Categoría: Ensayos

Educación popular y ética docente

En esta colaboración, el filósofo Mauricio Dimeo, hace una crítica desde la mirada de la ética docente a los modelos educativos Constructivista y Basado en competencias, contrastándolos con el modelo de Educación Popular propuesto por el brasileño Paulo Freire.

Capellano, Luiz Carlos (2013)

Por Mauricio Dimeo Coria

Introducción

En la sociedad actual pareciera que todo el mundo está en contra de la educación, muchos estudiantes detestan ir a la escuela, hay profesores que van con  desgano  a dar clases (si no es que estafan o acosan al  estudiantado), muchos administradores de la educación  sólo se preocupan por escalar puestos, los contadores y dueños de empresas de educación sólo buscan la ganancia económica, hay padres de familia que sólo ven guarderías en vez de escuelas. Eso sin mencionar que la educación es cada vez más deficiente, debido a su mercantilización y al escaso acceso para la mayoría de la población que está sumergida en la pobreza.

Ante esto cabe preguntarse, ¿es posible transformar la educación? ¿Existe alguna guía para superar este estado de farsa educativa? La propuesta a la que me sumo es la educación popular. En este escrito buscaré contrastar algunos métodos de educación vigentes con la propuesta de la educación popular, así como dar una propuesta de ética docente y de sentido de vida.

1. Educación por competencias

Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz.
La gente educa para la competencia y la competencia es el principio de cualquier guerra

Pablo Lipnizky

Bajo un discurso de formar estudiantes competentes para saber hacer, saber conocer y saber valorar, la educación por competencias tiene por objetivo que el aprendizaje se ajuste a las exigencias laborales, “En esta concepción educativa corresponde a maestros y estudiantes acoplarse a esas exigencias: el ser humano es un ‘animal laboral’ que debe desarrollar sus competencias para serle útil al productor” (Galindo, 2013).

En otras palabras, pese a que la educación por competencias pretende abarcar gran parte de las competencias humanas: la lingüística, la matemática, la artística, la ciudadana y la pedagógica entre otras; todas ellas son reducidas unilateralmente a la competencia laboral. Incluso si esta última competencia fuera fruto de realización personal, donde el trabajador pudiera desarrollarse integralmente y beneficiar a su entorno, la educación por competencias sería rescatable, pero esto no es así, dado que el objetivo que subyace a la educación por competencias es moldear al estudiante para que salga apto para el campo laboral, donde la mayoría se ve obligada a trabajar en largas jornadas, con un gran desgaste físico o intelectual, en detrimento de su salud y de su tiempo libre, con bajos salarios, pocas prestaciones y una endeble estabilidad laboral.

Pixabay.com (2019)

En pocas palabras, la educación por competencias está diseñada en favor de los empresarios para forjar trabajadores dóciles que generen mucha riqueza, pero no exijan que les sea retribuida. Donde los más competentes sean los más productivos, los que abandonen sus sueños y aspiraciones en beneficio de las empresas y consuman sus vidas, energías y juventudes bajo el yugo de la jornada laboral. Que se sientan ajenos a sus compañeros trabajadores y sólo los vean como rivales más o menos “competentes” que ellos, luchando por un aumento o un ascenso, en un sistema piramidal donde sólo unos cuantos pueden alcanzar una vida digna.

En consecuencia, la educación por competencias nos prepara para la guerra, pero no sólo a un nivel bélico, sino que propicia competir a toda costa, sin importar cuántos se queden sin alimento, sin salud, sin educación, sin empleo o sin techo, pues las empresas compiten entre sí para generar ganancias ante todo.

2. Constructivismo

El constructivismo pedagógico no sólo es falso. También es perjudicial a causa de que niega la verdad objetiva, elimina la crítica y el debate y hace prescindibles a los docentes.

Mario Bunge

El constructivismo sostiene que a partir de los conocimientos previos de los educandos, el docente guía para que los estudiantes logren construir conocimientos nuevos y significativos, siendo ellos los actores principales de su propio aprendizaje. Esto es preferible comparado con la educación por competencias, dado que el objetivo de la educación ya no sería forjar individuos meramente  aptos para el mercado laboral, sino que propicia seres humanos integrales y autónomos que aprendan por sí mismos.

Esta metodología representa un gran avance, pues se rompe con el esquema vertical en donde el docente tiene toda la verdad y los “alumnos” (etimológicamente: sin luz) reciben pasivamente el conocimiento. Además, retoma la propuesta de Kant, de que el sujeto no conoce a partir de cero, sino de ciertas estructuras mentales que poseemos de antemano. Es decir, el constructivismo acierta en el sentido de que el aprendizaje es un elemento emergente, producto del contexto y del educando en su interacción con el medio.

Pixabay.com (2015)

Sin embargo, uno de los efectos contraproducentes del constructivismo es que minimiza el papel del docente a un simple facilitador, donde puede perder su carácter de ejemplo a seguir, debido a que su función es mediatizada por la presunta autoconstrucción en los estudiantes.

Además, darle toda la libertad a los estudiantes para que aprendan por sí mismos puede resultar contraproducente, por no decir anárquico, dado que cada estudiante aprenderá lo que crea mejor bajo su criterio y difícilmente adquirirán el rigor metodológico que requieren las ciencias para alcanzar objetividad, lo que minimizará el debate y la crítica, dado que todas las posturas serán “igualmente válidas” bajo la construcción pedagógica de cada estudiante.

Por último, los estudiantes no construyen su propio conocimiento al margen de su contexto histórico, por lo que su aparente autonomía reproducirá los valores imperantes en la sociedad actual, tales como el consumismo, el individualismo y la competitividad rapaz. De modo que el constructivismo presume autodidactismo, pero produce estudiantes acríticos y repetidores del sistema.

3. Educación popular

La neutralidad frente al mundo, frente a lo histórico, frente a los valores, refleja simplemente el miedo que tiene uno de revelar su compromiso. Este miedo, casi siempre, resulta del hecho de que se dicen neutros están “comprometidos” contra los hombres, contra su humanización.

Paulo Freire

La educación popular puede definirse como un enfoque que entiende la educación como un proceso participativo y transformador, en el que el aprendizaje y la conceptualización se basan en la experiencia práctica de las propias personas y grupos. Las características más importantes de la educación popular son: crítica de la realidad social, propósito de emancipación, sujeto popular  como actor, concientización y práctica organizativa, las cuales explicaremos en adelante.

a) crítica de la realidad social.

Pareciera ser que la educación y la política son ámbitos totalmente distintos, que un educador puede no saber de política o no posicionarse políticamente y ser un buen educador, pero esto es una ingenuidad. Quien no se posiciona políticamente es cómplice de un sistema social excluyente donde la vida digna sólo es alcanzable para una minoría. Por el contrario, sostener una posición política clara y bien fundamentada, permite al docente brindar una educación integral que esté comprometida con su contexto histórico y propicie la reflexión crítica en los estudiantes. Muchos están en favor de una educación crítica, pero pocos llevan esta apuesta hasta sus últimas consecuencias pedagógicas y políticas.

Wikimedia Commons (2015)

b) propósito de emancipación.

De nada sirve ser críticos pedagógica o políticamente hablando, si no se busca una propuesta concreta de práctica liberadora. Es decir, la educación popular parte de una crítica para que los educandos adquieran herramientas que los emancipen de la desigualdad, la injusticia o la exclusión.

c) sujeto popular como actor.

Como su nombre lo dice, la educación popular no se dirige a las élites, sino al pueblo, a los desposeídos, excluidos y oprimidos, dado que no podemos presumir de grandes avances en la educación, de grandes teorías pedagógicas o de majestuosas universidades a nivel mundial, mientras la mayor parte de la población es excluida sistemáticamente de la educación.

d) concientización.

Para la educación popular no basta con aprender conocimientos o con saber aplicarlos, sino que busca que tomemos conciencia de las relaciones sociales y del contexto histórico en el que vivimos, es decir, la labor de la educación popular es despertar nuestra inquietud por conocer el papel que jugamos en el entorno, donde la mayor parte de la población vive en la precariedad.

e) práctica organizativa.

Si en el mundo unos cuantos controlan la riqueza y el poder, es porque están organizados, de modo que el mejor contrapeso de los desposeídos debe partir de la organización. Es por eso que la educación popular propicia y educa para que el pueblo aprenda a organizarse, pero no de un modo llanamente verticalista como los poderosos, sino de un modo democrático donde los dirigentes respondan y obedezcan al pueblo. En ese sentido, la educación debe romper con el individualismo y forjar educandos con espíritu de colectividad, pues sólo de ese modo es posible actuar en conjunto sin caer en un excesivo verticalismo u horizontalidad.

En resumen, la educación debe ser crítica, propositiva, popular, concientizadora y organizativa, dado que esas son las herramientas que requerimos para incidir en la realidad social y construir una sociedad justa en lo económico, político y cultural. Contrario a la educación por competencias que se somete al sistema y la pedagogía constructivista que carece de una propuesta de transformación social.

4. Ética docente y relaciones de poder.

Una vez analizados algunos de los principales métodos pedagógicos, veamos sus implicaciones sociales. Partiremos de que toda relación humana implica una relación de poder, es decir, nuestra posición social, económica o académica condiciona el modo en que nos relacionamos con los demás. En tal sentido, no basta con asumir una ética docente despolitizada, dado que la docencia constituye una relación de poder que influye en el aprendizaje. La educación por competencias aplica este poder de modo vertical, imponiendo a los docentes y estudiantes lo que le exija el mercado. La pedagogía constructivista distorsiona la relación de poder minimizando la labor docente y dejando el campo demasiado abierto para los estudiantes. En contraste, la educación popular concientiza a docentes y estudiantes en las relaciones de poder que juegan, buscando equilibrarlas y ubicándolas dentro de su contexto histórico, lo que trae las siguientes consecuencias. En la sociedad actual es muy frecuente el caso de soborno o acoso sexual en la práctica docente, lo que muchas veces implica la complicidad de las autoridades. En vez de rasgarnos las vestiduras, tenemos el deber de criticar a fondo dicho problema.

Pixabay.com (2016)

Bajo la perspectiva de la educación por competencias, donde lo que importa es forjar estudiantes aptos para el mercado laboral, acríticos y prescindibles, no debería sorprendernos que se den casos de soborno, dado que los estudiantes han sido formados bajo los valores de la oferta y la demanda económica, donde deben subir a toda costa por un sistema de empleo piramidal y donde sólo unos cuantos pueden disfrutar de una vida digna. Sobornar no es para ellos una excepción a su formación, sino la norma, dado que simplemente están reproduciendo un sistema social donde los valores humanos son subordinados a los valores económicos. En el mercado laboral esto es muy claro, pues los trabajadores están sometidos a la oferta y demanda de empleo, sin importar que no tengan qué comer cada día. Por otra parte, tampoco debería sorprendernos que los docentes abusen sexualmente del estudiantado, dado que la educación por competencias propicia una visión de la educación como mercancía, donde en el peor de los casos el docente ve al estudiantado como una mercancía sexual intercambiable por calificaciones. Lo cual sólo muestra cuán empobrecida es la vida privada de dicho docente, que no es capaz de construir su vida sexual sin una subordinación de por medio.

Bajo la perspectiva de la pedagogía constructivista, no es posible tomar una postura crítica ante el soborno o el acoso, dado que el estudiante es quien tiene que decidir, bajo la construcción que haga él mismo del fenómeno, si éstos son repudiables o aceptables. Y como el docente es un mero facilitador de aprendizaje, no posee la autoridad suficiente para sancionar el soborno o asumirse plenamente responsable del acoso. Lo que deja abierta la puerta para que el estudiantado vea bien el soborno o se someta al acoso, pero no porque él mismo lo haya decidido, sino porque está condicionado por su contexto histórico, donde la corrupción es lo imperante, la legitimidad es tan sólo una pantalla y la sexualidad suele ser moneda de cambio en el mundo laboral.

Por el contrario, bajo la perspectiva de la educación popular, el docente hace explícitas las relaciones de poder, de modo que muestre a los estudiantes que utilizar el dinero o el acoso sexual va en detrimento de su integridad, pues implica que reproduzcan las relaciones sociales que propician la marginación, el abuso de poder y la misoginia. De modo que el educador popular no sólo rechazaría cualquier tipo de soborno, o evitaría cualquier tipo de acoso, sino que buscará generar las condiciones pedagógicas para que los estudiantes comprendan la importancia de la integridad y la honestidad, como valores fundamentales para una vida digna. La mayor responsabilidad en un acoso o un soborno la tiene el docente, pues es quien tiene mayor poder y autoridad en relación con el estudiantado. Otra parte de la responsabilidad la comparte la sociedad, por propiciar un contexto favorable a la corrupción y otro tanto la institución académica, ya sea por negligencia en sus criterios de contratación o por brindar precariedad laboral al docente, lo que explica (aunque no justifica) su necesidad de dinero extra. En ese sentido, el acoso o el soborno son igualmente graves sin importar el género o la preferencia sexual, tanto de docentes como de estudiantes, dado que lo que está en juego no es una relación equitativa, sino un abuso de poder, por lo que el docente es totalmente responsable sin importar la promiscuidad o corrupción del estudiantado. Dado que el docente no es sólo un “prestador de servicios” como pretende la educación por competencias o un “facilitador” como propone la pedagogía constructivista, sino un ejemplo de vida como sugiere la educación popular, de modo que tiene la responsabilidad de hacer consciencia de su relación de poder y concientizar a los estudiantes para que se den cuenta de que el soborno y el acoso sólo reproducen relaciones de subordinación, y propician una visión de la educación y de la sexualidad como mera mercancía.

Conclusión

Ser un buen docente es mucho más que saber pedagogía o tener ética, dado que requiere un profundo compromiso con el estudiantado y con el pueblo. En tal sentido, la labor docente sólo es congruente cuando se tiene una posición política clara y se es crítico con el sistema, pues de otro modo se es cómplice de una sociedad injusta y excluyente, y de una educación mercantil que propicia abusos de poder como el acoso y el soborno. El docente tiene el deber de ser un ejemplo de vida para el estudiantado, pues sólo así propiciará valores como la justicia, la integridad y el amor por el conocimiento.

Articulo publicado originalmente en: https://maudimeo3.wordpress.com/2014/01/09/educacion-popular-y-etica-docente/

Bibliografía

Comité Cerezo, La Educación Popular hoy; ni dogmática, ni abierta. http://comitecerezo.org/spip.php?article1434 Consulta: 6 de enero de 2014.

Galindo, Carmen. La reforma educativa, empleados a la medida. http://www.siempre.com.mx/2013/09/la-reforma-educativa/ Consulta: 6 de enero de 2014.

Ramírez Toledo, Antonio. El constructivismo pedagógico. http://ww2.educarchile.cl/UserFiles/P0001/File/El%20Constructivismo%20Pedag%C3%B3gico.pdf Consulta: 6 de enero de 2014.

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La escuela tiene que enseñar a dialogar y reflexionar.

Por Emiliano Leal Sorriente

Pixabay.com (2019)

Este tema es tan importante como amplio y tan urgente como temido. Hoy hablar de diálogo y pensamiento en la escuela debería ser una prioridad. Una escuela que no trabaje estos temas con sus alumnos, los estará privando de importantes habilidades para convivir en la sociedad actual.

Un lugar fundamental en donde deberían existir la reflexión y al diálogo, es la escuela. Y aunque esto debería parecer una obviedad, en realidad no lo es, y tampoco ha sido algo que se trabaje en muchos de los centros educativos. Esto no es raro si entendemos que el sistema educativo actual no fue diseñado para estimular la reflexión y el diálogo, sino todo lo contrario.

En la propuesta de escuela generada a partir de la revolución industrial, vemos que la educación se convirtió en un espacio diseñado para un motivo específico: crear personas acordes a las necesidades de la industria, desde obreros hasta directores de empresas, tal como si fueran parte de la misma cadena de producción de una fábrica.

En este contexto la escuela estaba diseñada para obedecer, ese era el fin. Se enseñaba a seguir instrucciones precisas, se indicaba cómo vestirse, como peinarse, qué decir, qué no decir, cómo reaccionar, qué aprender y, por supuesto, qué pensar y cómo comportarse. Todo para no incomodar al sistema originado a partir de la revolución industrial.

Pixabay.com (2017)

Poco o nada se hablaba del diálogo, de la reflexión y de disentir. Incluso, el no estar de acuerdo con algo era visto como un acto de rebeldía. Hoy también conocemos esto como el modelo tradicional de educación, que en muchos casos ha sido replicado por la educación pública en muchos países de américa latina.

El diálogo como eje de la escuela.

El diálogo es una de las cosas maravillosas que podemos trabajar en la escuela y que tendrá infinidad de beneficios para los estudiantes. Dialogar significa desarrollar el pensamiento crítico, lo que lleva a la reflexión, la estructuración de ideas, la escucha y el respeto a las ideas de los demás, o por lo menos así debería ser.

Los recientes cambios sociales requieren que la escuela también transforme este paradigma y se convierta en un espacio donde la democracia, el diálogo y la reflexión tengan cabida. Pero además deberán fomentar la democracia a través de la participación, dejando que los estudiantes asuman más responsabilidades incluso en su propio proceso educativo.

Sin embargo, vemos que la sociedad mexicana en especial tiene un serio problema con el diálogo. No sabemos dialogar, no sabemos llegar a acuerdos ni buscar puntos en común desde dónde construir.

Imagen: Secretaria de Educación Pública (2017)

El diálogo en la escuela debería enfocarse en eso. En entender que disentir está bien y que lo importante es comprender la postura del otro, escuchar, y a partir de eso asumir una posición para buscar puntos de acuerdo para en la medida de lo posible lograr construir juntos, lo cual sería lo ideal.

Pero en la mayoría de los casos, no se dialoga. Se busca más bien imponer una idea, esto tiene que ver con lo que ha pasado siempre en la escuela tradicionales. Se impone lo que se tiene que hacer, no se dialoga, no se discute y no se reflexiona.

Paulo Freire (1969) lo plantea muy bien en su libro “La educación como práctica de la libertad”. Ahí expone que el diálogo debe producirse sumando las posturas de los dialogantes, de ese modo se genera una crítica y una comunicación en una relación horizontal. Pero cuando se busca imponer una visión sobre otra, se genera un “antidiálogo” en una relación vertical que no comunica y por lo tanto no genera crítica.

Jóvenes, crítica y diálogo

Entendiendo esto, una de las funciones de la juventud es cuestionar lo establecido. Está en su naturaleza. Ese debería ser el principio del cambio, de buscar nuevas ideas y alternativas. Sin embargo, la escuela en lugar de encauzar esto, se ha enfocado en modelar a los jóvenes para que se vuelvan sumisos.

La disciplina se ha confundido con obedecimiento y no con la formación de habilidades para poder expresar nuestras ideas y nuestros pensamientos. Incluso sería buena idea comenzar a enseñar la disciplina desde el proponer ideas constructivas a partir de las cosas que nos gustaría cambiar.  En pocas palabras, se trata de convertir la queja en propuestas.

Pixabay.com (2019)

Ver por ejemplo a jóvenes participando en todo el mundo para pedir un cambio en las políticas climáticas mundiales, dentro del marco de los «Fridays for future», es algo que probablemente veremos más seguido.

El problema es que muchas veces la escuela critica este actuar, cuando en realidad es parte de la propia expresión de la juventud. Ellos quieren participar en ese diálogo, pero la sociedad no les ha dado los espacios adecuados para hacerlo.

El diálogo en la era de las redes sociales.

Hoy sabemos que las redes sociales juegan un papel muy importante en el escenario actual. Las redes sociales se han convertido en un espacio de conversación en el cual no es fácil establecer una comunicación ni un diálogo (recordemos que no es lo mismo conversar que dialogar). Basta con mirar los comentarios de alguna publicación que genere cierta polémica, predominará la agresión y la intolerancia por sobre los argumentos.

Porque para que exista diálogo, necesariamente tiene que existir una reflexión que permita generar una argumentación. Hoy, la escuela tiene un déficit en ese punto, no está enseñando a argumentar adecuadamente. Pero aún más, para llegar a ello hay que saber escuchar o leer, algo que ya de por sí cuesta bastante, y lo cual tampoco se está reforzando. Porque para esto, se necesita incluso contar con cierta educación emocional.

freepik.com (2017).

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman en una entrevista al diario El País de España (De Querol, 2016) asevera que las redes sociales “son una trampa”, pues se cae en una falsa comunidad:

“En las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu centro de trabajo, y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo”.

El problema del diálogo que se da en las redes sociales, es que es falso, pues “el diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia”.

De ahí que sea tan importante comenzar a hablar de diálogo desde la escuela, pues es fundamental enseñar que cuando no se está de acuerdo con el otro, más que bloquearlo o borrarlo, hay que aprender a empatizar con sus ideas, aunque no estemos de acuerdo. Sólo desde ahí se podrá construir.

Cómo fomentar el diálogo y la reflexión en la escuela

Más allá de lo que implica formar a la ciudadanía en un ambiente democrático, hablar de diálogo y reflexión en la escuela es también fomentar habilidades como el pensamiento crítico, el análisis, la creatividad, la búsqueda de soluciones y la generación de propuestas para mejorar la escuela y el entorno. Pero también es hablar de democracia y participación.

Pixabay.com [2013)

Una escuela democrática y participativa que dialoga y reflexiona, debería trabajar de manera bastante distinta a las escuelas tradicionales. Hablar de escuela democrática y participativa, es también hablar de modelos educativos que se puedan flexibilizar a estos temas. Pero, sobre todo, hablamos de escuchar y fomentar el diálogo de manera natural.

Pero si hablamos de escuelas constructivistas (entendiendo que hay muchas visiones del constructivismo también), humanistas, o alternativas, se vuelve casi imposible pensar que no tengan una visión que fomente la reflexión y el diálogo entre sus alumnos. Sin embargo, aún hay resquemores con respecto a la participación directa del estudiantado en las decisiones de las escuelas.

Así pues, las escuelas tienen que comenzar a trabajar en ambientes más autónomos y libres, escuelas que escuchen, que sean participativa y donde el diálogo sea una oportunidad de crecimiento para todos, donde se puedan generar asambleas, discusiones, espacios para escuchar nuevas propuestas, y por supuesto, donde hablar y opinar sea visto como algo positivo.

La sociedad necesita que generemos hoy más que nunca seres humanos críticos y pensantes, que puedan construir un futuro mejor para todos, y para ello fomentar el diálogo y la reflexión en la escuela será fundamental para lograrlo.

Referencias

Freire, Paulo. (1969) La educación como práctica de la libertad. Siglo XXI Editores: México.

De Querol, Ricardo. (2016, 8 de enero). Zygmunt Bauman: Las redes sociales son una trampa. Diario El País: España. Recuperado el 14 de noviembre de 2019, de: https://elpais.com/cultura/2015/12/30/babelia/1451504427_675885.html

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Es hora de acabar con el salón de clases.

Para la educación del futuro las aulas son totalmente obsoletas. Necesitamos cambiar el paradigma del salón de clases tradicional para pasar a espacios que apoyen y faciliten el aprendizaje. 

Pixabay.com (2017)

Por Emiliano Francisco Leal Sorriente.

Una de los puntos más urgentes que debemos abordar en educación, es el de las aulas. Tradicionalmente los salones de clases siempre han mantenido una estructura específica que no se ha transformado por años, es más, por siglos. Esto debe de cambiar ya.

Actualmente en la mayoría de las escuelas seguimos viendo hileras de alumnos sentados de frente al pizarrón, mirando justo ahí donde estará el maestro dictando clases.

Si queremos poner al alumno en el centro y hacer que sea él quien guíe su propio proceso de aprendizaje, entonces tenemos que comenzar por ponerlos a ellos en el centro, creando espacios de trabajo en donde la jerarquía alumno-profesor pase a segundo plano.

Pixabay.com (2017)

Para ello, será fundamental dejar de pensar en las aulas como hasta ahora se han venido manejando. Esos salones de clases están totalmente obsoletos. Incluso, ya es necesario que diseñemos y exploremos nuevos espacios en donde el aprendizaje de pueda dar de otra manera, con mayor libertad e incluso con mayor naturalidad.

Eliminar las aulas 

Desde mi punto de vista, ya debemos comenzar a eliminar las aulas tal como las conocemos, del proceso educativo. Ahora deberíamos pensar en espacios de trabajo colaborativo, en donde la interacción de los estudiantes se pueda dar de manera natural, e incluso combinados en grados distintos.

Estos espacios deberían tener varios elementos que permitan que el estudiante tenga acceso a distintos recursos según las necesidades que su reto educativo presente, por ejemplo, desde contar con mesas de trabajo hasta espacios para consulta en internet, pasando por sillones o lugares en donde se puedan tirar en el suelo a trabajar. 

Wikimedia Commons (2012)

Hoy, la mayoría de las empresas innovadoras en el mundo cuenta con este tipo de espacios, de donde también han derivado los centros de coworking, también conocidas como oficinas compartidas, que han tenido debido a este esquema. En ellas no hay paredes, suelen tener separaciones con vidrios, cuentan con cafetería, sillones y zonas de relajación que permiten que se de la interacción. En estos centros de coworking se han gestado importantes ideas, y es gracias a que permiten la colaboración.

Generar espacios de este tipo en las escuelas, sin duda puede ser beneficioso, incluso si se mezclan estudiantes de distintos grados, ya que esta colaboración podría propiciar un mejor aprendizaje y también el desarrollo de nuevas ideas, es decir, de mayor creatividad. El modelo Sudbury, por ejemplo, es uno de los pioneros en este esquema de trabajo.

Un centro educativo que también ha trabajado en esta idea y que fue concebido para que sus espacios permitieran generar un aprendizaje distinto, es la escuela finlandesa Saunalathi, pensada sólo con algunas paredes de vidrio y con espacios que permiten desarrollar la creatividad y relajarse.

Verstas (2012)

“La Escuela Saunalahti fue diseñada para integrar un aula no tradicional en la experiencia educativa a fin de generar nuevos modos de aprendizaje en los que se da una gran importancia a la colaboración” (Sayej, 2013).

Lo interesante de esta escuela es que no sólo ha servido para que exista un mejor aprendizaje, si no que también de ha convertido en un espacio de encuentro de la comunidad que habita en los alrededores, donde ha reforzado sus vínculos y ha comenzado a colaborar.

Alternativas de las aulas

Evidentemente no en todas las escuelas se podrán crear espacios nuevos, ya sea por un tema de recursos o por un tema de estructura tradicional. Además, todavía será difícil que una supervisión de alguna institución gubernamental educativa que regule los centros escolares, tolere un cambio en este esquema, pues la mayoría de estas instituciones, por lo menos en América Latina, sigue con un paradigma educativo bastante atrasado e incluso errado de hacia dónde va la educación en el mundo.

Lo que sí podemos hacer es encontrar estrategias para modificar los espacios que tenemos o salir de ellos de alguna manera. En este sentido, presento algunas propuestas que nos permitan explorar distintas formas de trabajo con los estudiantes y que puedan facilitar su aprendizaje.

Así, partiendo desde lo sencillo podemos crear un espacio distinto. «Muchos factores importantes que impactan en los resultados de aprendizaje, se pueden cambiar sin necesidad de gastar mucho y pueden ser reorganizados por maestros y estudiantes, como el acomodo del salón, la elección de materiales de aprendizaje que se exhiben, o el color de las paredes» (Barrer, 2013).

Transformar el aula

Algo fundamental es empezar a transformar el aula, comenzar a crear un espacio que sea amigable con los estudiantes, que también refleje sus gustos e intereses y que permita ser también un espacio de expresión, pero de expresión real, libre y basada en los intereses e inquietudes de los estudiantes.

Pixabay.com (2016)

La mayoría de las veces vemos salones muy sobrios, pintados de colores neutros como café, gris o blanco, y con muy pocos adornos o elementos extras. Tradicionalmente los salones se han mantenido así con el argumento de no «distraer» a los alumnos, aunque más bien creo que ha sido para no estimular su creatividad ni su pensamiento divergente.

Que los estudiantes se apropien de su salón, genera una mejor disposición al espacio, se sentirán más contentos de estar ahí, pero también fomenta la identidad y cohesión del grupo.

Mesas de trabajo

Permitir, por ejemplo, que los estudiantes se integren en mesas de trabajo, agrega un componente de interacción y colaboración que puede facilitar el aprendizaje de manera sustancial. Las mesas de trabajo en grupo, son ideales para que los estudiantes generen aprendizaje de manera colaborativa a través del hacer y la resolución de problemas.

Pixabay.com (2016)

Algo que va a ocurrir, y que es muy importante tener en cuenta, es que estas mesas de trabajo seguramente detonarán una interacción distinta en los alumnos. Recordemos que el aprendizaje entre pares es mucho más eficaz, pero para que ocurra debemos permitir el cuchicheo que genera el diálogo y el intercambio de ideas.

Desde la perspectiva del profesor, este esquema podría generar más ruido y distracción de lo normal, sin embargo, tenemos que tener muy claro que ese ruido y distracción también es parte del aprendizaje, pues en la mayoría de los casos provendrá del trabajo colaborativo que se está generando.

Es muy importante señalar que estas mesas de trabajo solo funcionarán si el maestro diseña actividades específicas para este esquema. Si se pretende dictar una clase de la manera tradicional, este esquema no tendrá sentido y probablemente no veremos la colaboración entre los estudiantes.

Acabar con las filas de bancas

Además de las mesas en equipos de trabajo, los salones pueden ser reacomodados de mil maneras distintas: en herradura, en círculo, en filas encontradas, etc. 

Pixabay.com (2017)

Cómo acomodar el aula también puede depender de las actividades de aprendizaje que se tengan planeadas, pero sin duda lo importante es que el salón no se quede estático, ni los alumnos tampoco. 

El aprendizaje debe moverse dentro del salón, por eso no puede quedar estático. Y para que ello ocurra debemos tratar de que el aula siempre cambie.

Trabajar en otros espacios

Lo ideal sería también comenzar a trabajar en otros espacios, como patios, jardines, salones distintos. Sacar a los estudiantes de su rutina habitual hace que se sientan mayormente motivados y que salgan de la monotonía del salón de clases. Una vez más, que ocurra un aprendizaje exitoso radicará en las actividades que se diseñen para estos nuevos espacios.

Pixabay.com (2013)

Incluso, si el centro educativo lo permite, hasta se podría ir a trabajar un día fuera del colegio, a un lugar cercano como un parque o una biblioteca. Así, también comenzamos a sacar a los estudiantes al mundo y no los dejamos encerrados en un espacio escolar.

Vincularse con la comunidad es fundamental para tener un aprendizaje real. «Estallar la burbuja del aula para que los estudiantes salgan a caminar y cuestionen las realidades que habitan en sus barrios es un ejercicio que transforma las aulas en laboratorios de ideas y soluciones» (Barrantes, 2019).

Conclusión

Transformar el salón de clases, crear nuevos espacios de trabajo, mover el mobiliario de los salones y a los alumnos, hoy debe ser una propuesta presente en todos los centros educativos.

Cómo vemos, hay muchas maneras de trabajar la movilidad del aula, y hay muchas otras que aquí no se mencionan. Pero lo más importante es hacerlo, perderle el miedo a moverse y a movernos junto con los alumnos.

Pixabay.com (2015)

Es verdad que para quienes provienen de modelos educativos tradicionales, y que han estado dando clases bajo ese mismo esquema por muchos años, cambiar no será fácil al principio, pero sin duda será un reto que también transformará al maestro.

Un aula que no se mueve es como una pesada roca que deben cargar los estudiantes todos los días. Un aula que se mueve, es como un río por donde fluye el aprendizaje y las experiencias.

Referencias.

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Los uniformes escolares ¿tienen sentido en la actualidad?

Por Emiliano Leal Sorriente

Estudiantes de México. Imagen: Secretaria de Educación Pública (2017)

Introducción

Los uniformes han acompañado al sistema educativo desde hace siglos. Pero ¿Para qué sirven exactamente? ¿Qué función cumplen dentro del sistema educativo? Esas son algunas de las preguntas que intentaré contestar en este ensayo

La pertinencia de hablar sobre los uniformes escolares hoy, se enmarca dentro del contexto de nuevos modelos educativos que se han comenzado a generar en el sistema educativo, de estrategias alternativas y metodologías innovadoras, que suelen centrarse en el desarrollo individual de las personas, por lo que ¿tendría sentido el uniforme en este contexto?

Además, este ensayo es también complemento de otro que escribí anteriormente: “Uniformes escolares y género: una historia de faldas y pantalones”, en el que hablo sobre el uso de las faldas escolares como un tema que tenemos que revisar desde una perspectiva de género. Por cierto, retomo ese tema aquí también.

Pretendo ser lo más imparcial en este tema, pues respeto que algunas escuelas decidan utilizar uniforme ya que quizá les funciona de alguna manera, sin embargo, creo que es bueno conocer un poco más sobre los uniformes en la escuela, pues es un elemento que está presente en la cultura escolar, y así tratar de señalar de la manera más objetiva posible, las distintas visiones sobre ellos.

Estudiantes de la India. Imagen: Pixabay.com. (2010)

La uniformidad

Pensemos en el significado de la palabra “uniforme”. Es tan común, y la repetimos tanto en los colegios, que perdemos de vista lo que quiere decir. Uniformar significa igualar, no diferenciar, homogeneizar, estandarizar, hacer que todo se vea más o menos parecido.

Creo que en este punto encontramos una de las primeras contradicciones que tiene el uso de uniformes con las nuevas propuestas educativas. La mayoría de los nuevos modelos, metodologías y estrategias, se han comenzado a centran en el estudiante, en su propio proceso de aprendizaje y en sus intereses.

Estudiantes de Belice. Imagen: Pixabay.com (2016)

Así, si el aprendizaje centrado en el estudiante busca que este se desarrolle según sus intereses y aptitudes individuales, pero por otro lado con el uso de uniforme se busca que todos sean iguales, queda claro que entramos en una contradicción. Creo entonces que el uniforme escolar podría ser una práctica de la “vieja escuela” que quizá sería bueno debatir.

Una historia llena de uniformes

El uso de los uniformes en los sistemas educativos, tiene bastantes años y han convivido con la humanidad en distintos procesos históricos. Los uniformes jugaron papeles importantes desde la época colonial hasta la revolución industrial, tal como lo explica Dussel (2007):

“Desde la Colonia, las políticas de uniformación estuvieron vinculadas al disciplinamiento de los cuerpos indóciles, de los cuerpos de aquellos que no eran capaces de autorregularse ni autogobernarse: mujeres, negros, aborígenes, clases pobres, inmigrantes, infancia temprana”. P.143

Estudiantes de Japón. Pixabay.com (2016)

Tal como lo explica la misma autora, durante la Revolución Francesa el uniforme en los niños también jugó un papel importante para la consolidación de la idea de igualdad:

“La Revolución Francesa la que estableció una equivalencia entre uniformidad, homogeneidad y democracia, e hizo de ello el símbolo de la igualdad plebeya. Los uniformes utópicos de los niños de la Revolución Francesa enfatizaron la producción de un cuerpo social homogéneo e igualitario, que supuestamente borraba todas las diferencias pero al mismo tiempo producía una incrementada individualización y autonomización. Los uniformes fueron efectivos dentro de un régimen de poder que pensaba al cuerpo como propiedad social y al transgresor como traidor o ciudadano desleal” p.141.

El uso de uniformes, así como otras prácticas que tenía la escuela, también estaba aosciados a ideas de modernidad. Por ejemplo, en la Colombia de finales del Siglo XIX y principios del XX, la educación estaba muy orientada a esta idea de civilidad moderna, como lo señala Aldana (2016).

“Así, en la escuela se aprendía a ser modernos, esto es, a ser y actuar como sujetos civilizados. Para ello se buscó erradicar las formas de vestir, de hablar y de alimentarse que se consideraban una amenaza al proyecto moderno. En general, se trataba de corregir las costumbres, moderar las acciones y de cultivar nuevos hábitos urbanos que legitimaran un sistema de valores y unas formas culturales modernas e ilustradas frente a otras consideradas vulgares y populares”. p.46

Aula de Argentina. Imagen: Argentina.gob.ar (2018)

Como siempre en educación, el tema es un poco más profundo. Si vamos a hablar de uniformes, también tenemos que recordar que estamos hablando de educación estandarizada, así ha sido por siglos. Para la Revolución Industrial, el sistema educativo pensado así le vino como anillo al dedo, pues se comenzó a ver a la educación como una manera de satisfacer las necesidades de producción del momento y para ello se requería el mismo orden y disciplina que en cualquier fábrica.

De este modo, en esta producción en masa de personas, podríamos decir que los uniformes escolares se convirtieron en el empaque del producto que cada una de las escuelas ofrecía en sus alumnos. Cada una con su sello especifico, pero con un mismo fin productivo, y para el “bien” de la sociedad. 

Uniformes e identidad

En la actualidad, los uniformes siguen teniendo vigencia en la escuela, tanto en los colegios privados como públicos, donde suele usarse también como una forma de generar identidad y de lograr una estética que además se comparte con el diseño de la escuela en cuanto salones, mobiliarios, materiales y formatos de la institución educativa (Dussel, 2001).

Estudiantes de Irán. Imagen: Pixabay.com (2018)

Es decir, si lo viéramos desde un punto de vista de la mercadotecnia, los uniformes también ayudan a crear una marca. Hay escuelas que son fácilmente reconocibles por sus uniformes, pero también, nada da más sensación de orden y control que entrara a una institución educativa y ver a todos uniformados.

En el caso de las escuelas públicas tanto en México como en Latinoamérica, es difícil encontrar un centro educativo gubernamental que no use uniformes, y esto también tiene que ver con la construcción de una identidad que puede ser local, estatal o nacional. Sobre esto, Dussel (2007) explica:

“En los países latinoamericanos, el uso de los uniformes escolares estuvo asociado a la construcción de una identidad nacional homogénea y homogeneizante, que sostuvo a la par promesas de igualdad e inclusión subordinada, y mecanismos institucionales de control y disciplina sociales muy autoritarios”. p. 131.

Esto, por otro lado, ayuda a crear una noción de unidad. En muchos países los uniformes tienen características similar muy particulares, como en el caso de Cuba con el uso de los pañuelos en el cuello, Chile y sus unformes azules con blanco y jumpers que los llevaron a ser apodados como pingüinos en las revueltas estudiantiles de ese país, y Argentina donde en casi todos los colegios los alumnos usan delantal.

Estudiantes de Cuba. Imagen: Jones, A (2003).

En otros, se pueden ver más variaciones, sin embargo, hay muchos claramente reconocibles. En México el suéter verde y pantalón o falda gris, siempre nos remitirá a una secundaria pública.

Uniformes, disciplinamiento y control

Los uniformes también son forma de control que busca orientar a las personas en un sentido que sea aprobado por la sociedad, o bien de homogeneizarla, como sucedió en el caso de Estados Unidos. Dussel (2001) en su texto explica:

“En el caso norteamericano, los uniformes fueron usados para las escuelas de las minorías (indígenas, mujeres) como forma de disciplinamiento riguroso del cuerpo y de incorporación de otras pautas estéticas y corporales. Recientemente las escuelas públicas urbanas adoptaron uniformes, destinadas a combatir la vestimenta de gangs y rappers”. p. 67.

Estudiantes de Chile. Imagen: Ministerio de Educación de Chile (2018)

Adicionalmente a esto, los uniformes son una manera de mostrar una imagen externa, pero también son una forma de recuperar cierta autoridad por parte de las escuelas, como lo explica Dussel (2007):

“De modo bastante evidente, los uniformes constituyen un intento por parte del sistema escolar de recuperar autoridad. Abogar por los uniformes supone que el uso de un código de vestimenta común y estricto proveerá́ una imagen de respetabilidad y orden muy necesitado dentro de las escuelas y también en la relación de las escuelas con la sociedad más amplia”. p.148

Así, los uniformes para las escuelas son una manera de evitar y controlar que los estudiantes utilicen algún tipo de prenda u objetos adicionales que puedan no estar permitidos en los reglamentos escolares, como las minifaldas. Esto no solo ocurre en las escuelas estadounidenses, también es común en las escuelas mexicanas y latinoamericanas.

Uniformes y género

Es interesante señalar en este punto, que existe un componente de género en el uso de uniforme también, pues muchas de las restricciones afectan de manera más específica a las mujeres.

En el artículo “Uniformes escolares y género: una historia de faldas y pantalones”, que escribí recientemente, hablo sobre sobre cómo el uniforme escolar hace una diferenciación de género con el uso específico de la falda (Leal, 2019):

“Hay un tema de género pendiente en cuanto al uso de los uniformes escolares. En muchas escuelas se considera que los niños deben usar pantalón y las mujeres falda obligatoria, no dejándolas a ellas, en la mayoría de los casos, elegir si prefieren llevar pantalón al igual que sus compañeros”.

Sobre este aspecto Dussel (2007) comenta:

“Que los estudiantes se presentaran limpios y ‘adecuadamente vestidos’ fue siempre parte de lo que se suponía que la escuela debía lograr. Más recientemente, minifaldas, maquillaje, aros, desnudez del abdomen o de determinadas partes del cuerpo, y colores brillantes o llamativos, están entre las muchas prendas de vestir y prácticas de vestimenta que han quedado sujetas a regulación y debate en las escuelas estadounidenses”. p.144

Como vemos, la mayoría de las restricciones están relacionadas a aditamentos y formas de vestir de la mujer, y en el caso de los hombres, generalmente se limitan al corte del cabello.

Estudiantes de Colombia. Ministerio de Educación Nacional de Colombia (2018)

Por otro lado, en algunos otros países como Argentina, se utilizaba el guardapolvo o delantal, que buscaba ser un vestuario que democratizara la escuela, homogeneizando la apariencia, pero a su vez, que fuera higiénico y económico (Dussel, 2001), a lo que se sumaba además una preocupación moral, en especial en cuanto a la vestimenta de las mujeres:

“las mujeres, naturalmente débiles de carácter y con tendencia la superficialidad, eran más pasibles de caer en tentaciones que los hombres; y por eso sus apariencias debían regularse con mucho más celo, también, por supuesto, para garantizar su ‘decencia’ y su pudor” p.68.

En ese entonces, también ya se mencionaba el tema del lujo y la ostentación que podrán mostrar las mujeres al llevar vestidos caros, que en algunos casos podía llegar a ser considerado inmoral. Pero también se pensó que el uso del delantal podía ser una buena manera de igualar y evitar el contraste entre niños ricos y pobres (Dussel, 2001).

Uniformes y clases sociales

Uno de los argumentos más comunes a favor del uso de los uniformes, tiene que ver con su uso para mitigar la diferenciación de clases sociales. Este es un aspecto es interesante, que ha tenido relevancia en el pasado y actualmente sigue vigente, pues a través el uso de ciertas marcas de ropa se puede diferenciar entre los que tienen mayor o menor poder adquisitivo.

En ese sentido, el uniforme puede ser una herramienta interesante, que ayude a frenar las diferencias económicas que puede haber entre los estudiantes, o por lo menos, a controlarlo.  

Cuando Bill Clinton era candidato a presidente de Estados Unidos en 1996, este tema estuvo presente en su agenda política. Él se convirtió en uno de los mayores promotores del uso de los uniformes en las escuelas públicas de todo el país, pues consideraba que su uso podría ayudar a controlar la violencia juvenil.

Estudiantes de Estados Unidos. Freepik.es (s.f.)

En ese entonces salieron a la luz algunos casos de adolescentes que habían matado a otros para robarles sus tenis deportivos de marca o sus chamarras de diseñador. Así, se comenzó a analizar que el uso de uniforme escolar podría incidir para la disminución de la violencia en las escuelas y entre los jóvenes (JET, 1996).

Para Bill Clinton, si el uso de uniformes “significaría que los adolescentes dejaran de matarse unos a los otros por una chamarra de diseñador entonces las escuelas públicas deberían pedirles a sus estudiantes el uso de uniforme” (Mitchel, 1996). Esto parece haber funcionado en algunas de las escuelas y zonas que se ejecutó y en las que disminuyó la violencia entre estudiantes (Dussel, 2001).

Por otro lado, el uniforme puede ser una prenda que se use para la escuela únicamente. En algunos casos, los uniformes son algunos de las pocas prendas con las que cuentan algunas personas de escasos recursos. Esto también viene acompañado, por lo menos en México, de apoyos gubernamentales para que las familias que tienen a sus hijos en escuelas públicas puedan adquirir gratuitamente los uniformes escolares.

Uniformes y libertad de expresión.

Otra crítica a los uniformes escolares que suele hacerse, es que limitan la libertad de expresión, además de que no les permite a los estudiantes desarrollar una identidad personal, y mucho menos, mostrarla. No perdamos de vista que, a través de nuestra vestimenta, también estamos comunicando.

Estudiantes de la India. Freepik.es (2018)

A través de la ropa damos a conocer nuestra ideología, nuestra forma de ser, de pensar y definimos cómo queremos que el mundo nos vea. El uso de uniformes es también una manera de coartar eso, de no permitir que se expresen otras voces que puedan incluso resultar disruptivas según los estándares sociales.

Entonces, se trata también de un tema de imágen, de cómo la comunidad y la sociedad ve a los estudiantes, a los niños y jóvenes que asisten determinada escuela y de si su vestimenta representa orden, lo cual iría de la mano con que se cumplirán sus metas educativas.

En pocas palabras, se trata de hacer que se vean “respetables” para el entorno, personas de bien que no representan ningún peligro para los estándares sociales, sino todo lo contrario.

Legislación en México

¿Qué dice la legislación en México sobre este tema? Nada. En la Ley General de Educación no se habla para nada de la vestimenta de los estudiantes. De hecho, en el caso de la educación pública, en ninguna ley o documento se solicita el uso de uniformes de manera obligatoria, e incluso está prohibido negarle el acceso a la educación a un niño por este hecho, pues se estaría violando el artículo 3º de la Constitución.

Estudiantes de Bali. Imagen: Pixabay.com (2010)

Sin embargo, lo curioso es que tanto el Gobierno federal como los gobiernos locales, cuentan con programas de apoyo para la adquisición gratuita de uniformes escolares para los alumnos de educación básica. Incluso, en alguno estados estas medidas son una ley, como en la Ciudad de México.

En cuanto a educación privada, pasa algo similar, el acuerdo que establece las bases mínimas de información para la comercialización de los servicios educativos que prestan los particulares, establece en el artículo 6º que los uniformes no serán obligatorios, pero los padres de familia podrán convenir con la escuela su uso. Es decir, las escuelas pueden usarlo y es parte de los acuerdo que los padres de familia aceptan al inscribirlo en una escuela que sí los use.

Conclusiones

Comencé este texto pensando que escribiría algo relativamente corto sobre este tema, pero después un rato me di cuenta que el tema de los uniformes escolares tiene mucha más tela de dónde cortar que lo que vemos en apariencias sobre ellos.

Si bien mi postura siempre fue y será antiuniformista, reconozco que hay situaciones particulares que obligarán a las instituciones a tomar esta medida. Lo que sí puedo decir, es que es importante que se justifique plenamente su uso, y que alumnos y padres de familia entiendan el por qué.

Estudiantes de México. Imagen: Secretaria de Educación Pública (2017)

El hecho de muchas veces no señalar esta justificación, hace que los estudiantes tomen esta medida como arbitraria, sin sentido, pasada de moda, o de la «vieja escuela». Sin embargo, también entiendo que muchas veces se trata de una tradición, o un rito que las escuelas quieren conservar por un tema de identidad, y de la cual los alumnos pueden estar de acuerdo.

Lo que sí tenemos que tener claro es que la sociedad actual está cambiando rápidamente y los uniformes comienzan a desaparecer de muchas esferas sociales, no sólo de las escuelas. Temas relacionados a la reivindicación de una propia identidad y de la libertad de expresión, entran en esta discusión, que seguramente se potencializará en el futuro.

Sirva pues este texto como un buen contexto, aunque muy acotado, de todo lo que podría implicar el uso de uniformes en las escuelas.

 Referencias.

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Francisco, el alumno incómodo

Por Emiliano Leal Sorriente

“Profesor, ¿Y eso para qué nos va a servir?” Aunque ésta frase podría parecer lo más normal y legítima para un alumno, en el caso de Francisco era interpretada como un acto de rebeldía. Y es que había un problema con Francisco, era el alumno que siempre estaba distraído con sus dispositivos electrónicos, y que hacía preguntas y comentarios retadores a los profesores.

Su actitud, había provocado que Francisco tuviera mala fama entre los profesores y se convirtiera en uno de esos alumnos a los que consideran “flojos, que no quieren trabajar, quieren que les den todo, vienen a perder el tiempo y a molestar” e incluso algunos lo consideraban hasta un “parásito”.

Pero, ¿Y si de verdad el alumno no tiene interés en el aula y siente que está obteniendo mejores satisfactores usando su teléfono celular? ¿Y si de verdad el alumno quiere saber cuál es la utilidad de lo que está aprendiendo? ¿Qué pasaba realmente con Francisco? O peor aún, ¿Qué sucede con los profesores?

Aunque puede haber varias respuestas para esta idea, en éste caso específico, hay un problema que no es del todo del alumno pero tampoco del todo de los profesores, es decir, es de responsabilidad compartida.

Por otro lado, la ya clásica distracción de los estudiantes en clase con sus dispositivos, o platicando con el compañero, parece alterar bastante al profesorado. “Antes cuando el profesor llegaba a clase los alumnos se levantaban de sus asientos para saludarlo, y nadie decía una palabra mientras el profesor hablaba”, se ha escuchado decir.

Lidia (2006), lo define de la siguiente manera:

“Los años escolares suelen concebirse como pasaje para acceder a la sociedad de los adultos, tanto que muchos niños y adolescentes se ven restringidos casi exclusivamente al rol de alumnos. La maquinaria escolar tiende a establecer una exageración de ese rol observando, registrando, calificando y estigmatizando: “no puede», «no sabe», «no obedece», «es indisciplinado», «tiene mala conducta».

Un primer problema tiene que ver con cómo estamos manejando la libertad en el aula. Desde mi punto de vista muy personal, cosas como disciplina, respeto a la autoridad, atención en clase, entre otras, han sido manejadas con una posición de autoritarismo por parte de los profesores y directivos de escuelas e instituciones educativas por muchos años. Anteriormente el docente representaba saber y poder, pero hoy la autoridad del docente ya no es reconocida por los estudiantes (Lidia, 2006).

Curiosamente creo que estos aspectos, están íntimamente relacionados, y que se trata más bien de un problema de comunicación, donde como ya dije, intervienen tanto alumnos como profesores. No pretendo con esto “traicionar” al gremio docente, al cual pertenezco con mucho orgullo, pero creo que es necesario que comencemos a manejar la autocrítica de manera más amplia, y en algunos casos, que nos autocritiquemos, pues parece que el ego docente a veces puede cegarnos y no permitirnos ver más allá.

¿Qué debemos hacer distinto?

En primera instancia, creo que una solución para el caso de Francisco, tiene que ver con que su forma de ser y de actuar ha generado un perjuicio negativo en torno a él. En este sentido, lo primero sería liberarnos de prejuicios, o por lo menos, tratar de que no influyan en cómo lo trataremos desde el inicio, pues se pueden cumplir, tal como lo señala Murillo (2006):

“Las etiquetas o catalogar a las estudiantes y los estudiantes predispone la actitud ante ellas y ellos, y la forma en que se manejará la disciplina en el aula. A esto se le suma el peligro de que las etiquetas puedan llegar a ser profecías autocumplidoras”. p. 24

Pero esto está relacionado a que hoy debemos generar espacios donde los estudiantes se puedan desarrollar con mayor libertad, donde puedan criticar la clase, la institución,  la materia e incluso al profesor. Por supuesto que muchos dirán que esto sería una locura, la anarquía total, el desorden, y por lo tanto, confundiéndolo con falta de disciplina, poco respeto a la autoridad, o desinterés en aprender.

Desde mi punto de vista, situaciones de este tipo son un área de oportunidad doble, pues podemos tomar nota de sus críticas y evaluar cuáles pueden ser acertadas, y por otro lado, podemos enseñarle a “Francisco” cómo manejar críticas con mayor inteligencia y de manera constructiva.

Como lo señala Murillo (2009) “Tratar de eliminar el conflicto en la escuela es paradójicamente tratar de eliminar en los centros de enseñanza algunas posibilidades de crecimiento y aprendizaje. No es cuestión de vivir en la anarquía, es poder convivir también con el conflicto”.

Otro tema importante  tiene que ver con cómo los profesores están enfrentando a ésta nueva generación, con todo y sus anexos (como los dispositivos móviles). Entender que se trata de una generación distinta, que interactúa con sus dispositivos, pero que a la vez tiene acceso a más información, y en general estar abiertos a sus nuevas ideas y formas de integración, hará que estemos más preparados para tratarlos, pero para esto debemos informarnos más sobre ellos en general.

Es un error no entender que pertenecen a una sociedad distinta, por eso la técnica autoritaria de los profesores ya no está funcionando, ya que lo que dan a entender a los jóvenes las nuevas formas de interacción, en especial en internet, es justamente que tiene una libertad de actuar muy grande. Por lo tanto, lo que debemos enseñar ahora, es a utilizar la libertad con responsabilidad y a que los alumnos generen sus propios límites.

Sin embargo, un estilo permisivo debe cuidar no caer en cosas como las que señala Murillo (2009) que pueden ser tóxicas, como creer que la no imposición de reglas genera afecto a los profesores y provoca que no se porten mal, minimizar acontecimientos negativos sin llamarles la atención, o que definitivamente no le demos importancia alguna a una situación negativa.

Pero otro punto importante está relacionado con el diálogo, que definitivamente debemos mejorar con nuestros alumnos, y ya no desde un punto de vista autoritario, sino, en la búsqueda de soluciones, aplicando nuestra creatividad, que conviertan éste tipo de situaciones en una instancia en donde el alumno pueda aprender algo más que la materia misma que estamos enseñando.

Pero para cumplir con esto, se deben respetar las opiniones de nuestros alumnos, pues tal como lo señala Cubero (2004) sólo “Cuando el maestro tiene una actitud de respeto hacia el proceso evolutivo de la otra persona, entonces puede considerar ‘el no estar de acuerdo’ como una oportunidad de intercambiar opiniones interesantes”.

Conclusión

En concreto, creo que los profesores tenemos la urgencia de cambiar de mentalidad, y entender que ésta nueva generación debe ser abordada y trabajada de distinta manera, y que ya no podemos quedarnos con las viejas estrategias educativas, pues aunque tengamos “20 años dando clases”, la generación de hoy está moldeada y configurada de una forma muy distinta, y que requiere, entre otras cosas, mejorar el diálogo con ellos.

Pero también tenemos que tener en cuenta que hay mucho que aprender de nuestros alumnos, y que cualquier situación se puede convertir en una oportunidad de aprendizaje para ellos también, no hay que desaprovecharla.

Referencias

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Leal, Emiliano (2019, 16 de febrero). Fracisco, el alumno incómodo. Mi rincón de aprendizaje. Recuperado de: https://mirincondeaprendizaje.com/blog/francisco-el-alumno-incomodo/

El portafolio de evidencias como herramienta de evaluación en la educación media y universitaria

Este texto habla sobre uno de mis recursos favoritos para la docencia, y fue también, uno de los primeros ensayos que escribí sobre educación. Fue redactado en el 2013 para la Maestría en Comunicación y Tecnologías Educativas.

Por Emiliano Leal Sorriente

Resumen

Este ensayo busca establecer algunos de los beneficios y ventajas de la utilización del portafolio de evidencias en la educación universitaria así como su percepción por parte de los docentes y los alumnos, basándose en casos concretos de donde se ha implementado. De esta manera se obtienen algunos puntos clave a tener en cuenta con respecto a la implementación de esta herramienta en la educación media y universitaria. 

Introducción 

A pesar de que en la educación superior existe la tendencia de buscar nuevos modelos educativos, aún se sigue recurriendo a métodos tradicionales de evaluación que se enfocan en criterios cuantitativos (como lo que el alumno ha podido memorizar) y no en criterios cualitativos (como lo que el alumno ha aprendido realmente), y mucho menos, se enfocan en entender cómo ha sido este proceso de aprendizaje (Carreto, 2010). 

En este sentido, en la educación media y universitaria se ha iniciado una búsqueda orientada a explorar nuevas formas de evaluar que permitan determinar el aprendizaje del alumno no sólo de manera cuantitativa, si no, lo que el alumno realmente sabe, así como ciertas competencias acorde a estos nuevos métodos educativos. 

Tal como lo señalan Romero, Hernández, y Martínez (2011): 

“Uno de los elementos sobre los que hace ya tiempo las teorías psicológicas del aprendizaje y las pedagógicas han demandado cambios es, sin lugar a dudas la evaluación. Por diversas razones no ha sido posible imprimir ese giro que la evaluación requiere, no obstante, el escenario actual precisa evaluar procesos y no sólo productos; valorar, no únicamente medir conocimientos” (p. 8). 

En este contexto, comienzan a aparecer muchas herramientas de evaluación que permiten determinar el nivel cualitativo del aprendizaje de los estudiantes, como la evaluación formativa, el estudio de casos, o los portafolios de evidencias, por mencionar algunos. 

En este texto, nos enfocaremos exclusivamente en el portafolio de evidencias como herramienta que permite evaluar de manera de manera cualitativa a los estudiantes mediante un proceso que difiere mucho de los métodos tradicionales de evaluación cuantitativa. 

El portafolio de evidencias 

Un portafolio de evidencias (también conocido como carpeta de evidencias) es un espacio que puede ser físico o virtual, donde el estudiante recopila y organiza elementos entre los que se encuentran trabajos, escritos, fotografías, videos, u objetos de cualquier otra índole que sirvan para registrar una intención de aprendizaje según determinados objetivos (Murillo, 2012).

Esta herramienta, por la forma en la que está constituida, permite que el estudiante adquiera conocimientos integrando en un solo lugar, todos los procesos por los que ha ido pasando para cumplir su objetivo específico, como una investigación, un plan de mejora, un catálogo, entre otros. Esto permite que el estudiante no solo vaya organizando sus entregas y evidencias de forma más ordenada, si no que también le permite ir haciendo una autoevaluación con respecto a su progreso. 

El portafolio de evidencias permite hacer más flexibles los procesos de enseñanza, aprendizaje y evaluación, ya que también aporta a una estructura a ese proceso, aunque en el caso de la evaluación debe entenderse que no se trata de una secuencia lineal ni acumulativa, si no de un conjunto de indicadores que nos señala objetivos, estrategias utilizadas y competencias adquiridas. (Hernández, et al. 2006). 

Si bien hay distintas propuestas en cuanto a cómo debe llevarse a cabo la planeación y realización del los portafolios de evidencias, así como las características que deben tener, queda claro que esto dependerá de varios factores como el tipo de materia que se está cursando (Seda, 2002 p. 114), así como el objetivo de aprendizaje que se busca en sí. Por lo que será importante que el docente evalúe cual será la mejor ruta a seguir en la utilización de esta herramienta según su plan de estudios. 

Es importante señalar que si bien el portafolio permite entregarle herramientas al docente para evaluar a sus estudiantes, también le otorgan elementos para hacer una autoevaluación sobre las estrategias de aprendizaje que está utilizando. 

Percepciones de estudiantes y docentes con respecto al portafolio 

Aunque los portafolios de evidencias son una herramienta innovadora de evaluación, orientada conforme a estas nuevas metodologías de enseñanza, pareciera que existe una resistencia entre los alumnos y los docentes en cuanto su utilización, por lo menos en las primeras etapas de implementación. 

Uno de los casos es la experiencia vivida en la Universidad Autónoma de Nayarit cuando se implementa esta herramienta a partir de 2003, tal como lo señalan Romero, et al. (2011):  

“Tal vez los docentes (la mayoría) iniciamos su práctica sin haberlo conceptualizado cabalmente; quizá los estudiantes no tenían el hábito de realizar tantas actividades o, probablemente, un poco de ambas partes. La realidad es que resulta un verdadero hallazgo hablar con un estudiante cuya experiencia con el portafolio sea grata.” 

En su documento, Romero et al. (2011) señalan algunos de los problemas que debieron enfrentar en este proceso, entre ellos que los estudiantes sentían que hacer el portafolio era una pérdida de tiempo mientras que los docentes percibían que su trabajo aumentaba excesivamente. 

Y es que si el portafolio no tiene objetivos claros, y no se ha determinado bien cuáles serán los pasos a seguir, pareciera convertirse en una herramienta muy complicada de utilizar. Pero por el contrario, si se encuentran bien delimitados y estructurados, su complejidad al momento de utilizarlos es mínima. 

En un estudio realizado en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, entre 200 estudiantes de la carrera de Ingeniería Química (Carreto, Reséndiz & Moheno, 2010) podemos determinar datos importantes sobre la percepción de los estudiantes sobre el uso del portafolio de evidencias como herramienta de evaluación y que en la mayoría de los casos nos indican una predisposición positiva en cuanto a su uso. 

La mayoría de los estudiantes participantes de este estudio, sienten que mediante la utilización del portafolio han tenido una experiencia significativa de aprendizaje, han podido determinar sus fallas y entender cómo ha sido su proceso de aprendizaje, tal como lo podemos observar en la gráfica 1. 

Gráfica 1. Elaboración propia bada en Carreto, Reséndiz y Moheno, 2010

Otro dato interesante, es la comparativa que se hace con respecto al examen, método de evaluación cuantitativa por excelencia. 

En este punto los estudiantes muestran una tendencia a favor del uso del portafolio, además de sentir que con su uso han adquirido mayores conocimientos, que han sido tomados en cuenta al momento de su calificación, y a su vez, que ésta ha sido más justa, tal como lo podemos observar en la gráfica 2. 

Gráfica 2. Elaboración propia basada en Carreto, Reséndiz & Moheno, 2010

En este estudio también se obtienen otros datos que si bien no son negativos, indican que hay áreas de oportunidad que deben tomarse en cuenta, por ejemplo en cuanto a las dudas sobre la calificación que han obtenido a través del portafolio, dónde 37.5% no tiene dudas, mientras que 59.37% dice que a veces se ha quedado con dudas y 2.08% dice haberse quedado siempre con dudas. Otro punto que se puede considerar es el de si el portafolio de evidencias le permite al estudiante determinar cuánto sabe, donde 54.16% siente que siempre ha podio determinar este punto, 42.70% siente que a veces y 2.08% siente que nunca lo ha podido determinar. 

Otro dato que es importante destacar de este estudio, es que al parecer la realización de los portafolios de evidencias induce mucho menos ansiedad que el examen en los estudiantes, ya que ante la pregunta de si se sintieron nerviosos al momento de realizar el portafolio “8.33% reporta que siempre, 59.79% dice que sólo a veces y 21.87% dice que nunca” (Carreto et al. 2010) . 

Éste último dato es clave, ya que en muchos casos, la ansiedad experimentada por los estudiantes al momento de enfrentar un examen, puede jugar un factor determinante en cuanto a su rendimiento, incluso, muchas veces el fracaso escolar puede estar atribuido a esto y no a la falta de aprendizaje (Bausela, 2005), por lo que una herramienta de evaluación que no provoque dicha ansiedad, tal como lo es el portafolio, puede ser bastante beneficioso para un mejor desempeño de los alumnos. 

Conclusión 

Aunque las cifras señaladas anteriormente parecen prometedoras, es importante reiterar que la utilización del portafolio parece no ser bien recibida cuando es implementada de manera inicial, causando incluso molestia entre los profesores y el alumnado. Por lo que su implementación deberá ser bien planeada. 

Así sucedió en el caso de la Universidad Autónoma de Nayarit, sin embargo, después de seis años de utilizar los portafolios de evidencias como herramienta de evaluación, Romero et al. (2011) nos señalan que son mucho mejor aceptados por los estudiantes y docentes. 

Calificar un portafolio no es más difícil que calificar un examen, un ensayo, un trabajo o un proyecto, aunque puede ser más laborioso. En general, el éxito del esfuerzo de los estudiantes y la precisión de las valoraciones sobre sus esfuerzos realizados por parte del docente depende mucho de la claridad inicial de los propósitos a evaluar.  

Un punto importante para la utilización de los portafolios, es comenzar a cambiar la mentalidad tanto de los estudiantes, como de los docentes, en cuanto a lo que significa la evaluación. “Utilizar el portafolio implica un estilo de docencia y de aprendizaje distante de los tradicionales” (Murillo 2012). 

Desde mi punto de vista, gran parte del rechazo de los estudiantes y de los docentes hacia el portafolio de evidencias, se debe justamente a su incomprensión. El estudiante está acostumbrado a ser calificado a través de un número y el docente a calificar asignando un valor al trabajo de los estudiantes. Si bien el portafolio también puede derivar en una calificación cuantitativa, su utilización debería más bien fomentar un proceso reflexivo que permita al propio estudiante, con la ayuda del docente, autoevaluar su proceso de aprendizaje. Pero a su vez, deberá permitir también al docente autoevaluar sus estrategias de enseñanza y de utilización del portafolio. 

Esto debería estar acompañado de una nueva valoración del uso de la calificación numérica, donde deberíamos comenzar a considerar una calificación cualitativa basada en el trabajo del estudiante, y que establezca la acreditación de lo aprendido y lo enseñado mediante dicho proceso reflexivo de autoevaluación. 

Por otro lado, la evaluación debe estar enfocada en señalar a los alumnos cuál es su proceso de aprendizaje, sus falencias y sus áreas de oportunidad, algo que en un portafolio es relativamente fácil de ir determinando según las entregas que se vayan realizando. 

Así mismo, la evidencia de que los alumnos sienten menos ansiedad al ser evaluados con un portafolio de evidencias, demuestra que se trata de una herramienta que realmente ayuda a evaluar el aprendizaje significativo de los estudiantes, a diferencia del examen, que muchas veces únicamente demuestra datos aprendidos de memoria. 

En resumen, el uso del portafolio de evidencias como herramienta de evaluación en la educación media y universitaria, sin duda puede resultar muy beneficiosa, pero se hace sumamente importante que su implementación esté acompañada de una buena preparación y comprensión por parte de los docentes y alumnos sobre cómo se elaborará el portafolio de evidencias, pero también, sobre los objetivos y los procesos que se buscan realizar con dicha actividad. 

Referencias 

Bausela Herreras, Esperanza (2005). Ansiedad ante los exámenes: evaluación e intervención psicopedagógica. La Revista Venezolana de Educación (Educere), 9 (31), 553-557. Recuperado el 7 de diciembre de 2013, de http://www.scielo.org.ve/scielo.php?pid=S1316-49102005000400017&script=sci_arttext 

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Fonseca, J. G. (2007). Modelos cualitativos de evaluación. Educere, 11 (38) 427-432. Recuperado el 7 de diciembre, de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=35603807 

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Murillo, G. (2012, 28 de febrero) El portafolio como instrumento clave para la evaluación en educación superior. Actualidades Investigativas en Educación 12, (1), 1-23. Recuperado el 11 de noviembre de 2013, de http://revista.inie.ucr.ac.cr/uploads/tx_magazine/portafolio-instrumento-clave-evaluacion-educacion-superior-murillo.pdf 

Romero, S.L., Hernández, M.C., Martínez M.J., (2011) El portafolio: oportunidad o amenaza. Recuperado el 15 de noviembre de 2013, de http://www.pensaruniversidad-uan.org/wp-content/uploads/2011/10/Articulo5Romeroyotros.pdf 

Seda Santana , I. (2002). Evaluación por portafolios: un enfoque para la enseñanza. Revista Latinoamericana de Estudios Educativos (México), XXXII(1) 105-128. Recuperado el 23 de noviembre de 2013 de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=27032105 


Imágenes

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Qué retomar de los paradigmas educativos existentes para crear uno propio: una aproximación a mi propio modelo.

Este texto fue escrito en 2014 para el Módulo de Psicopedagogía de la Maestría en Comunicación y Tecnologías Educativas del ILCE, en el retomo algunos aspectos de los paradigmas educativos existentes, para generar un propio con algunas de mis ideas sobre educación.

Por Emiliano Leal Sorriente


Introducción

Plantear un modelo educativo, sin duda no es cosa fácil, sin embargo si comenzamos retomando algunos de los postulados de las corrientes más importantes de la educación y las adaptamos a los nuevos tiempos, se puede obtener un principio que nos puede servir para continuar en la generación de ideas de cómo debería ser un modelo educativo actual.

Hoy, nos enfrentamos a un mundo totalmente distinto y que se encuentra en constante cambio. Contamos con herramientas tecnológicas que, sin duda alguna, han facilitado la vida de la humanidad, la comunicación se ha estrechado y el acceso a la información se ha vuelto mucho más sencillo.

Y sin embargo, pareciera que la educación, en algunos casos, sigue estancada. Las aulas, por ejemplo, siguen siendo exactamente iguales que hace siglos. Los profesores siguen impartiendo clases de la misma manera que hace 30 años y la mayoría de las instituciones educativas, siguen manejando el mismo esquema, mientras que los alumnos, que son hoy sumamente distintos a los de tiempo atrás, sienten que ir a la escuela es una pérdida de tiempo.

Debemos enfrentar el hecho de que es tiempo de cambiar, de generar nuevas formas de educar y también nuevas formas de aprender, perder el miedo a transitar por nuevos caminos y así lograr una enseñanza integral acorde a nuestros días.

Lo que aquí se plantea es una serie de ideas, muchas de ellas retomadas de modelos educativos vigentes, para que comencemos una discusión en torno a cómo debemos educar a nuestros alumnos para los nuevos tiempos. Es difícil plantear todo en este proyecto, y aún hace falta profundizar en algunas temas, pero se plantea ser un inicio.

Descripción de mi modelo educativo

Sin duda alguna, la base del modelo educativo que planteo, se encuentra en el constructivismo y en el humanismo, y es que considero que una de las formas más efectivas de llegar a un aprendizaje real, está en el descubrimiento de los conocimientos, el autoaprendizaje, y la figura de un facilitador, más que un maestro o profesor.

Coincido plenamente con lo que plantea Ferreiro (2007), en que un esquema adecuado es en el que permitimos al alumno “descubrir y construir su conocimiento“, así “la búsqueda, la hipotetización, la fantasía y hasta el error tienen implicaciones pedagógicas importantes para aprender, y lo que es más importante, para desarrollarse” (p. 25).

Y es que justamente aquí es donde yo planteo algo importante, en la actualidad, con la cantidad de conocimientos que hay disponibles, quizá nuestra preocupación deba ser enseñar a aprender (idea que retomo del paradigma cognitivo), a investigar, a indagar, a obtener fuentes confiables, y que las personas sean capaces de recurrir a la información, y más aún, al autoaprendizaje según se requiera.

¿De qué nos sirve que un estudiante sepa de memorias fechas, formulas químicas o matemáticas, tablas periódicas, si no sabe para que le servirán? Debemos mejor, enfocarnos, en que ellos conforme vayan avanzando en su desarrollo y vayan definiendo lo que quieren hacer en la vida, tomen las herramientas necesarias, logren procesarlas con éxito, y así convertirlas en información y en conocimiento.

En este sentido el aprendizaje por descubrimiento planteado por Jerome Bruner, creo que puede ser de utilidad, pues tal como señala García (s/f):

“Desde el punto de vista de la enseñanza, los contenidos que se han de aprender deben ser percibidos por el alumno como un conjunto de problemas, relaciones y lagunas que se han de resolver. El ambiente necesario para que se dé un aprendizaje por descubrimiento debe presentar al educando alternativas para que perciba relaciones y similitudes entre los contenidos a aprender”. (p.5)

Otro termino que retomo del constructivismo, es el de el “aprendizaje significativo”, planteado por David Ausbel, y que desde mi punto de vista es uno de los mejores aportes al modelo educativo. Aprender a través de experiencias que realmente tengan una significación importante, es una manera de asegurar que esos conocimientos permanecerán y no se diluirán a través del tiempo. A muchos de nosotros nos tocó estudiar memorizando partes de libros, de apuntes, y todos eso nos funcionó para obtener una buena calificación en un examen, pero hoy quizá no recordemos algunas de esas cosas memorizadas. Se podría decir que hasta perdimos un poco el tiempo en eso, pues debido a que no es un aprendizaje significativo, se diluye en el tiempo fácilmente.

Y es que desde mi perspectiva, no hay mejor manera de enseñar, que haciendo. Pongamos un ejemplo un poco más cotidiano. Una de mis pasiones es andar en bicicleta y estoy dispuesto a enseñarle a cualquiera que no sepa utilizar una. Si bien es cierto que hay conceptos teóricos básicos (como en todo, hay que explicar por ejemplo el uso adecuado de frenos, de conducción, etc.) no puedo enseñarle a nadie únicamente con un pizarrón, necesariamente deberá subirse a la bicicleta. Aquella persona que haya aprendido a andar en bicicleta sólo con una explicación de pizarrón, seguramente fracasará en el primer intento.

Así entonces, un ambiente de aprendizaje que permita que los mismos estudiantes aprendan a través del descubrimiento, del error, y de su interacción con el mundo, es fundamental, además deberá estar apoyado por un aprendizaje colectivo. Recordemos que una de las competencias más solicitadas para el siglo XXI tiene que ver justamente con la capacidad de realizar trabajos colaborativos.

Y aquí me gustaría retomar algo más del paradigma humanista, relacionado a que los programas educativos deben comenzar a ser más flexibles y adaptables, es decir, deben permitir que estos se puedan reenfocar según el contexto social y cultural, por lo que no puede existir un currículo educativo que no permita una ruta de aprendizaje que pueda ser contextualizada, y mucho menos, que no pueda ser aprendida de manera colaborativa.

Como hemos visto, aquí entra en juego también el paradigma socio cultural, pues algo importante que debe existir, es que el aprendizaje de nuestros alumnos debe estar enmarcado en un contexto social y cultural, para que de esta manera pueda resultar eficaz. Y es que es importante recalcar que tal como lo señala Hernández (1998) “El alumno debe ser visto como un ente social, protagonista y producto de las múltiples interacciones sociales en que se ve involucrado a lo largo de su vida escolar y extraescolar”.

Aquí retomo algo del conductismo, el estímulo-respuesta, pero no aplicado a que se genere un aprendizaje por éste hecho de manera directa, al contrario, me refiero a la solución de casos, por ejemplo. Es una forma de estimular al alumno para se enfrente ante una situación, reflexione sobre el mismo, y al final genere a través de la reflexión, una solución a lo que se plantea. Aquí también entra en juego el paradigma humanista, pues los estudiantes deberán decidir, en plena libertad, cómo llegar a una solución a la problemática que se presenta.

Por ultimo, algo que creo que es importante señalar y que no se ha tocado hasta el momento, tiene que ver con los ambientes de aprendizaje, es momento de que comencemos a pensar en salones distintos, innovadores, que faciliten la educación del alumnado y que eliminen la jerarquización entre alumnos y profesor.

Perfil y función del maestro

En mi modelo educativo ideal, el maestro debe ser más bien una persona que facilite la interacción entre el conocimiento y el alumno, un guía que permita, a través de preguntas, quizá algunas sugerencias y entrega de cierta información, que sea el mismo alumno el que vaya llegando a su descubrimiento.

Más que un profesor que “profese”, mi visión es que el maestro debe orientar a los alumnos para que ellos mismos vayan definiendo su ruta de aprendizaje, y adquieran los conocimientos casi de manera autónoma. La idea es que sea una educación centrada en el alumno, y que también esté orientada a la autorrealización de los alumnos, concepto señalado por Carls Rogers.

Pero siguiendo la misma línea humanista, el maestro debe buscar cuáles son las potencialidades, los intereses, y los gustos de cada uno de los alumnos para así poder explotarlos al máximo. Por eso me identifico más con la concepción que el maestro debe ser un “facilitador de la capacidad potencial de autorrealización de los alumnos. Sus esfuerzos didácticos deben estar encaminados con la finalidad de lograr que las actividades de los alumnos sean autodirigidas fomentando el autoaprendizaje y la creatividad” (Rogers, 1978, citado en Hernández, 2008).

Aquí quisiera ligarlo también nuevamente con el paradigma cognitivo, que postula que es muy importante que los estudiantes aprendan a aprender, ese proceso les ayudará a continuar obteniendo conocimientos de manera autónoma.

Papel del alumno

En cuanto al papel que juega el alumno, quizá una de mis mayores coincidencias se encuentra en el paradigma humanista, pues creo que el alumno debe ser visto como un ente único y totalmente distinto a los demás: “los alumnos son entes individuales completamente únicos y diferentes de los demás, y se tiene la firme convicción de que al finalizar la experiencia académica esta singularidad de los educandos como personas será respetada y aún potenciada” (Hamachek, 1987, citado en Hernández, 2008).

Por otro lado, el alumno debe dejar de ser visto como un producto. Creo que gran parte de la visión de la revolución industrial aplicada a la educación, es que se ve a los alumnos como un producto para un fin específico. Por ejemplo, pensamos que sean “productivos”, que “generen ingreso”, que “estudien algo que tenga futuro”, pero no pensamos en algo que es mucho más importante, que deben estudar sólo para una cosa: ser felices.

Es triste ver a alumnos que han soñado con estudiar una carrera relacionada a las artes (señalo esto por ser algunos de los casos más comunes que me he encontrado) estudiando derecho o medicina, porque según los estándares de la sociedad, o de sus padres, esa es la carrera que deben estudiar si quieren ser “exitosos”, por supuesto en una muy mala concepción de dicho término.

Es así que entonces, el alumno debe de ser visto como un ser humano, y no como una máquina que el día de mañana será capaz de ganar un 80% de los juicios o de operar a 10 pacientes en un día. Y no quiero con esto criticar las carreras de derecho o medicina, únicamente las pongo como ejemplo de lo que la sociedad considera que es exitoso, sin embargo, alguien que hace arte es tan importante para la sociedad como quién defiende los derechos de los trabajadores o salva al mundo de enfermedades.

Tipo de evaluación

La evaluación es uno de los temas que más me preocupa en los actuales modelos educativos. Desde mi perspectiva, la evaluación tradicional numérica (o que en algunas ocasiones es modificada y cambiada por Muy Bien, Bien, Regular, Insuficiente y otras categorizaciones similares), ha dejado de ser funcional.

Creo que la evaluación, como tal, debe ser parte del proceso de aprendizaje, es decir, debe ser una instancia más en donde incluso podamos fijar los conocimientos, hacer consciente al alumno sobre lo que ha aprendido, y ayudarlo en la búsqueda de más conocimientos si considera que es necesario ahondar en un tema.

El punto con la evaluación clásica, que se basa en un número, es que de alguna manera estigmatiza a los alumnos “Ese es un alumno de diez, o de ocho” o “Es un alumno excelente, bueno, regular”. Y en este sentido, quizá deberíamos modificar eso, para que la evaluación sea real y le de algún tipo de retroalimentación importante al alumno.

Digo esto porque he visto cientos de veces a alumnos persiguiendo a profesores por un punto más para sacar el diez, o preguntar ¿Saqué diez? Se ha vuelto una esquizofrénica búsqueda por obtener el numero mayor, como si se tratara de un sorteo de lotería.

Es por eso que le apuesto a dos cosas fundamentales, a la autoevaluación y a la reflexión sobre el proceso de aprendizaje.

Y es que creo que una de las mejores competencias que les podemos dar a los alumnos hoy en día, es la capacidad de autoevaluarse frente a sus procesos de aprendizaje, pero también frente a la vida misma, en donde la reflexión también juega un papel sumamente importante.

La autoevaluación esta bien fundamentada en el paradigma humanista, y ofrece varias opciones para que los facilitadores pueden tomar una elección, tal como lo señala Hernández (2008):

“Según Patterson (1982), la autoevaluación puede hacerse mediante una evaluación escrita,  calificarse a sí mismo, demostrar si se ha cumplido un contrato, discutiendo con otros  compañeros, análisis mutuo con el profesor, etc. Los criterios que siguen los alumnos para  la autoevaluación suelen ser muy diferentes en cada ocasión”.

Si bien es cierto que hablar de autoevaluación, no es fácil para los profesores, y tampoco para los alumnos, creo que es importante comenzar a plantear esta técnica con el fin de obtener personas que puedan ser más críticas con respecto al trabajo o las labores que desarrollan.

Y es que la autoevaluación, trae consigo una serie de beneficios para los estudiantes, como lo señala Ortiz (2007):

“La autoevaluación no constituye, única y exclusivamente, un proceso introspectivo para lograr los aprendizajes, sino también, y sobre todo, es una estrategia continua de consolidación de habilidades, saberes y actitudes surgidas dentro y fuera del sistema educativo. Las mismas serán aplicadas para conformar y orientar la autonomía del estudiante a fin de mejorar sus procesos cognoscitivos, fortalecer y ampliar sus expectativas y ejecuciones, basándose en la presentación individual de los resultados, tratando de incidir positivamente en su autoestima, eficacia y motivación, de manera que continúe adquiriendo conocimientos más elevados. Si queremos formar personas comprometidas con el desarrollo de su comunidad, competitivas en el ámbito internacional y con la habilidad del autoaprendizaje, es necesario cambiar la estructura de la labor educativa a una que se centre en el aprendizaje y no en la enseñanza”.

Conclusiones

Creo que es importante que nos detengamos un momento a pensar si la educación actual está cumpliendo con las necesidades que se requieren para el mundo actual y futuro. Porque lo que se necesita hoy y especialmente en el futuro, es que las personas resuelvan problemas y ofrezcan soluciones con creatividad. Hoy ya no tenemos un problema de acceso a la información, esa está presente en todos lados, lo que necesitamos ahora es enseñar a cómo utilizar esa información para convertirla en conocimiento y así promover una humanidad más próspera.

Necesitamos revisar, hasta qué punto, la educación como la hemos venido manejando, genera personas que se sienten felices con las actividades que desarrollan, pero también, que puedan y sepan generar su propias oportunidades, que cuenten con un espíritu emprendedor.

La educación es una herramienta muy importante para cambiar el mundo, para hacer del lugar en el que vivimos, un lugar mucho más amable, más sano. En especial, los momentos difíciles en cuanto a violencia e inseguridad que vivimos hoy en día, requieren que la educación tome un partido más activo, de manera que en el futuro se genere una sociedad mucho más colaboradora, más sana, y con mayores oportunidades para la población en general.

Desde mi perspectiva, así como estamos manejando la educación, únicamente seguimos replicando modelos que ya no están siendo funcionales, y que se han transformado incluso, en algunos casos, en los mismos generadores de problemas que estamos viendo diariamente en la sociedad.

Referencias

Ferrero, R. (2007) Estrategia didácticas del Aprendizaje Cooperativo; el constructivismo social, una nueva forma de ensenar y aprender. México. Trillas.

Hernández, G. (1998). Paradigmas en psicología de la educación. México: Paidos.

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Cómo citar este artículo en formato APA:

Leal, Emiliano (2019, 20 de enero). Qué retomar de los paradigmas educativos existentes para crear uno propio: una aproximación a mi propio modelo. Mi rincón de aprendizaje. Recuperado de: https://mirincondeaprendizaje.com/blog/una-aproximacion-a-mi-propio-modelo-educativo/

Educando para la copia, la escuela como origen del plagio.

Este ensayo fue escrito en el 2014, para el módulo de investigación de la Maestría en Comunicación y tecnologías Educativas del ILCE. Hoy, sigue totalmente vigente.

Por Emiliano Leal Sorriente

Introducción

El famoso “copy-paste” (copiar y pegar), se ha convertido en la pesadilla de los profesores y en el hábito diario de muchos estudiantes. Esta es quizá una de las formas más sencillas y más populares de plagiar, entendiendo esto como “Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”, según la Real Academia de la Lengua Española.

Lamentablemente, el plagio se ha convertido en algo común que no se da únicamente entre los estudiantes, ya que también académicos jóvenes, e investigadores,  han hecho del plagio algo que sucede día a día, sin que sean entendidas a fondo las consecuencias que tiene, y en muchos casos, sin que ni siquiera se den cuenta de que están cometiendo plagio, o entendido de mejor manera: robando ideas (Plagio académico, ¿robo y fraude?, 2008).

Trataré de exponer entonces, cómo es que el plagio se ha venido inculcando sin que nos demos cuenta, desde la escuela, y no ha terminado en la universidad, si no que se ha extendido mucho más allá en el tiempo, siendo una constante que se da en diversos ámbitos, y que se ha propagado mucho más con la llegada de las nuevas tecnologías y el caudal de información al que hoy tenemos acceso en internet, herramienta a la cual, según un estudio (Sureda, J. Comas, R. Morey, M., 2009), la mayoría de los profesores acusan de ser la principal causante del plagio.

La escuela y el plagio

Pareciera que no estamos acostumbrados a ver el plagio como algo reprobable y esto tiene que ver, desde mi punto de vista, con un problema que se origina en la educación misma. Durante años hemos crecido en un contexto educativo en el que para “aprender” algo se nos pedía copiar textos de monografías, de enciclopedias, y en el mejor de los casos, de libros, sin poner especial atención en que estábamos copiando algo desarrollado por otra persona, de manera que debíamos darle su crédito.

Pero sin duda, es también una cuestión ética, como lo indica Rojas (2012):

«La responsabilidad de dar crédito a los autores o autoras, cuyos textos o ideas se utilizan en el escrito, constituye una obligación ética de consenso en el ámbito académico y social. Desde tiempos escolares se aprende sobre el uso de comillas como signo de puntuación para anotar palabras, frases y párrafos ajenos». (p. 56)

En este sentido, creo que entender y utilizar el entrecomillado de las frases que no nos pertenecen, parece no haber sido suficiente, incluso creo que está más asociado a un uso correcto de la ortografía, que a una cuestión ética como tal. Esto lleva a que, desde mi perspectiva, se confunda esta idea con la de investigar.

En el caso de la investigación académica el plagio ocurre en diferentes formas. En diversas investigaciones (Howe y Moses, 1998, citado en Buendía, s/f; Silva D,. Cuevas R., Silva A., 2007) podemos encontrar que en ocasiones los autores traducen alguna publicación de un idioma distinto y la publican como si fueran propias.

Algo que también puede ser común, es el autoplagio. Pero, ¿puede uno plagiarse a sí mismo? En realidad sí, el autoplagio es volver a tomar un documento ya realizado y entregarlo nuevamente como si fuera nuevo o reciente y sin advertir directamente que se está reciclando (Rojas, 2012; Plagio académico, 2008).

El estudiante y el plagio

Desde que he sido profesor, me he dado cuenta de que los estudiantes poco parecen estar conscientes de la gravedad de estos temas y en muchos casos, lo consideran algo normal, que todos hacen y que además no tiene consecuencias, muchas veces porque el profesor no se da cuenta, o bien, porque no se toma el tiempo de enseñarle a sus alumnos sobre la gravedad de este tema. O peor aún, como menciona Campos (2006) se ha pasado de la indiferencia a la resignación.

En un trabajo de reflexión que solicité en alguna oportunidad, recuerdo haber recibido de un alumno, fragmentos de textos que de inmediato llamaron mi atención por el hecho de estar inconexos y porque había señalamientos que, aunque tenían relación con el tema central, no tenían nada que ver con lo que en la reflexión se solicitaba, característica que Rojas (2012) señala como punto a prestar atención para descubrir un plagio.

Fue muy fácil descubrir la trampa. Así como mi alumno había usado internet para obtener los textos, bastó con colocar en el buscador Google fragmentos del texto entrecomillado, lo que hace que el buscador localice las frases exactamente como uno las está escribiendo.

Mi primera búsqueda me remitió a un folleto publicitario, la segunda a un blog, y la tercera a una revista. Mi alumno se había dado a la tarea de, sin saberlo, investigar un poco del tema. Puede ser que las fuentes que eligió no hayan sido del todo confiables, pero de alguna manera había hecho un trabajo de investigación y en lugar de analizarla y reflexionar sobre ella, prefirió copiar y pegar fragmentos sin siquiera revisar si lo que estaba diciendo era coherente.

¿Por qué si ya había realizado búsquedas y había obtenido algo más de información sobre el tema no había hecho una reflexión propia? La respuesta fue que estaban acostumbrados a realizar los trabajos así y no sabía que eso era plagio. Sin embargo ya tenía la mitad del trabajo realizado, la parte de investigación, pero nunca se dio el tiempo de procesarla de manera personal.

En otra oportunidad, en un foro de discusión, un alumno parafraseó la reflexión de un compañero, cambiando el orden de las ideas y usando palabras distintas. Cuándo le pregunté si tenía algún inconveniente para trabajar sus textos, porque creía que había usado las ideas de su compañero, el alumno me dijo que sí lo había hecho y que era porque le costaba mucho expresar sus ideas. Le pedí que me diera su reflexión de manera oral en ese momento y descubrió que efectivamente podía hacerlo sin tener que copiar. Pero él sentía que no podía hacerlo y su solución inmediata fue copiar, sin dolo, pero al fin y al cabo, era un plagio.

Ética y plagio

Con esto quiero llegar a que parte de nuestra ética profesional como investigadores, debe estar relacionada a que, como docentes, enseñemos y expliquemos claramente a nuestros alumnos, primero, qué es el plagio y por supuesto las consecuencias que conlleva. Pero no podemos quedarnos solamente ahí, debemos también, enseñarles a no plagiar, y creo que es aquí en donde está el punto que ha permitido que el plagio se haga cotidiano. Muchos no saben cómo evitarlo, ni cómo utilizar la información de terceros de forma adecuada.

Y esto nuevamente me remite a que el problema del plagio está directamente relacionado a que nadie nos enseñó de manera correcta que no se debe plagiar y eso se replicará también en nuestras dinámicas profesionales, y en la de los investigadores del futuro. También me lleva a pensar que la costumbre del plagio, viene directamente desde el aula.

Si pensamos en el problema de la corrupción, como un problema social que también parte desde la educación básica con cosas tan sencillas como hacer trampa en una tarea (Ganem, 2002), también debemos ver que el plagio es algo que se origina en este mismo lugar y con dinámicas muy similares: profesores que no revisan las tareas o no se toman el tiempo de verificar si un trabajo fue plagiado.

Por otro lado, me cuesta mucho pensar que un investigador en el ámbito de la docencia, que necesariamente debería haber pasado por el aula como profesor en algún momento, si es que no continúa dando clases, desconozca las normas básicas de plagio y pueda afirmar que si realizó esa falta a la ética, fue por desconocimiento. Esto no ocurriría o no podría usarse como argumento, si cuidamos más el tratamiento del plagio convirtiéndolo en una norma generalizada desde la escuela.

Y tal como lo comenta Miranda (2013):

«La lucha contra el plagio ha de comenzar, desde luego, poniendo los medios para que, quienes desarrollan alguna actividad de investigación científica (en particular los que se inician en ella), adquieran la conciencia de que también en este ámbito hay reglas morales específicas que deben seguirse. Es decir, es necesario enseñar que el plagio es ilícito y por qué lo es».

Y pareciera que esto puede funcionar, tal como lo señala Palifka (s/f) en su documento Educando para evitar el plagio, donde señala que después de enseñar a los alumnos sobre el significado del plagio y cómo no cometerlo, se reducen considerablemente los casos.

Conclusiones

Si bien el plagio académico en todos los niveles se ha convertido en un problema serio, contraviniendo la ética y en algunos casos quebrantando leyes de derechos de autor, es decir cometiendo un delito, se hace necesario que este tema se aborde en las escuelas desde más temprana edad y hasta la educación profesional. Pero debe ser abordado de manera más profunda, para que no quede única y exclusivamente en la idea del estudiante, que con el simple hecho de citar algo entre comillas, ya no está plagiando, si no que debemos explicar las consecuencias que conlleva dicho acto y como se debe citar correctamente.

Un investigador o docente, por otro lado, no debería rebajarse y plagiar los contenidos de los textos, si no todo lo contrario, debería trabajar en contra de que esto suceda, por lo menos si es un investigador ético. Y por otro lado, creo que un investigador no debería argumentar desconocimiento sobre éste tema, pues la fuente de sus investigaciones es, justamente, el trabajo de muchos otros, y debe tener completamente claro cómo dar el crédito correspondiente, porque además, cuando la verdad sale a la luz, hace que el investigador quede expuesto y desprestigiado.

Si bien es cierto que en este texto no podemos analizar absolutamente todo la problemática del plagio, pretende ser un primer planteamiento sobre como la educación que hemos obtenido desde pequeños ha influido en que esto ocurra. Y también, quizá comenzar a generar un diálogo sobre este asunto.

Referencias

Plagio académico, ¿robo y fraude? (2008) . Información tecnológica, 19(4), 1. Recuperado el 21 de febrero de 2014, de http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-07642008000400001&lng=es&tlng=es. 10.4067/S0718-07642008000400001.

Buendía, L. y Berrocal, E. (s/f). La Ética de la Investigación Educativa. Granada: Universidad de Granada. Recuperado el 2 de enero 2018, de http://www.ugr.es/~emiliobl/Emilio_Berrocal_de_Luna/Asignaturas_files/E%CC%81tica%20de%20la%20Inv%20Educativa.pdf

Campos M. P. (2006). Apuntes sobre redacción y plagio académico. Revista Virtual Universidad Católica del Norte, (19) Recuperado el 20 de febrero de 2014, de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=194220467010

Ganem, P. (2002) Escuelas que Matan. ¡Vivillo desde chiquillo! La función de la tarea y la corrupción (p.144-153) México D.F.: Edimich InterWriters.

González T., M. & Mattar V., S. (2011). ¿Es el plagio una sorpresa? ¿Acaso tiene clase?. Revista MVZ Córdoba, 16(3) 2657-2658. Recuperado el 24 de febrero de 2014, de  http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=6932239900

Laverde. F. (2008, enero-junio) Yo plagio, tú plagias, nosotros plagiamos… Plagiarism – Plagiat – Plagio. Investigaciones Andina, 10 (16). Recuperado el 20 de febrero de 2014, de http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0124-81462008000100001

Palifka, B. (S/f) Educando para evitar el Plagio. Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey. Recuperado el 23 de febrero de 2014, de http://ciige.mty.itesm.mx/memorias/CIIGE_VII/common/memorias/folio_007.pdf

Rojas, M. Á. & Olarte Collazos, J. M. (2010). Plagio en el ámbito académico. Revista Colombiana de Anestesiología, 38(4) 537-538. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=195119002010

Rojas, M. E. (2012). Plagio en textos académicos. Revista Electrónica Educare, 16(2) 55-66. Recuperado el 20 de febrero de 2014, de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=194124286004

Miranda, A. (2013). Plagio y ética de la investigación científica. Revista chilena de derecho, 40(2), 711-726. Recuperado el 24 de febrero de 2014, de http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-34372013000200016&lng=es&tlng=es. 10.4067/S0718-34372013000200016

Sureda, J. Comas, R. Morey, M. (2009), Las causas del plagio académico entre el alumnado universitario según el profesorado. Revista Iberoamericana de Educación (50)  pp. 197-220. Recuperado el 27 de febrero de 2014, de http://www.rieoei.org/rie50a10.pdf

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Buscando nuevas formas de enseñar y aprender

Por Emiliano Francisco Leal Sorriente

Escribí este texto en 2013 para mis estudios de la Maestría en Comunicación y Tecnologías Educativas en el ILCE, hoy que lo releo, veo que sigue vigente, y que aún seguimos búsqueda sobre hacia dónde deberían ir los modelos educativos, y más aún con la incorporación de las nuevas tecnologías tanto a los salones de clases como a la vida diaria.

Es necesario buscar nuevas estrategias de enseñanza aprendizaje en las aulas

Aunque los enfoques alternativos de educación, en realidad tienen una larga historia de desarrollo, pareciera que no es hasta éste momento en el que comienzan a resonar por los pasillos de las escuelas de manera más fuerte, en la búsqueda de nuevas formas de aprender.

Y aunque nos cuesta pensar que puede haber formas distintas de aprender, pareciera que esos conceptos han comenzado a cambiar poco a poco, y estamos llegando a un buen momento para la educación, que se ha permeado de nuevas visiones que hacen de la aprendizaje algo mucho más humano, más natural e incluso más divertido.

Algo interesante es que esta nueva visión no solo está permeando el campo educativo. Tenemos ejemplos de empresas innovadoras y exitosas como Google, o Ideo.org, dónde el juego, la vivencia de nuevas experiencias, propiciar espacios de oficina no tradicionales, y el impulso de la creatividad han dado buenos resultados, a tal grado, que se han convertido en el sustento de su negocio.

Esta quizá puede ser una de las razones por las cuales hoy se ha comenzado a pensar más modelos innovadores de educación, que permitan un desarrollo más natural de las personas.

Antecedentes

Pero tenemos también antecedentes históricos interesantes que buscaban enfocar la educación en procesos naturales de adquisición de conocimientos y la búsqueda de los mismos según los intereses personales.

El estadounidense John Dewey consideraba ya a principios de siglo que la educación debía estar orientada al aprendizaje según las experiencias (Westbrook, 1993), algo que hoy se aborda bastante en las teorías del aprendizaje significativo. El belga Ovide Decroly hablaba en esa misma época del aprendizaje basado en el juego (Decroly y Mochamp, 2002) y que hoy se implementa en muchos de los modelos educativos de preescolar y primaria. Tenemos también las ideas de educación para la inclusión en un ambiente de democracia y capacidad de toma de decisiones de los alumnos del brasileño Paulo Freire (Iovánovich, S/f).

Que estos modelos no prosperaran antes, mucho se debe a las políticas educativas implementadas durante el siglo XX, en donde, “en respuesta a las demandas sociales de educación de la población, apoyaron la popularización de la educación también llamada ‘educación de masas’ y generaron nuevos programas estratégicos para la construcción de más centros convencionales de educación”, tal como lo señala Zamora (2009) en su texto “Nuevos Modelos Educativos para Nuevas Generaciones: La Generación Net”  o dicho de otra manera, podríamos hablar de una industrialización de la educación.

No es raro que también exista una resistencia al cambio entre los profesores, e incluso entre los mismos alumnos ¡Yo siempre he enseñado así, y así lo seguiré haciendo! Podrán expresar algunos docentes, afirmación que por cierto cierra totalmente la posibilidad de llevar a la práctica acciones experimentales que nos pueden llevar a descubrir nuevas formas de fomentar el aprendizaje, probando cosas nuevas, generando nuevos espacios educativos, ensayando, equivocándose, y teniendo la experiencia de haberlo vivido.

Esto quiere decir que hemos venido recorriendo un largo camino de exploración y de aprendizaje sobre el mismo aprendizaje, que va muchos siglos atrás, y afortunadamente existen proyectos educativos que buscan rescatar estas experiencias generando espacios educativos nuevos, acorde también, a los nuevos tiempos y exigencias.

La tecnología está transformando las formas de enseñar y aprender

La llegada de las TIC y la transformación educativa.

Además de estas visiones, en otro frente tenemos a las Tecnologías de la Información y la Comunicación, que también han impulsado el cambio en las visiones educativas otorgando nuevas herramientas que pueden ser fácilmente adaptadas en el aula para propiciar el aprendizaje.

Guillermo Cardona Ossa, nos explica en su texto “Tendencias Educativas para el Siglo XXI: Educación Virtual , Online y @Learning. Elementos Para La Discusión” que “una de las principales contribuciones de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), sobre todo de las redes telemáticas, al campo educativo es que abren un abanico de posibilidades en modalidades formativas que pueden situarse tanto en el ámbito de la educación a distancia, como en el de modalidades de enseñanza presencial” (Cardona, 2002).

La tecnología ha hecho que la educación necesariamente tenga que transformarse, pues las nuevas generaciones parten de un contexto muy distinto a las anteriores, en donde la obtención de información ya no es un problema. El verdadero problema está en verificarla y clasificarla, para poder discernir.

En este sentido, Zamora explica que “Las nuevas generaciones de estudiantes, plantean la necesidad de tener sistemas de educación y modelos pedagógicos acordes a las nuevas realidades de los estudiantes de la generación Net. La educación centrada en el aprendizaje plantea la necesidad de ‘aprender a aprender’. Esto significa desarrollar nuevos métodos de aprendizajes dirigidos a construir reflexivamente nuevos conocimientos en este tipo de estudiantes” (Zamora, 2009).

Y en este punto no sólo hablamos de modelos educativos a distancia, que es una de las formas en las que habitualmente se usa la tecnología. También hablamos del uso de diversos dispositivos electrónicos en clase que nos pueden ayudar a enriquecer el aprendizaje. Y por supuesto, de la gran base de datos que representa internet con su basta información. La tecnología ha permeado a la sociedad como nunca antes, y el conocimiento también se ha visto afectado por esta condición tal como lo señala Cardona (2002): “En la sociedad del conocimiento el valor agregado ya no proviene de los factores clásicos de producción ‘tierra, capital y trabajo’: viene de la tecnología antes que todo”.

Gracias a la tecnología hoy es más fácil acceder a grandes fuentes de información.

Así pues, estamos ante la oportunidad de reflexionar sobre nuestros modelos educativos actuales, para que en conjunto con las nuevas tecnologías podamos generar nuevas formas de enseñar, pero también, nuevas formas de aprender.

Referencias

Cardona O. G. (2002) Tendencias Educativas para el Siglo XXI: Educación Virtual , Online y @Learning. Elementos Para La Discusión. Recuperado el 5 de septiembre de 2013 de http://www.edutec.es/revista/index.php/edutec-e/article/view/542/276,

Zamora C. E (2009). “Nuevos Modelos Educativos para Nuevas Generaciones: La Generación Net».  Recuperado el 28 de diciembre de 2018 de https://www.academia.edu/17262641/NUEVOS_MODELOS_EDUCATIVOS_PARA_NUEVAS_GENERACIONES

Westbrook, R. B. (1993). John Dewey,  Perspectivas: revista trimestral de educación comparada. vol. XXIII (1,2) págs. 289-305. Paris: UNESCO. Recuperado el 28 de diciembre de 2018 de http://www.ibe.unesco.org/sites/default/files/deweys.pdf

Decroly O. y Mochamp E. (2002). “El juego educativo: iniciación a la actividad intelectual y motriz”. Cuarta Edición, 2002. Morata. Disponible en línea en: http://books.google.es/books?id=5iW91Pjul04C&lpg=PP1&ots=GaMldeLUSc&dq=decroly&hl=es&pg=PA6#v=onepage&q&f=false

Iovánovich M.L. (S/f) El pensamiento de Paulo Freire: sus contribuciones para la educación. Recuperado el 4 de septiembre de 2013 de: http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/freire/iovanovich.pdf

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Más allá de la Generación Net: Las generaciones venideras

Por Emiliano Francisco Leal Sorriente.

Este ensayo fue escrito en 2014 para la Maestría en Comunicación y Tecnologías Educativas. Aunque el artículo sigue vigente en su contenidos, para ese año no se había popularizado tanto el término «Generación Z», y había cierta confusión en cuanto a qué generación representaba a los «Millennials» o «Generación Net». Las edades indicadas en el artículo corresponde a la que tenían en el 2014.

Resumen

Nos encontramos en un momento importante a nivel educativo, ya que estamos justo en la etapa de transición entre dos generaciones, la Generación Net, ampliamente estudiada, y la generación que le sigue, y de la cual no tenemos aún asignado un nombre específico, por lo menos en el campo de la Pedagogía, aunque algunos ya la han nombrado como Generación Next, Z o de Nativos Digitales. En este contexto, efectivamente se hace necesario seguir profundizando sobre la Generación Net, pero urge que comencemos a estudiar a la nueva generación que ha comenzado a formar parte de las aulas.

Introducción.

Imaginemos la siguiente situación: entramos por primera vez a nuestro salón de clases, nos espera un flamante grupo lleno de jóvenes alumnos. En primera instancia lo que vemos es lo que han visto muchos profesores por años, alumnos sentados en sus bancas con la expectativa de conocer a su nuevo profesor y saber qué es lo que van a aprender. Pero no están solos, en una segunda mirada notaremos que hay algunos acompañantes inusuales que parecen no separarse de ellos. En las mesas vemos celulares, tabletas, iPods, y un sin fin de dispositivos electrónicos que los acompañan. Algunos de nuestros alumnos llevan audífonos, otros miran una pequeña pantalla, y otros agitan sus pulgares sin cesar en sus celulares.

Nos encontramos ante un grupo que poco a poco comienza a aumentar en los salones de clases. Alumnos interconectados, acostumbrados a la interacción social a través de dispositivos móviles, y a buscar y encontrar información de manera inmediata.

Pero, ¿quiénes están en las aulas actualmente? Nos encontramos justo en una transición entre generaciones, una de las cuáles a nivel pedagógico ha sido ampliamente estudiada, y otra de la cuál aún conocemos muy poco.

Tapscott (2009) define a la Generación Net, como todos aquellos nacidos entre 1977 y 1997, que también es conocida como Generación Y o Milenarios, y que hoy tiene entre 37 y 17 años, es decir, están en plena etapa productiva, y algunos inician sus estudios universitarios. Aunque pareciera haber coincidencia entre autores sobre las fechas que abarca esta generación, otros afirman que la Generación Net va directamente de 1980 a 1999 (Dávila, 2006). También hay quienes incluyen dentro de esta generación a los nacidos hasta el 2005, y otros hacen una separación entre la Generación Net y los que nacieron entre 1995 en adelante (Piscitelli, 2006; JWT, 2012).

Pero, ¿qué pasa exactamente con los que nacieron después del 2000? Desde mi punto de vista, se trata de una generación nueva y muy diferente a la llamada Generación Net. Hoy, muchos de ellos ya se encuentran cursando la escuela, y podríamos decir que están comenzando a pasar a la secundaria, pues ya tienen entre 13 y 14 años.


El arribo de la nueva generación.

Es difícil encontrar una definición exacta sobre cómo llamar a esta generación venidera, pues es hay pocos teóricos o investigadores que estén trabajando el tema a nivel educativo, y la información académica enfocada a pedagogía es escasa, no así la información orientada a fines de mercadotecnia y publicidad, quienes ya tienen amplios estudios sobre éste tema. Tapscott (2009) la define como Generación Next, pero otros se han inclinado por llamarla Generación Z o incluso la Generación Wii, usada especialmente en el área de mercadotecnia (Horovitz, 2012), aunque también podemos encontrar referencias de este grupo con el nombre de Generación de Nativos Digitales (Prensky, 2001).

Es importante que hagamos la separación entre estas dos generación, ya que nos encontraremos con casos sumamente distintos. ¿Por qué planteo esto? Debido a que la Generación Net, si bien nació en un momento importante del desarrollo de las tecnologías, aun estaba comprendiendo su funcionamiento, y muchas de las aplicaciones que hoy utilizan no surgen si no hasta mucho tiempo después de la finalización de ésta generación.

Pensemos en Facebook, que surge en 2004. Muchos de la Generación Net tuvieron su primer encuentro con estas redes sociales ya a una edad más avanzada, debieron aprender a utilizarlas, descubrir las consecuencias que pueden tener, y comprender cómo relacionarse con las personas a través de ellas.

¿La generación siguiente no tuvo que aprender? Por supuesto que sí, pero ya había un antecedente, algunos incluso son hijos de parte de la Generación Net (Buscaglia, 2013) y nacieron con la existencia de una red social consolidada que cambió en muchos aspectos la forma en la que nos relacionamos, pero su inmersión en estos sistemas fue de forma muy distinta, incluso desde temprana edad (a pesar de que Facebook restringe  la suscripción de personas menores de 13 años).

A ellos también les parece lo más natural la existencia de sitios como Google (cuyo surgimiento a principios del siglo XXI, cambió la forma en el que las personas tenían acceso a la información), o YouTube, surgida en 2005.

Y más aún, si bien la Generación Net ha convivido con el celular desde hace bastante tiempo, no es hasta después del año 2000 que se comienzan a masificar los dispositivos que permiten conectarse a la red, y peor aún, no es hasta que Apple lanza el iPhone, en 2007, que los celulares con tecnologías táctiles hacen una incursión agresiva en el mercado. ¿Algo más? Sí, las tabletas, que parecieran tener una participación en el mundo desde hace mucho tiempo, fueron introducidas apenas en el 2010, cuando Apple lanza su primera iPad. Tecnologías que se vienen a sumar a los “antiguos” medios de comunicación, y qué terminan de cerrar la mancuerna tecnológica y mediática a la que hoy se enfrentan los niños.

Al respecto, Piscitelli (2006) señala lo siguiente:

«Por primera vez en la historia la generación de chicos actuales, nacidos entre mediados de los noventa y principios del año 2000 se están introduciendo a/en los medios (la cultura, el mundo, la subjetividad) a través del intermediario digital y ya no a través del papel o de la imprenta. Contra muchas protestas y consejos en contrario, un tercio de los niños de 0-6 años (36%) tienen TV en su dormitorio, más de 1 de cada 4 (27%) tienen VCR o DVD, 1 de cada 10 tiene un videojuego, 7% tiene computadora; 30% de los chicos entre 0-3 años tienen televisión en el cuarto y 43% de los de 4-6 años también».

Si bien nos preocupaba que la Generación Net se perdiera horas frente a su computadora navegando en internet, ahora debemos preocuparnos de que la Generación Next, Z o de Nativos Digitales, se distraiga fácilmente para atender mensajes y notificaciones en su celular, por ejemplo.

Pero hay otros puntos clave para entender que se trata de generaciones diferentes. El investigador Mark Prensky (2010), quién no habla todavía de la Generación Z, si no que incluye a todos los estudiantes dentro de la Generación Net, afirma que otra de las razones para entender que las generaciones son distintas están relacionada con factores que tiene que ver con lo neurobiológico y la “plasticidad” que muestra el cerebro para conformarse según los distintos estímulos externos durante su desarrollo. A esto, suma también factores  psicosociales haciendo alusión a los “los patrones de pensamiento de cada uno cambian en función de sus experiencias”.

Se podría decir que algunas de las claves de ésta nueva generación (Buscaglia, 2013), es que están hiperconectados, y manejan casi todos los lenguajes digitales, como celulares, tabletas, televisiones inteligentes y, por supuesto computadoras, además de que la inmediatez tecnológica los ha hecho más impacientes, pero también son más inteligentes para comprar, pues saben que pueden acceder a mucha información sobre productos y hacen uso de ella para tomar decisiones de compra.

Conclusión.

En el campo de la educación, aún hay una brecha importante entre la correcta aplicación de las TIC y cómo los estudiantes están utilizando la tecnología, tal como lo señala Ferreiro (2006): “El uso de las tic en la carrera espacial es un problema resuelto. También su empleo en el comercio y el mercado; así como en los servicios médicos, pero en la educación es algo aún pendiente”. Pero no sólo eso, yo agregaría que también estamos atendiendo tarde los cambios de generación, enfocándonos todavía en como tratar educativamente a una generación que va a ser pronto relevada por una más joven y con distintas características.

Mientras, otras disciplinas, especialmente la mercadotecnia, ya tienen clara la llegada de la nueva generación, y afirman cosas como las que encontramos en el artículo de Álvarez (2014):

«¿El reto? Revolucionar paradigmas. Pensar que, a lo mejor, sí hace sentido involucrarse más en aspectos sociales, en comunicarse a través de nuevos medios como el mini-video de Vine o lo híper-visual e intiuitivo de Pinterest, Tumblr o Snapchat entre otras plataformas. Dejar de pensar que Facebook, o incluso Twitter, son el alfa y el omega del new media y buscar integrar canales diferentes para ofrecer una experiencia mucho más rica y vivencial, una experiencia que permita a los consumidores soñar en un mundo mejor o al menos diferente».

¿Y si aplicáramos la anterior cita también a la pedagogía? En la educación aún no estamos viendo que hay una nueva generación detrás de la Net que viene con nuevos rasgos y características a tomar las aulas de manera inminente, lo que suma un pendiente más al campo de estudio de la pedagogía.

En este sentido, es necesario poner atención lo antes posible a lo que está sucediendo con este nuevo grupo, y por supuesto que tenemos que seguir estudiando a la Generación Net, pues gran parte de ellos ya está en la preparatoria y la universidad, pero por otro lado, la generación que viene ya está en sus primeros años educativos y pronto reemplazará a la Generación Net, lo cual no podemos perder de vista.

Referencias.

Álvarez K, F. (Marzo, 2014). Generación Z: cómo salir del sarcófago de Mumm-Ra. Forbes México. Recuperado el 6 de septiembre de 2014, de http://www.forbes.com.mx/generacion-z-como-salir-del-sarcofago-de-mumm-ra/

Buscaglia, T. (2013) El arribo de la Generación Z. La Nación. Recuperado el 2 de septiembre de 2014, de http://www.lanacion.com.ar/1611438-el-arribo-de-la-generacion-z

Davila, S. (2006). Generación Net: visiones para su Educación. Orbis. Revista Científica Ciencias Humanas, 1(3) 24-48. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=70910303

Ferreiro , R. F. (2006). El reto de la educación del siglo XXI: la generación N. Apertura, 6(5) 72-85. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=68800506

Horovitz, B. (Mayo, 2012) After Gen X, Millennials, what should next generation be? USA Today, Recuperado el 2 de septiembre de 2014, de: http://usatoday30.usatoday.com/money/advertising/story/2012-05-03/naming-the-next-generation/54737518/1

JWT (April 2012) Gen Z: Digital in their DNA. J. Walter Thompson Company. Consultado el 8 de septiembre de 2014, en http://www.jwtintelligence.com/wp-content/uploads/2012/04/F_INTERNAL_Gen_Z_0418122.pdf

Piscitelli, A. (2006). Nativos e inmigrantes digitales. ¿Brecha generacional, brecha cognitiva, o las dos juntas y más aún?. Revista Mexicana de Investigación Educativa, 11(28) 179-185. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=14002809

Prensky, M. (2010). Nativos e inmigrantes digitales. Distribuidora SEK. Recuperado el 4 de septiembre de 2014, en http://www.marcprensky.com/writing/Prensky-NATIVOS%20E%20INMIGRANTES%20DIGITALES%20(SEK).pdf

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Tapscott D. (2009) La era digital. Cómo la generación net está transformando al mundo. México. Mc Graw Hill

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