas etiquetas son falsas, no representan su habilidad real y tampoco se les debería colocar, para entender mejor esto nos lleva a reflexionar en lo siguiente:

“Estás en tu familia y nace tu primer hijo, cumple dos años cuando llega una hermanita. Entonces, siempre pido a los maestros que levanten la mano los que tienen más de un hijo y les pregunto ¿qué hicieron con el primero? ¿lo mandaron a otra familia porque llegó el nuevo? ¿a la familia de los niños de cuatro y ustedes se quedaron con el de recién nacidos?”

Y justo esta es una parte importante de la metodología, porque “es una metodología de hermano mayor y hermano menor, y es muy instintiva y muy humana, muy natural. Todos los niños por naturaleza son cooperativos. Cuando se va dando la adolescencia y cuando llegan a la etapa adulta es cuando somos una cosa horrible, pero naces siendo cooperativo, naces teniendo esa capacidad de ayudar, de ser solidario”

Así es que en estas orquestas, un niño que ya tiene 7 años pero que lleva tres años en la orquesta, puede convertirse en el “hermano mayor” de otro que acaba de ingresar aunque este tenga 10 años. Se conocen como “monitores”, y sin importar la edad, ayudan a otros de los integrantes de nuevo ingreso.

“Promovemos el cero ego, porque tu puedes aprender de todos. Es aprender a aprender para poder aprender a enseñar.  De esa forma puedes sentar en los atriles al “hermano mayor” con el” hermano menor”, que es en cuestión de nivel de desarrollo musical, entonces se ayudan los unos a los otros. Todos los niños aprenden por imitación, por lo tanto ¿Cómo aprenderías más rápido? ¿imitando al otro que también se está peleando con el violín o imitando al que ya más o menos lo domina? Está más fácil imitar a uno que lo hace bien

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM)

Natalia cuenta que paralelamente trabajan en un programa llamado «formando formadores», en el cual «los que ya aprendieron a aprender, ahora van aprender a enseñar.  Y ya van a tener más herramientas para hacerlo”, aunque explica que esto también se da de manera intuitiva, pues muchas veces cuando les piden a los niños y jóvenes que ayuden a sus compañeros, ellos suelen estar muy gustosos de hacerlo:

“Lo hacen con mucho gusto y te das cuenta que empiezan a funcionar verdaderamente como una familia en armonía, una familia funcional”, y agrega que “en general es una dinámica muy bonita la que se vive y se observa, porque puedes ver que niños con edades o etapas de desarrollo totalmente distintas en cuanto su desarrollo cognitivo, motor y demás, puede coexistir en una misma micro sociedad y generar un resultado entre todos”.

Un nuevo modelo de educación musical

Pero trabajar con tantas agrupaciones, atender a tantos niños y jóvenes en todo el país, y además con tan distintos nivles, requiere de un modelo que permita que dicho trabajo funcione de manera adecuada.

Natalia tiene la convicción de que “el arte te acerca también a esa capacidad de sociabilizar desde una perspectiva armoniosa, pacífica, cooperativa, justa y sobre todo, a admirar no solo en la naturaleza y en lo que se crea, si no en el otro. Es una capacidad que permite verte a ti mismo a través de verte reflejado en el otro”.

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM)

Para ello, se ha generado una metodología muy específica, que se basa en tomar los elementos básicos de la música e irlos ligando a esta clasificación de valores para enfocarse en alguno en específico. Así, el objetivo es principalmente desarrollar un valor que se va a ir desarrollando a través de la música. 

Se trata entonces de un aprendizaje musical comunitario, pero que también se fija en que los niños y jóvenes que forman parte de este programa tengan un desarrollo “emocional, humano, y de sus capacidades sociales. Finalmente, eso es en lo que nos basamos en el modelo educativo que se generó de Educación Musical Comunitaria, que está basado en muchísima experimentación, mucha investigación, pero sobre todo en buscar innovación educativa”.

Sobre este modelo, profundizaremos en la siguiente parte de la entrevista…

Referencias.

Sistema Nacional de Fomento Musical SNFM, (2019a, 6 de mayo) Acerca del SNFM. Recuperado el 8 de junio de 2019, de https://snfm.cultura.gob.mx/agrupaciones_comunitarias/

Sistema Nacional de Fomento Musical SNFM, (2019b, 7 de mayo) Acerca del SNFM. Recuperado el 8 de junio de 2019, de https://snfm.cultura.gob.mx/acerca_de_snfm/

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Qué retomar de los paradigmas educativos existentes para crear uno propio: una aproximación a mi propio modelo.

Este texto fue escrito en 2014 para el Módulo de Psicopedagogía de la Maestría en Comunicación y Tecnologías Educativas del ILCE, en el retomo algunos aspectos de los paradigmas educativos existentes, para generar un propio con algunas de mis ideas sobre educación.

Por Emiliano Leal Sorriente


Introducción

Plantear un modelo educativo, sin duda no es cosa fácil, sin embargo si comenzamos retomando algunos de los postulados de las corrientes más importantes de la educación y las adaptamos a los nuevos tiempos, se puede obtener un principio que nos puede servir para continuar en la generación de ideas de cómo debería ser un modelo educativo actual.

Hoy, nos enfrentamos a un mundo totalmente distinto y que se encuentra en constante cambio. Contamos con herramientas tecnológicas que, sin duda alguna, han facilitado la vida de la humanidad, la comunicación se ha estrechado y el acceso a la información se ha vuelto mucho más sencillo.

Y sin embargo, pareciera que la educación, en algunos casos, sigue estancada. Las aulas, por ejemplo, siguen siendo exactamente iguales que hace siglos. Los profesores siguen impartiendo clases de la misma manera que hace 30 años y la mayoría de las instituciones educativas, siguen manejando el mismo esquema, mientras que los alumnos, que son hoy sumamente distintos a los de tiempo atrás, sienten que ir a la escuela es una pérdida de tiempo.

Debemos enfrentar el hecho de que es tiempo de cambiar, de generar nuevas formas de educar y también nuevas formas de aprender, perder el miedo a transitar por nuevos caminos y así lograr una enseñanza integral acorde a nuestros días.

Lo que aquí se plantea es una serie de ideas, muchas de ellas retomadas de modelos educativos vigentes, para que comencemos una discusión en torno a cómo debemos educar a nuestros alumnos para los nuevos tiempos. Es difícil plantear todo en este proyecto, y aún hace falta profundizar en algunas temas, pero se plantea ser un inicio.

Descripción de mi modelo educativo

Sin duda alguna, la base del modelo educativo que planteo, se encuentra en el constructivismo y en el humanismo, y es que considero que una de las formas más efectivas de llegar a un aprendizaje real, está en el descubrimiento de los conocimientos, el autoaprendizaje, y la figura de un facilitador, más que un maestro o profesor.

Coincido plenamente con lo que plantea Ferreiro (2007), en que un esquema adecuado es en el que permitimos al alumno “descubrir y construir su conocimiento“, así “la búsqueda, la hipotetización, la fantasía y hasta el error tienen implicaciones pedagógicas importantes para aprender, y lo que es más importante, para desarrollarse” (p. 25).

Y es que justamente aquí es donde yo planteo algo importante, en la actualidad, con la cantidad de conocimientos que hay disponibles, quizá nuestra preocupación deba ser enseñar a aprender (idea que retomo del paradigma cognitivo), a investigar, a indagar, a obtener fuentes confiables, y que las personas sean capaces de recurrir a la información, y más aún, al autoaprendizaje según se requiera.

¿De qué nos sirve que un estudiante sepa de memorias fechas, formulas químicas o matemáticas, tablas periódicas, si no sabe para que le servirán? Debemos mejor, enfocarnos, en que ellos conforme vayan avanzando en su desarrollo y vayan definiendo lo que quieren hacer en la vida, tomen las herramientas necesarias, logren procesarlas con éxito, y así convertirlas en información y en conocimiento.

En este sentido el aprendizaje por descubrimiento planteado por Jerome Bruner, creo que puede ser de utilidad, pues tal como señala García (s/f):

“Desde el punto de vista de la enseñanza, los contenidos que se han de aprender deben ser percibidos por el alumno como un conjunto de problemas, relaciones y lagunas que se han de resolver. El ambiente necesario para que se dé un aprendizaje por descubrimiento debe presentar al educando alternativas para que perciba relaciones y similitudes entre los contenidos a aprender”. (p.5)

Otro termino que retomo del constructivismo, es el de el “aprendizaje significativo”, planteado por David Ausbel, y que desde mi punto de vista es uno de los mejores aportes al modelo educativo. Aprender a través de experiencias que realmente tengan una significación importante, es una manera de asegurar que esos conocimientos permanecerán y no se diluirán a través del tiempo. A muchos de nosotros nos tocó estudiar memorizando partes de libros, de apuntes, y todos eso nos funcionó para obtener una buena calificación en un examen, pero hoy quizá no recordemos algunas de esas cosas memorizadas. Se podría decir que hasta perdimos un poco el tiempo en eso, pues debido a que no es un aprendizaje significativo, se diluye en el tiempo fácilmente.

Y es que desde mi perspectiva, no hay mejor manera de enseñar, que haciendo. Pongamos un ejemplo un poco más cotidiano. Una de mis pasiones es andar en bicicleta y estoy dispuesto a enseñarle a cualquiera que no sepa utilizar una. Si bien es cierto que hay conceptos teóricos básicos (como en todo, hay que explicar por ejemplo el uso adecuado de frenos, de conducción, etc.) no puedo enseñarle a nadie únicamente con un pizarrón, necesariamente deberá subirse a la bicicleta. Aquella persona que haya aprendido a andar en bicicleta sólo con una explicación de pizarrón, seguramente fracasará en el primer intento.

Así entonces, un ambiente de aprendizaje que permita que los mismos estudiantes aprendan a través del descubrimiento, del error, y de su interacción con el mundo, es fundamental, además deberá estar apoyado por un aprendizaje colectivo. Recordemos que una de las competencias más solicitadas para el siglo XXI tiene que ver justamente con la capacidad de realizar trabajos colaborativos.

Y aquí me gustaría retomar algo más del paradigma humanista, relacionado a que los programas educativos deben comenzar a ser más flexibles y adaptables, es decir, deben permitir que estos se puedan reenfocar según el contexto social y cultural, por lo que no puede existir un currículo educativo que no permita una ruta de aprendizaje que pueda ser contextualizada, y mucho menos, que no pueda ser aprendida de manera colaborativa.

Como hemos visto, aquí entra en juego también el paradigma socio cultural, pues algo importante que debe existir, es que el aprendizaje de nuestros alumnos debe estar enmarcado en un contexto social y cultural, para que de esta manera pueda resultar eficaz. Y es que es importante recalcar que tal como lo señala Hernández (1998) “El alumno debe ser visto como un ente social, protagonista y producto de las múltiples interacciones sociales en que se ve involucrado a lo largo de su vida escolar y extraescolar”.

Aquí retomo algo del conductismo, el estímulo-respuesta, pero no aplicado a que se genere un aprendizaje por éste hecho de manera directa, al contrario, me refiero a la solución de casos, por ejemplo. Es una forma de estimular al alumno para se enfrente ante una situación, reflexione sobre el mismo, y al final genere a través de la reflexión, una solución a lo que se plantea. Aquí también entra en juego el paradigma humanista, pues los estudiantes deberán decidir, en plena libertad, cómo llegar a una solución a la problemática que se presenta.

Por ultimo, algo que creo que es importante señalar y que no se ha tocado hasta el momento, tiene que ver con los ambientes de aprendizaje, es momento de que comencemos a pensar en salones distintos, innovadores, que faciliten la educación del alumnado y que eliminen la jerarquización entre alumnos y profesor.

Perfil y función del maestro

En mi modelo educativo ideal, el maestro debe ser más bien una persona que facilite la interacción entre el conocimiento y el alumno, un guía que permita, a través de preguntas, quizá algunas sugerencias y entrega de cierta información, que sea el mismo alumno el que vaya llegando a su descubrimiento.

Más que un profesor que “profese”, mi visión es que el maestro debe orientar a los alumnos para que ellos mismos vayan definiendo su ruta de aprendizaje, y adquieran los conocimientos casi de manera autónoma. La idea es que sea una educación centrada en el alumno, y que también esté orientada a la autorrealización de los alumnos, concepto señalado por Carls Rogers.

Pero siguiendo la misma línea humanista, el maestro debe buscar cuáles son las potencialidades, los intereses, y los gustos de cada uno de los alumnos para así poder explotarlos al máximo. Por eso me identifico más con la concepción que el maestro debe ser un “facilitador de la capacidad potencial de autorrealización de los alumnos. Sus esfuerzos didácticos deben estar encaminados con la finalidad de lograr que las actividades de los alumnos sean autodirigidas fomentando el autoaprendizaje y la creatividad” (Rogers, 1978, citado en Hernández, 2008).

Aquí quisiera ligarlo también nuevamente con el paradigma cognitivo, que postula que es muy importante que los estudiantes aprendan a aprender, ese proceso les ayudará a continuar obteniendo conocimientos de manera autónoma.

Papel del alumno

En cuanto al papel que juega el alumno, quizá una de mis mayores coincidencias se encuentra en el paradigma humanista, pues creo que el alumno debe ser visto como un ente único y totalmente distinto a los demás: “los alumnos son entes individuales completamente únicos y diferentes de los demás, y se tiene la firme convicción de que al finalizar la experiencia académica esta singularidad de los educandos como personas será respetada y aún potenciada” (Hamachek, 1987, citado en Hernández, 2008).

Por otro lado, el alumno debe dejar de ser visto como un producto. Creo que gran parte de la visión de la revolución industrial aplicada a la educación, es que se ve a los alumnos como un producto para un fin específico. Por ejemplo, pensamos que sean “productivos”, que “generen ingreso”, que “estudien algo que tenga futuro”, pero no pensamos en algo que es mucho más importante, que deben estudar sólo para una cosa: ser felices.

Es triste ver a alumnos que han soñado con estudiar una carrera relacionada a las artes (señalo esto por ser algunos de los casos más comunes que me he encontrado) estudiando derecho o medicina, porque según los estándares de la sociedad, o de sus padres, esa es la carrera que deben estudiar si quieren ser “exitosos”, por supuesto en una muy mala concepción de dicho término.

Es así que entonces, el alumno debe de ser visto como un ser humano, y no como una máquina que el día de mañana será capaz de ganar un 80% de los juicios o de operar a 10 pacientes en un día. Y no quiero con esto criticar las carreras de derecho o medicina, únicamente las pongo como ejemplo de lo que la sociedad considera que es exitoso, sin embargo, alguien que hace arte es tan importante para la sociedad como quién defiende los derechos de los trabajadores o salva al mundo de enfermedades.

Tipo de evaluación

La evaluación es uno de los temas que más me preocupa en los actuales modelos educativos. Desde mi perspectiva, la evaluación tradicional numérica (o que en algunas ocasiones es modificada y cambiada por Muy Bien, Bien, Regular, Insuficiente y otras categorizaciones similares), ha dejado de ser funcional.

Creo que la evaluación, como tal, debe ser parte del proceso de aprendizaje, es decir, debe ser una instancia más en donde incluso podamos fijar los conocimientos, hacer consciente al alumno sobre lo que ha aprendido, y ayudarlo en la búsqueda de más conocimientos si considera que es necesario ahondar en un tema.

El punto con la evaluación clásica, que se basa en un número, es que de alguna manera estigmatiza a los alumnos “Ese es un alumno de diez, o de ocho” o “Es un alumno excelente, bueno, regular”. Y en este sentido, quizá deberíamos modificar eso, para que la evaluación sea real y le de algún tipo de retroalimentación importante al alumno.

Digo esto porque he visto cientos de veces a alumnos persiguiendo a profesores por un punto más para sacar el diez, o preguntar ¿Saqué diez? Se ha vuelto una esquizofrénica búsqueda por obtener el numero mayor, como si se tratara de un sorteo de lotería.

Es por eso que le apuesto a dos cosas fundamentales, a la autoevaluación y a la reflexión sobre el proceso de aprendizaje.

Y es que creo que una de las mejores competencias que les podemos dar a los alumnos hoy en día, es la capacidad de autoevaluarse frente a sus procesos de aprendizaje, pero también frente a la vida misma, en donde la reflexión también juega un papel sumamente importante.

La autoevaluación esta bien fundamentada en el paradigma humanista, y ofrece varias opciones para que los facilitadores pueden tomar una elección, tal como lo señala Hernández (2008):

“Según Patterson (1982), la autoevaluación puede hacerse mediante una evaluación escrita,  calificarse a sí mismo, demostrar si se ha cumplido un contrato, discutiendo con otros  compañeros, análisis mutuo con el profesor, etc. Los criterios que siguen los alumnos para  la autoevaluación suelen ser muy diferentes en cada ocasión”.

Si bien es cierto que hablar de autoevaluación, no es fácil para los profesores, y tampoco para los alumnos, creo que es importante comenzar a plantear esta técnica con el fin de obtener personas que puedan ser más críticas con respecto al trabajo o las labores que desarrollan.

Y es que la autoevaluación, trae consigo una serie de beneficios para los estudiantes, como lo señala Ortiz (2007):

“La autoevaluación no constituye, única y exclusivamente, un proceso introspectivo para lograr los aprendizajes, sino también, y sobre todo, es una estrategia continua de consolidación de habilidades, saberes y actitudes surgidas dentro y fuera del sistema educativo. Las mismas serán aplicadas para conformar y orientar la autonomía del estudiante a fin de mejorar sus procesos cognoscitivos, fortalecer y ampliar sus expectativas y ejecuciones, basándose en la presentación individual de los resultados, tratando de incidir positivamente en su autoestima, eficacia y motivación, de manera que continúe adquiriendo conocimientos más elevados. Si queremos formar personas comprometidas con el desarrollo de su comunidad, competitivas en el ámbito internacional y con la habilidad del autoaprendizaje, es necesario cambiar la estructura de la labor educativa a una que se centre en el aprendizaje y no en la enseñanza”.

Conclusiones

Creo que es importante que nos detengamos un momento a pensar si la educación actual está cumpliendo con las necesidades que se requieren para el mundo actual y futuro. Porque lo que se necesita hoy y especialmente en el futuro, es que las personas resuelvan problemas y ofrezcan soluciones con creatividad. Hoy ya no tenemos un problema de acceso a la información, esa está presente en todos lados, lo que necesitamos ahora es enseñar a cómo utilizar esa información para convertirla en conocimiento y así promover una humanidad más próspera.

Necesitamos revisar, hasta qué punto, la educación como la hemos venido manejando, genera personas que se sienten felices con las actividades que desarrollan, pero también, que puedan y sepan generar su propias oportunidades, que cuenten con un espíritu emprendedor.

La educación es una herramienta muy importante para cambiar el mundo, para hacer del lugar en el que vivimos, un lugar mucho más amable, más sano. En especial, los momentos difíciles en cuanto a violencia e inseguridad que vivimos hoy en día, requieren que la educación tome un partido más activo, de manera que en el futuro se genere una sociedad mucho más colaboradora, más sana, y con mayores oportunidades para la población en general.

Desde mi perspectiva, así como estamos manejando la educación, únicamente seguimos replicando modelos que ya no están siendo funcionales, y que se han transformado incluso, en algunos casos, en los mismos generadores de problemas que estamos viendo diariamente en la sociedad.

Referencias

Ferrero, R. (2007) Estrategia didácticas del Aprendizaje Cooperativo; el constructivismo social, una nueva forma de ensenar y aprender. México. Trillas.

Hernández, G. (1998). Paradigmas en psicología de la educación. México: Paidos.

Ortiz, E. (2007). La autoevaluación estudiantil: una práctica olvidada. Cuaderno de Investigación en la Educación, 22, 107-119. Recuperado el 2 de noviembre, de http://cie.uprrp.edu/cuaderno/ediciones/22/06.html

García, J.L. ¿Qué es el paradigma humanista en la educación?  Recuperado el 27 de octubre de 2014, de http://www.riial.org/espacios/educom/educom_tall1ph.pdf

Fuente de imágenes:

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Cómo citar este artículo en formato APA:

Leal, Emiliano (2019, 20 de enero). Qué retomar de los paradigmas educativos existentes para crear uno propio: una aproximación a mi propio modelo. Mi rincón de aprendizaje. Recuperado de: https://mirincondeaprendizaje.com/blog/una-aproximacion-a-mi-propio-modelo-educativo/