Mes: julio 2019

La fascinante experiencia de tener un huerto en la escuela

Junto con mi colega Lucy González, escribimos este texto para hablar de nuestra experiencia de trabajo en el huerto escolar de la preparatoria del Queen Mary School, la cual ha sido una de las vivencias educativas más gratificantes y enriquecedoras que he tenido. La publicación original se puede encontra en este enlace: https://www.facebook.com/notes/queen-mary-school/la-fascinante-experiencia-de-tener-un-huerto-en-la-escuela/2194664563962922/

Por Lucy González y Emiliano Leal Sorriente.

Hace un año que Preparatoria se encarga del huerto escolar, y es responsabilidad de los alumnos cuidar las hierbas medicinales y hortalizas que sembraron, en algunos casos, desde semillas.

Los martes y los jueves, después del segundo receso, los chicos de Pintura IV y V, antes de llegar al salón de artes, dejan sus cosas para subir al Huerto Urbano, como parte de un proyecto especial de la materia.

Trabajar en el huerto, significa aislarse por un momento de la vida cotidiana, de los incesantes ruidos de la ciudad e incluso de los problemas. Es un lugar de tranquilidad, en convivencia con un ambiente natural que los mismos alumnos han creado.

En este pequeño oasis, ya no sólo hay plantas. A este lugar han llegado otros seres que conviven en armonía. Pequeñas aves, abejas y algunos otros insectos que ayudan al huerto a mantenerse sano, se han apropiado del espacio, generando un ecosistema particular raramente visto en una ciudad.

Lo primero que hacen los estudiantes es revisar cuánto han cambiado las plantas desde la última vez que las vieron. Algunas han crecido más de lo pensado, y otras, quizá no se han desarrollado como creían, lo que los lleva a pensar si les hará falta algún nutriente o más agua. Verifican si alguna tiene plaga y si podemos hacer algo para ayudar a la planta. Evalúan si se requiere algún soporte, para elaborarlo. Preparan sus cámaras por si ya les salieron flores.

Pero la alegría máxima de la experiencia es cuando descubren que algunas ya han producido frutos, pues es ahí donde el resultado de su cuidado trabajo se manifiesta. En cuanto empiezan a llenar sus regaderas, trabajan juntos para que a ninguna le falte agua y cuando han terminado, curiosamente, ellos mismos inician una reflexión acerca de lo que les gustaría sembrar después, o el uso que se les puede dar a las que especies que ya están maduras.

En algunas ocasiones la curiosidad les gana y después de una ligera limpieza, terminan probando las hojas de lechuga morada, mostaza, jitomates o las fresas, incluso se llevan a sus casas hojas de menta, cedrón, hierbabuena, orégano o tomillo limonero para hacerse infusiones. Saben que todo está completamente limpio y libre de sustancias tóxicas porque ellos han preparado la tierra previamente, adicionando restos de café, cascarones de huevo y cáscaras de plátano molidos para que sus plantas tengan los nutrientes necesarios.

El trabajo en el Huerto Urbano tiene el objetivo de enseñar a los chicos acerca de un tema que les es completamente ajeno. La vida en la ciudad hace que ignoremos por completo de dónde viene el brócoli, el apio o las calabacitas que comemos diariamente, cómo han sido sembrados y el esfuerzo que requiere producirlas.

El tiempo y cuidado que necesita una planta para que produzca frutos es motivo de asombro para ellos, y en muchos casos, descubren que les apasiona cuidar de las plantas y empiezan a hacer preguntas para replicar el modelo en sus casas.

Algo muy importante de mencionar acerca del trabajo en el Huerto Urbano Queen es que sirve como un laboratorio vivo para lo que explorar modelos de negocio para la materia de Emprendimiento, ya que actualmente un equipo se encuentra trabajando en la forma en la que podrían generar productos para la comunidad Queen.

El proyecto del Huerto Urbano Queen está inspirado 100% en la misión de la escuela, que busca “formar personas íntegras, competentes, con una visión humanista, que tengan sentido de responsabilidad social y que estén comprometidas con su comunidad y el medio ambiente”.

Imágenes: Archivo personal.

Proyecto de sistema de evaluación disruptiva para las materias de Emprendimiento de nivel bachillerato y Pensamiento de Diseño de Licenciatura.

Imagen: Pixabay.com (2015)

Por Emiliano Francisco Leal Sorriente.

Realicé este proyecto a finales de diciembre de 2015 como parte del Diplomado en Educación Disruptiva que tomé como módulo adicional dentro de la Maestría en Comunicación y Tecnologías Educativas.

Contexto de la aplicación.

Este proyecto busca generar una propuesta innovadora y disruptiva para realizar la evaluación académica de los estudiantes de dos materias específicas: “Emprendimiento”, para bachillerato impartida en una escuela privada, y “Pensamiento de diseño (design thinking)” para tronco común que se imparte en una universidad especializada en negocios.

A todas luces, se trata de dos materias que irrumpieron de manera importante en dos programas educativos tratando de romper un poco con la visión tradicional de las materias curriculares,y convirtiéndose en una opción que permita a los estudiantes generar nuevas habilidades que se requieren hoy en el entorno social y laboral.

Ambas materias tiene relación entre sí, ya que plantean la elaboración de una idea que se pueda convertir en realidad para generar un proyecto de emprendimiento, y tienen un temario similar, por lo que se decidió abordar las dos materias en esta propuesta.

Problemática.

Uno de los mayores problemas que enfrenta hoy la educación tiene que ver con la forma de evaluar. No es un tema nuevo y aunque ha estado en la agenda educativa por mucho tiempo, hoy la discusión en torno a esto parece tomar fuerza con la aparición de las nuevas tecnologías.

Se trata de uno de los puntos más polémicos a nivel educativo, ya que se sigue planteando una evaluación que pareciera ser anticuada, y que ha evolucionado poco. Y aunque si bien existen algunas nuevas propuestas, se suele caer en el mismo esquema de tabulación numérica y evaluaciones tradicionales.

Imagen: Pixabay.com (2017, julio 6)

Pensemos en la clásica evaluación a través de exámenes que sirve para arrojar un número. Dicho número no representa en realidad todo lo aprendido por los estudiantes, si no que sólo mide una fracción a partir del criterio de quién realizó dicho examen, es decir, es una evaluación parcializada y subjetiva.

Por otro lado, ya el mero hecho de catalogar con un número implica que estamos dando una opinión sesgada del aprendizaje, en la que pueden entrar en juego infinidad de factores, algo que con los exámenes puede suceder habitualmente: “Los estudiantes suelen calificar los exámenes como desagradables. El efecto que produce en los alumnos no es uniforme, sino que está en función de múltiples variables” (Bausela, 2005). Y sin mencionar que la retroalimentación suele quedarse solo en un «aprobado» o «desaprobado».

Si bien ambas materias para las que se plantea este proyecto se desarrollan con base en la elaboración de proyectos (lo cual puede resultar innovador en algunos sentidos), siguen siendo evaluadas de forma tradicional, generando una calificación numérica.

Después de lo expuesto anteriormente, el reto entonces, es vincular la evaluación de dichas materias con algo más cercano a la realidad, que permita que los alumnos obtengan una retroalimentación más clara sobre su trabajo y sobre lo aprendido, generando además un nuevo concepto de evaluación.

En este sentido, este proyecto busca generar y recuperar algunas ideas que puedan servir como un punto de partida para consolidar diversas técnicas de evaluación disruptiva, así como proponer un cambio de visión sobre dicho tema para que pueda ser bien recibido por las instituciones formales, y por supuesto, otorgarle una nueva perspectiva a la evaluación para que se convierta en parte del proceso de enseñanza aprendizaje, y no en la temida etapa que ningún estudiante quiere ver llegar.

Justificación.

¿Por qué hablar de evaluación disruptiva? Lo primero que habría que observar es que, no sólo en México, si no que en gran parte del mundo, el tema de la evaluación ha generado gran polémica en la sociedad. Pero esto también se debe a que no nos hemos puesto totalmente de acuerdo sobre qué significa evaluar, y mucho menos, en cómo debemos hacerlo hoy, considerando que estamos frente a nuevas opciones educativas.

Pixabay.com (2017, Julio 20)

Es curioso que por ejemplo, maestros que están acostumbrados a evaluar a sus alumnos todo el tiempo, tengan miedo o se nieguen a ser evaluados. Eso quiere decir, que desde un inicio, la evaluación es vista como algo malo. Si resulta malo para los maestros, imaginemos lo que sentirán los alumnos ante dichos procesos.

Esto en parte quizá se deba a conceptos asociados por la evaluación que a veces parecen sólo referirse a determinados aspectos, tal como lo plantea Santos (1999) al proponer nuevos sistemas de evaluación:

“Se habla de evaluación refiriéndose a procesos de carácter comparativo aplicados a mediciones de resultados, se llama evaluación a fenómenos de rendimiento de cuentas impuestos por la autoridad, se denomina evaluación al análisis diagnóstico realizado mediante instrumentos que permiten cuantificar los datos, se habla de evaluación cuando se realiza la comprobación del aprendizaje de los alumnos…” (p.2)

Así pues,  se hace necesario pensar en una nueva forma de evaluar, que no genere esa tensión en el estudiante, pero que a la vez les permita entender cuáles son sus áreas de oportunidad reales. En este sentido, pareciera que resulta más efectiva la retroalimentación, el problema es que al momento de pasarla a una escala como suelen solicitar casi todos los sistemas educativos que predominan actualmente, ésta suele sesgar la visión del estudiante, que sólo recordará que tuvo un 8 ó 9, pero pronto olvidará el por qué.

Propósitos.

Este proyecto busca plantear una nueva forma de evaluación acorde a las nuevas materias que se van a presentar en el ámbito educativo, y que tengan más vinculación con la realidad, permitiendo a los estudiantes tener un acercamiento al contexto al cual se enfrentarán, y que además resulte también en una forma de aprendizaje gracias a la retroalimentación.

A corto plazo, se busca probar este sistema de evaluación para validar su funcionamiento y realizar las mejora pertinentes. A mediano plazo, incorporar de manera oficial este sistema de evaluación en las materias señaladas, y por último, a largo plazo, generar nuevas propuestas de evaluación para otras materias de ambas instituciones educativas.

Metodología.

Para la elaboración de este proyecto, se plantea emplear la técnica de Pensamiento de Diseño (Design thinking), que actualmente es utilizada en muchos de los procesos de innovación que emplean tanto empresas, como emprendimientos, y en general está siendo adoptada por muchas disciplinas.

Dicha técnica señala que a partir de entender un problema, hay una serie de pasos que debemos seguir para encontrar soluciones innovadoras, como son la observación directa e indirecta, el involucramiento empático con dicho problema para definir conceptos, la generación de ideas en torno a ella, la búsqueda de alternativas, la realización y prueba de prototipos, y por último la generación de un producto que permita resolver dicha problemática (IDEO et. al, s/f; Institute of Design at Stanford, S/f).

Imagen: Freepick.com (2018)

En este sentido, lo primero que se hizo es realizar una observación directa e indirecta de los procesos educativos de estas materias, así como sus principales actores, con el fin de obtener algunos datos que nos permitan generar un primer punto de vista. Posteriormente, se realizó una investigación de los actuales sistemas de evaluación, y se ubicaron algunas alternativas así como propuestas nuevas al respecto, con el fin de obtener un panorama completo que nos permita posteriormente establecer algunas de las características principales que debería tener una evaluación disruptiva, y de qué manera se podría aplicar.

También se socializó el problema con profesores y estudiantes, para así obtener una retroalimentación que nos permitió comenzar a pensar en soluciones a la problemática de la evaluación.

Así, se plantea generar un prototipo de evaluación para ser probado en alguna de dichas materias, y que sirva como base para la generación final de un sistema que proporcione una evaluación más certera para estas dos materias, pero que también podría ser aplicada en otros cursos.

Marco de referencia.

Si queremos hablar de evaluación, es importante que comprendamos el concepto en su contexto histórico y actual, para entonces poder plantear nuevas alternativas que se adapten al “nuevo normal” que vivimos en la educación actual y que está cambiando a las instituciones educativas (Piscitelli, 2015).

Como ya lo hemos señalado anteriormente, una evaluación pareciera estar más enfocada a “medir” de manera cuantitativa los resultados obtenidos, lo cual es muy conocido en el contexto educativo. La calificación, se ha convertido en la forma de determinar el aprendizaje de los alumnos, con ese número sabemos si acredita o no una materia, si es bueno o mal estudiante, pero no nos señala específicamente qué se tiene que mejorar.

Imagen: Pixabay.com (2014, octubre 3).

Los sistemas escolares de casi todo el mundo, siguen este patrón, y piden que las instituciones educativas generen año con año números en los alumnos que medirán sus avances, indicarán si saben o no, si son capaces de algo o no. Se cataloga a los estudiantes con un número, dejando de lado otros aprendizajes que no pueden ser medidos de esta manera. Sin embargo, es importante que comencemos a pensar que “la evaluación no debe ser un arma, sino una ayuda, debe ser una herramienta para que el aprendizaje suceda en vez de ser precisamente su freno” (Acaso, 2015).

Además, hay factores que no se están evaluando adecuadamente, como las habilidades sociales, la inteligencia emocional, y otras competencias que el mundo actual exige. Hoy la prueba más famosa de evaluación mundial, el Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), que maneja la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), basa su medición a través de un examen escrito que se aplica a los estudiantes de 15 años, que se realiza en dos horas, y que sólo toma en cuenta áreas de lectura, matemáticas y ciencias (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, s/f), dejando de lado todos los demás aprendizajes.

Pero curiosamente esta posición dista mucho de las nuevas tendencias educativas, que buscan un aprendizaje integral, como lo planteado por Delors (1994) con respecto a los cuatro pilares de la educación:

“Aprender a conocer, es decir, adquirir los instrumentos de la comprensión; aprender a hacer, para poder influir sobre el propio entorno; aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con los demás en todas las actividades humanas; por último, aprender a ser, un proceso fundamental que recoge elementos de los tres anteriores. Por supuesto, estas cuatro vías del saber convergen en una sola, ya que hay entre ellas múltiples puntos de contacto, coincidencia e intercambio.”

En este sentido, la evaluación entonces, debe cumplir un papel que lo transforme en parte del proceso de enseñanza y aprendizaje, pero integrando la mayoría de los conocimientos adquiridos.

Propuesta de Sistema de Evaluación.

Para la elaboración de esta propuesta, nos hemos basado en los distintos datos investigados, así como en conversaciones con profesores y alumnos sobre cuál debería ser la mejor manera de evaluar dicho estas materias.

Lo primero que hay que señalar es que para esta evaluación se propone un esquema de cuatro aspectos a considerar, que además involucra distintos actores. Es decir, será una evaluación de cuatro niveles, como se explica a continuación.

Nivel 1: Presentación del proyecto.

Debido a que ambas materias están enfocadas a la realización de un proyecto, está será la primera parte de la evaluación. Es importante vincular a los estudiantes cada vez más a un contexto real, por lo que se propone invitar a expertos en el tema y a probables usuarios para que conformen un panel de sinodales de 6 personas, que evalúen su proyecto y sus prototipos, y que conformen el 20% de la evaluación total. Para esta presentación, los estudiantes deberán apoyarse en toda la tecnología que consideren pertinente para exponer adecuadamente su proyecto.

Imagen: Pixabay.com (2015, Septiembre 28).

De este modo, los estudiantes dispondrán de 10 minutos para exponer su proyecto, y los evaluadores contarán con una rúbrica de evaluación en la que podrán apoyarse para emitir un puntaje a los proyectos de los alumnos. Esta rúbrica, será elaborada en conjunto por el facilitador y el grupo de alumnos, con el fin de que se pueda obtener un instrumento en el que los estudiantes se hayan involucrado, y donde su mera construcción implica aprendizaje.

La fundamentación de esta propuesta, se encuentra en que la realización de eventos en los que los estudiantes puedan exponer sus trabajos, también forma parte del modelo de Aprendizaje Basado en Proyectos. Rodríguez-Sandoval, et. al. (2010) proponen la Feria de Proyectos en las que lo ideal es que cuenten con jurados externos y pares académicos que deberán evaluar de acuerdo a un formato de evaluación (que en el modelo basado en competencias se conoce como rúbrica o lista de cotejo). Por otro lado, el “Design thinking” considera una evaluación de usuarios mediante la elaboración de prototipos (IDEO & Riverdale, s/f), esta se podría estructurar para ser una evaluación final que otorgue una retroalimentación directa a los estudiantes. Aunque también podría ser aplicada para la evaluación continua.

Nivel 2: Coevaluación.

La segunda parte de la evaluación, deberá realizarla el mismo equipo, posterior a la evaluación obtenida por el panel de expertos y usuarios. Apoyados en criterios que el mismo equipo establezca, los estudiantes deberán asignarse una calificación de equipo que valdrá 20%, y también deberán asignarle una calificación individual a cada uno de los integrantes que valdrá 20%. La discusión que se produzca en torno a estas dos calificaciones, también generará aprendizaje, pues deberán justificar por qué asignan dicho puntaje al equipo, y a cada uno de los integrantes.

Esta idea se puede fundamentar en el hecho de que actualmente debemos aceptar las nuevas configuraciones sociales, y también las nuevas formas de aprender. En este sentido, aparece el concepto de comunidad de aprendizaje, en la que debemos propiciar mecanismos que faciliten la reflexión de todos los agentes participantes como una forma de dejar de hacer una evaluación unidireccional estudiante-profesor (Acaso, 2015).

Imagen: Freepik.com (2017)

Por otro lado, la evaluación entre pares facilita la retroalimentación mutua, y tiene la ventaja de permitir que sean los estudiantes quienes vayan identificando sus áreas de oportunidad, además de desarrollar otras habilidades personales y metacognitivas (Topping, 2003, citado en Educarchile, s/f).

Nivel 3: Autoevaluación guiada.

Otra parte de la evaluación, será a manera de autoevaluación, sin embargo esta será guiada por el facilitador, que mediante una entrevista, le pedirá al alumno que vaya reflexionando sobre su proceso de aprendizaje, su actitud de trabajo individual y en equipo, así como sus aportes concretos al proyecto. De este modo, el estudiante se asignará una calificación final de manera individual que valdrá 20%.

Así mismo, es importante puntualizar que para este tipo de materias, el profesor debe posicionarse como un agente mediador entre el aprendizaje y los estudiantes, y este rol debe cumplir con un proceso de autoevaluación, como lo señalan Ferreiro y Espino (2009):

“La mediación como proceso exige además autoevaluación de parte de los sujetos que aprenden. Exige también controlar el esfuerzo individual y colectivo y tener presentes etapas (procesos) y resultados.

Todo proceso de mediación parte de la premisa de que es posible la modificabilidad cognitiva y también afectiva del sujeto y que esta se propicia en la interrelación social entre los sujetos.” (p.116)

Esta afirmación aplica también para justificar la coevaluación, pero hay que destacar que también es una forma de que los estudiantes logren reflexionar sobre su avances individuales y en colectividad, según criterios determinados.

Algunos de los beneficios de este sistema son: establecer la evaluación como tareas de aprendizaje, que los estudiantes se involucren directamente en su evaluación, y que los resultados conforman una forma de retroalimentación (Álvarez, 2008, p. 246, citado en Gessa A. 2010).

Nivel 4: Portafolio de evidencias

Es importante que exista una evaluación continua por parte del facilitador, que asegure el avance de los estudiantes en los proyectos, ya que de lo contrario, al no tener indicadores los equipos podrían caer en la apatía o dejar de trabajar. En este sentido, el facilitador deberá ir colocando metas con tiempos específicos a los cuales deberán llegar, y que se conformarán como una calificación de equipo. Estos avances deberán irse registrando en un portafolio de evidencias que valdrá 20%. De preferencia, se pedirá que el portafolio sea digital, a través de la elaboración de un blog o de una wiki por equipo.

Imagen: Pixabay.com (2014, noviembre 14).

El portafolio de evidencias está bastante fundamentado pedagógicamente, y debido a que se trata de una actividad colaborativa, en la que se desarrolla el trabajo en equipos, es importante que registremos los resultados de aprendizaje, pues tal como lo señalan Ferreiro y Espino (2009) “todo trabajo cooperativo debe tener un producto que se convierte en evidencia del aprendizaje realizado por el equipo y sus miembros y en cuyo logro han contribuido cada uno de ellos”.

Adicionalmente, se propone llevar a los estudiantes a la reflexión de su aprendizaje, por lo que se les pedirá que cada final de periodo o unidad de la materia, entreguen una reflexión personal que considere tres aspectos que deben desarrollar de manera individual, contestando las siguientes preguntas: ¿Qué aprendí en este periodo? ¿Qué debo mejorar en mi aporte individual? ¿Qué debemos mejorar como equipo?

Con esto, también motivaremos que los estudiantes ubiquen sus áreas de oportunidad tanto individuales como de equipo y que puedan trabajar en ellas.

Espacios.

Algo importante en el desarrollo de esta evaluación, es la definición del espacio. Lo ideal es situar a los alumnos en un ambiente lo más real posible, por lo que se propone que la evaluación no sea en las tradicionales aulas o en el auditorio de la institución educativas, si no, que pueda ser en una sala de juntas corporativa o en una sala de conferencias de alguna empresa o institución externa.

Imagen: Pixabay.com (2019, enero).

Esto hará que poco a poco los estudiantes puedan sentirse habituados a presentar sus proyectos en ambientes distintos a los escolares, y que le pierdan el miedo a presentar en ambientes externos, fuera de la seguridad que les podría dar estar en el espacio escolar.

Si queremos preparar estudiantes para el mundo real, entonces debemos sacarlos de la burbuja escolar y llevarlos a estos ambientes reales, para que también se aprendan a desenvolverse naturalmente en ellos.

Conclusión.

Consideramos que esta propuesta puede resultar funcional y atractiva para las materias que se plantea, además de que se han fundamentado académicamente cada uno de los procesos que se piensan llevar a cabo durante la evaluación. El siguiente paso será probarla para validar sus resultados, y reestructurarla si es necesario.

Conforma también, una propuesta de cambio para buscar nuevas alternativas de aprendizaje que permitan a las instituciones estar a la vanguardia de las nuevas necesidades educativas.

Referencias.

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Ferreiro R. y Espino M. (2009) El ABC del aprendizaje cooperativo: trabajo en equipo àra aprender a enseñar. México. Trillas.

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En México hay escasez de formadores artísticos. Entrevista a Natalia Morelos (Parte 3).

Imágen: Sistema Nacional de Fomento Musical

Por Emiliano Francisco Leal Sorriente.

En esta tercera entrega de la entrevista a Natalia Morelos, Coordinadora Académica del Movimiento Nacional de Agrupaciones Comunitarias del Sistema Nacional de Fomento Musical, abordamos el tema de los maestros y cómo debería ser la enseñanza musical para un proyecto que se propone también el desarrollo comunitario y la formación socio emocional.

En la primera parte de la entrevista a Natalia, hablábamos sobre el Movimiento Nacional de Agrupaciones Comunitarias del Sistema Nacional de Fomento Musical. En la segunda, abordamos el modelo educativo que utilizan enfocado en la enseñanza de valores y la creación de comunidad a través de la música.

Pero para un proyecto de este tipo y con los objetivos que se plantea, además de desarrollar todo un nuevo modelo que considere nuevas estrategias educativas, didácticas y metodológicas, la capacitación de los maestros es fundamental

Natalia Morelos. Imágen: Sistema Nacional de Fomento Musical.

Debido a ello, Natalia cuenta que se generó “el Programa de Capacitación Continua que tenía diferentes aspectos a cubrir.  El primero era la especialización documental, el segundo consistía en generar herramientas didácticas, el tercero buscaba vincular la música con el trabajo social comunitario (…) y el cuarto tenía que ver con la música en sí como herramienta de transformación, a partir de la dirección, el gesto, la comunicación”.

Este programa de capacitación, es muy importante para el funcionamiento del proyecto ya que abarca toda la estructura del Sistema Nacional de Fomento Musical y está pensado como una pirámide donde la base es el “Movimiento Nacional de Agrupaciones Musicales Comunitarias y hasta la cúspide, la Orquesta Escuela Carlos Chávez. Toda esta estructura vincula todos los peldaños de la pirámide. Después de las Agrupaciones Musicales Comunitarias hay programas como la detección de talentos, el Programa Formando Formadores y otro programa de orquestas de selección”.

A estos programas de capacitación, se suma el programa piloto “Hospital de Instrumentos”, un programa socio formativo “que busca la capacitación de los integrantes de las agrupaciones a partir de los 15 años que tienen habilidades manuales bien desarrolladas, a sus familias y todos los que quieran participar, como miembros de la comunidad indirecta, que serían vecinos, por ejemplo. Una vez seleccionados entran a este taller de laudería que es para reparación, mantenimiento y restauración básica de instrumentos de cuerda o de instrumentos de alientos”. Natalia agrega que este programa ha tenido buenos resultados y es una manera de integrar a las familias de los participantes de las agrupaciones, a través de sus propios talentos.

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical

Docentes que buscan un cambio.

Pero ¿qué características deben tener los maestros que trabajan en este proyecto? Natalia comenta: “Ese es el punto, no débil, más bien frágil, delicado. Es un perfil de docente y director comunitario. Es un perfil muy demandante, muy complejo, que no hay en México, ni en muchas partes del mundo. Porque no somos formados así, no somos formados en clases colectivas de instrumento, no somos formados en valores, no tenemos ni la metodología, ni la didáctica”.

Encontrar docentes con ese perfil, no ha sido fácil, pues la formación de los maestros, no sólo de música, suele restringirse a la enseñanza de su disciplina y resulta difícil que se quieran involucrar en otras cosas.

Natalia lo explica así: “me llega un perfil, lo entrevisto y es muy bueno,  toca increíble, enseña el instrumento muy bien, pero no le importa nada más, no quiere hacer planeación, no quiere juntarse con sus colegas para hacer reuniones de academia y planificar, no quiere participar, no quiere saber nada de las familias, o de hacer cuestiones de vinculación comunitaria, como meterte a un terreno baldío y hacer una limpieza, o hacer una recuperación del espacio público, participar en un huerto, una hortaliza común. Si no participa en eso, no me sirve para este proyecto. Porque sólo va estar en su cajita y no va a querer innovar, no va a querer implementar didácticas completamente distintas que las que con el creció y aprendió”.

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical

Natalia reconoce entonces que “lo que nosotros buscamos, es perfiles que se acerquen al deseable, lo cual es muy complejo, sobre todo en aptitudes musicales, de preparación, humanas, sociales, y también en actitudes, es decir sus competencias actitudinales”.

Docentes involucrados y participativos.

En este sentido, es clara en señalar que “yo prefiero a un docente que tiene una a actitud de servicio, que tiene consciencia, que tiene vocación docente, de servicio, de aportar, de ayudar, de colaborar. Algo más en sí mismo que solo enseñar a tocar el violín, que quiere realmente lograr un cambio, ya con eso tengo un gran porcentaje ganado, todo lo demás lo puedo trabajar en capacitación”.

Los maestros que se requieren para en este proyecto, deben pasar por un meticuloso y largo proceso que va desde la publicación de la convocatoria, la preselección de currículums y una entrevista de la cual Natalia comenta “es bastante compleja, la mayoría de ellos sale de ahí bastante asustado o temblando, dudando si pasaron o no, muchos me han dicho eso, pero también muy divertidos”. Posteriormente, quienes pasan esa etapa deben realizar una audición y hacer una clase muestra.

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical

Pero a pesar de esta selección de maestros, es necesario un trabajo cercano con los docentes, para que entiendan esta nueva forma de trabajo en la enseñanza musical, lo cual no ha sido fácil a pesar de la capacitación constante: “hemos tenido más éxitos que fracasos en cuanto a los docentes. No siempre se gana, pero tampoco se pierde todo el tiempo, hay que mantener un balance. Sabemos que rara vez nos llegan perfiles como con calzador, como de guante, que entran perfecto. Pero a la mayoría le apostamos a la capacitación, a irlos sensibilizando, dándoles herramientas. Muchos de ellos tienen muchas ganas, tiene la actitud y la aptitud, tienen todo, pero no saben cómo”.

Escasez de formadores musicales.

Para Natalia, en México tenemos “escasez de formadores” musicales y artísticos. Y pone el ejemplo de los programas de estudios escolares que piden que se aborden distintas áreas artísticas pero los maestros no han sido preparados para ello, lo cual considera, convierte a esos programas en una  simulación, cuando la realidad es que “un maestro de música se limita a montar eventos del día de la madre, del 16 de septiembre, del día de no sé qué, el himno nacional, y vuelve a ser lo que ha sido siempre”.

Natalia indica que, si bien en los programas curriculares se toma en cuenta la educación artística, existe un paradigma bastante permeado en la educación musical y es que la educación musical debe restringirse a lo técnico, a lo estrictamente musical, sin embargo, nuevas corrientes señalan que el trabajo musical debería ser mucho más integral, como lo están manejando en el Sistema Nacional de Fomento Musical.

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical

“No están formándose profesionales para eso, entonces como un planteamiento que habría que analizar y que habría que lograr, es una vinculación institucional entre los normalistas y las escuelas artísticas, las universidades que imparten arte, carreas de arte, para que hubiera una carrera vinculadora que pudiera formar artistas normalistas que puedan impartir esas un unidades de aprendizaje que están indicadas en los programas curriculares.” Señala Natalia.

El estigma de estudiar artes.

En muchas oportunidades, cuando algún joven quiere seguir con una carrera artística, algunos padres no suelen estar de acuerdo pues consideran que si se dedican al arte no obtendrán ingresos suficientes para sobrevivir. A partir de esta idea, se le consultó a Natalia qué le diría a esos padres y a esos jóvenes que quieren dedicar su vida al arte, y esto es lo que me contestó:

“Me pondría como ejemplo. Le diría: señor, sigo viva, tengo una casa, tengo un carro, tengo una familia, todos comemos tres veces al día, cuatro o cinco, porque hacemos colaciones, salimos de vacaciones, me la paso muy bien. Y sí, estudié música, una licenciatura en oboe, tengo dos maestrías relacionadas con música, en interpretación y música contemporánea la primera, y la segunda en psicopedagogía musical, y sigo viva, y estoy bastante regordeta, eso quiere decir que como bien, así que ese argumento lo eliminamos”.  Señala, Natalia.

“Si su hijo se quiere dedicar, usted apóyelo lo suficiente, para que lo que el haga en eso sea mínimo del 80 o 90 por ciento, y entonces le va a retribuir al mismo nivel. Pero si lo tiene que hacer en contra de todo, va ir bajando ese porcentaje. Y eso es lo que le va a costa obtener”, puntualiza.

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical

Y con respecto a los jóvenes, les envía el siguiente mensaje: “si tú le quieres entrar a la música, dedícate a ella pero dedícate bien, con toda tu concentración, con toda tu voluntad, con todas tus fuerzas, con todo. Te tienes que volcar a eso. Pero si te dedicas a la música y a la vez a irte de parranda y estar en otras cosas, probablemente vas a lograr que ese 20% que le dedicaste te va a retribuir un 15%, no el 20 % que le dedicaste. Siempre te retribuye un poquito menos, entonces tienes que seguir chambeando para que te retribuya cada vez más”.

También Natalia nos recuerda que “es una realidad que a los 18 años tú tienes la capacidad de decidir qué quieres, te apoyen tus papas o no.  Como le digo a muchos de mis alumnos en la UNAM, tú tienes que aprender con tu maestro, sin tu maestro, o a pesar del maestro. Ese es un verdadero estudiante. Un verdadero alumno es el que logra eso. Igualmente, con las familias: con tu familia, sin tu familia, o a pesar de tu familia. Si tú quieres hacer algo, lo haces por ti. Por eso aquí generamos la conciencia del yo, el ser y su identidad para generar conciencia del yo. Yo soy por mí, y me definen los otros a partir de lo que generamos en conjunto”.

Afortunadamente, algo parece estar cambiando en las familias que han comenzado a ver a la música como una opción. “Cada vez más son las familias que apoyan a sus niños, inclusive los mandan lejos. Cuando salió el programa de becas y que tuvimos algunos becarios en el Conservatorio de Las Rosas de Morelia, había niños de Tijuana estudiando ahí. Es un esfuerzo muy fuerte tener a tu hijo de 13, 14 o 15 años estudiando en Michoacán cuando tu estas en Tijuana- Si eso me lo hubieran comentado hace seis años, te hubiera dicho que eso va a estar difícil, que los dejen salir. Hoy día es muy fácil, los papás firman con mucha alegría, quieren que sus hijos participen y vayan” señala Natalia.

Acercamiento a las agrupaciones.

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical

Por último, Natalia invita a todas las personas a que se acerquen a las agrupaciones comunitarias que están en sus localidades.

“Que se acerque la gente a conocer las agrupaciones, por ejemplo, el Sistema Bajío tiene muchísimas agrupaciones, varias orquestas, coros, es un sistema grande que tiene más de mil niños (…) Hay agrupaciones por todo el país, será muy bonito que se acerquen. Ahora que habrá encuentros nacionales, si lo ven anunciado, que vayan, porque va a ser una experiencia muy buena para los asistentes. Y si hay gente cerca de las agrupaciones, que metan y sus niños, es una opción a los escases de ofertas artísticas que hay en el país, para mi es la opción”.

Video: Facebook del Sistema Nacional de Fomento Musical

Toda la información, así como convocatorias y contactos del Sistema Nacional de Fomento Musical se pueden encontrar en su página de internet: http://snfm.cultura.gob.mx y también en su página de Facebook: https://www.facebook.com/FomentoMusical/