Hace un año que Preparatoria se encarga del huerto escolar, y es responsabilidad de los alumnos cuidar las hierbas medicinales y hortalizas que sembraron, en algunos casos, desde semillas.
Los martes y los jueves, después del segundo receso, los chicos de Pintura IV y V, antes de llegar al salón de artes, dejan sus cosas para subir al Huerto Urbano, como parte de un proyecto especial de la materia.
Trabajar en el huerto, significa aislarse por un momento de la vida cotidiana, de los incesantes ruidos de la ciudad e incluso de los problemas. Es un lugar de tranquilidad, en convivencia con un ambiente natural que los mismos alumnos han creado.
En este pequeño oasis, ya no sólo hay plantas. A este lugar han llegado otros seres que conviven en armonía. Pequeñas aves, abejas y algunos otros insectos que ayudan al huerto a mantenerse sano, se han apropiado del espacio, generando un ecosistema particular raramente visto en una ciudad.
Lo primero que hacen los estudiantes es revisar cuánto han cambiado las plantas desde la última vez que las vieron. Algunas han crecido más de lo pensado, y otras, quizá no se han desarrollado como creían, lo que los lleva a pensar si les hará falta algún nutriente o más agua. Verifican si alguna tiene plaga y si podemos hacer algo para ayudar a la planta. Evalúan si se requiere algún soporte, para elaborarlo. Preparan sus cámaras por si ya les salieron flores.
Pero la alegría máxima de la experiencia es cuando descubren que algunas ya han producido frutos, pues es ahí donde el resultado de su cuidado trabajo se manifiesta. En cuanto empiezan a llenar sus regaderas, trabajan juntos para que a ninguna le falte agua y cuando han terminado, curiosamente, ellos mismos inician una reflexión acerca de lo que les gustaría sembrar después, o el uso que se les puede dar a las que especies que ya están maduras.
En algunas ocasiones la curiosidad les gana y después de una ligera limpieza, terminan probando las hojas de lechuga morada, mostaza, jitomates o las fresas, incluso se llevan a sus casas hojas de menta, cedrón, hierbabuena, orégano o tomillo limonero para hacerse infusiones. Saben que todo está completamente limpio y libre de sustancias tóxicas porque ellos han preparado la tierra previamente, adicionando restos de café, cascarones de huevo y cáscaras de plátano molidos para que sus plantas tengan los nutrientes necesarios.
El trabajo en el Huerto Urbano tiene el objetivo de enseñar a los chicos acerca de un tema que les es completamente ajeno. La vida en la ciudad hace que ignoremos por completo de dónde viene el brócoli, el apio o las calabacitas que comemos diariamente, cómo han sido sembrados y el esfuerzo que requiere producirlas.
El tiempo y cuidado que necesita una planta para que produzca frutos es motivo de asombro para ellos, y en muchos casos, descubren que les apasiona cuidar de las plantas y empiezan a hacer preguntas para replicar el modelo en sus casas.
Algo muy importante de mencionar acerca del trabajo en el Huerto Urbano Queen es que sirve como un laboratorio vivo para lo que explorar modelos de negocio para la materia de Emprendimiento, ya que actualmente un equipo se encuentra trabajando en la forma en la que podrían generar productos para la comunidad Queen.
El proyecto del Huerto Urbano Queen está inspirado 100% en la misión de la escuela, que busca “formar personas íntegras, competentes, con una visión humanista, que tengan sentido de responsabilidad social y que estén comprometidas con su comunidad y el medio ambiente”.
Realicé este proyecto a finales de diciembre de 2015 como parte del Diplomado en Educación Disruptiva que tomé como módulo adicional dentro de la Maestría en Comunicación y Tecnologías Educativas.
Contexto de la aplicación.
Este proyecto busca generar una
propuesta innovadora y disruptiva para realizar la evaluación académica de los
estudiantes de dos materias específicas: “Emprendimiento”, para bachillerato
impartida en una escuela privada, y “Pensamiento de diseño (design thinking)”
para tronco común que se imparte en una universidad especializada en negocios.
A todas luces, se trata de dos materias que irrumpieron de manera importante en dos programas educativos tratando de romper un poco con la visión tradicional de las materias curriculares,y convirtiéndose en una opción que permita a los estudiantes generar nuevas habilidades que se requieren hoy en el entorno social y laboral.
Ambas materias tiene relación entre
sí, ya que plantean la elaboración de una idea que se pueda convertir en
realidad para generar un proyecto de emprendimiento, y tienen un temario similar,
por lo que se decidió abordar las dos materias en esta propuesta.
Problemática.
Uno de los mayores problemas que enfrenta hoy la educación tiene que ver con la forma de evaluar. No es un tema nuevo y aunque ha estado en la agenda educativa por mucho tiempo, hoy la discusión en torno a esto parece tomar fuerza con la aparición de las nuevas tecnologías.
Se trata de uno de los puntos más polémicos a nivel educativo, ya que se sigue planteando una evaluación que pareciera ser anticuada, y que ha evolucionado poco. Y aunque si bien existen algunas nuevas propuestas, se suele caer en el mismo esquema de tabulación numérica y evaluaciones tradicionales.
Imagen: Pixabay.com (2017, julio 6)
Pensemos en la clásica evaluación a través de exámenes que sirve para arrojar un número. Dicho número no representa en realidad todo lo aprendido por los estudiantes, si no que sólo mide una fracción a partir del criterio de quién realizó dicho examen, es decir, es una evaluación parcializada y subjetiva.
Por otro lado, ya el mero hecho de catalogar con un número implica que estamos dando una opinión sesgada del aprendizaje, en la que pueden entrar en juego infinidad de factores, algo que con los exámenes puede suceder habitualmente: “Los estudiantes suelen calificar los exámenes como desagradables. El efecto que produce en los alumnos no es uniforme, sino que está en función de múltiples variables” (Bausela, 2005). Y sin mencionar que la retroalimentación suele quedarse solo en un «aprobado» o «desaprobado».
Si bien ambas materias para las que
se plantea este proyecto se desarrollan con base en la elaboración de proyectos
(lo cual puede resultar innovador en algunos sentidos), siguen siendo evaluadas
de forma tradicional, generando una calificación numérica.
Después de lo expuesto anteriormente,
el reto entonces, es vincular la evaluación de dichas materias con algo más
cercano a la realidad, que permita que los alumnos obtengan una
retroalimentación más clara sobre su trabajo y sobre lo aprendido, generando
además un nuevo concepto de evaluación.
En este sentido, este proyecto busca
generar y recuperar algunas ideas que puedan servir como un punto de partida
para consolidar diversas técnicas de evaluación disruptiva, así como proponer
un cambio de visión sobre dicho tema para que pueda ser bien recibido por las
instituciones formales, y por supuesto, otorgarle una nueva perspectiva a la
evaluación para que se convierta en parte del proceso de enseñanza aprendizaje,
y no en la temida etapa que ningún estudiante quiere ver llegar.
Justificación.
¿Por qué hablar de evaluación
disruptiva? Lo primero que habría que observar es que, no sólo en México, si no
que en gran parte del mundo, el tema de la evaluación ha generado gran polémica
en la sociedad. Pero esto también se debe a que no nos hemos puesto totalmente
de acuerdo sobre qué significa evaluar, y mucho menos, en cómo debemos hacerlo
hoy, considerando que estamos frente a nuevas opciones educativas.
Pixabay.com (2017, Julio 20)
Es curioso que por ejemplo, maestros
que están acostumbrados a evaluar a sus alumnos todo el tiempo, tengan miedo o
se nieguen a ser evaluados. Eso quiere decir, que desde un inicio, la
evaluación es vista como algo malo. Si resulta malo para los maestros,
imaginemos lo que sentirán los alumnos ante dichos procesos.
Esto en parte quizá se deba a
conceptos asociados por la evaluación que a veces parecen sólo referirse a
determinados aspectos, tal como lo plantea Santos (1999) al proponer nuevos
sistemas de evaluación:
“Se habla de evaluación refiriéndose a procesos de carácter comparativo aplicados a mediciones de resultados, se llama evaluación a fenómenos de rendimiento de cuentas impuestos por la autoridad, se denomina evaluación al análisis diagnóstico realizado mediante instrumentos que permiten cuantificar los datos, se habla de evaluación cuando se realiza la comprobación del aprendizaje de los alumnos…” (p.2)
Así pues, se hace necesario pensar en una nueva forma
de evaluar, que no genere esa tensión en el estudiante, pero que a la vez les
permita entender cuáles son sus áreas de oportunidad reales. En este sentido,
pareciera que resulta más efectiva la retroalimentación, el problema es que al
momento de pasarla a una escala como suelen solicitar casi todos los sistemas
educativos que predominan actualmente, ésta suele sesgar la visión del
estudiante, que sólo recordará que tuvo un 8 ó 9, pero pronto olvidará el por
qué.
Propósitos.
Este proyecto busca plantear una nueva forma de evaluación
acorde a las nuevas materias que se van a presentar en el ámbito educativo, y
que tengan más vinculación con la realidad, permitiendo a los estudiantes tener
un acercamiento al contexto al cual se enfrentarán, y que además resulte
también en una forma de aprendizaje gracias a la retroalimentación.
A corto plazo, se busca probar este sistema de evaluación para
validar su funcionamiento y realizar las mejora pertinentes. A mediano
plazo, incorporar de manera oficial este
sistema de evaluación en las materias señaladas, y por último, a largo
plazo, generar nuevas propuestas de
evaluación para otras materias de ambas instituciones educativas.
Metodología.
Para la elaboración de este proyecto,
se plantea emplear la técnica de Pensamiento de Diseño (Design thinking), que
actualmente es utilizada en muchos de los procesos de innovación que emplean
tanto empresas, como emprendimientos, y en general está siendo adoptada por
muchas disciplinas.
Dicha técnica señala que a partir de
entender un problema, hay una serie de pasos que debemos seguir para encontrar
soluciones innovadoras, como son la observación directa e indirecta, el involucramiento
empático con dicho problema para definir conceptos, la generación de ideas en
torno a ella, la búsqueda de alternativas, la realización y prueba de
prototipos, y por último la generación de un producto que permita resolver
dicha problemática (IDEO et. al, s/f; Institute of Design at Stanford, S/f).
Imagen: Freepick.com (2018)
En este sentido, lo primero que se
hizo es realizar una observación directa e indirecta de los procesos educativos
de estas materias, así como sus principales actores, con el fin de obtener
algunos datos que nos permitan generar un primer punto de vista.
Posteriormente, se realizó una investigación de los actuales sistemas de
evaluación, y se ubicaron algunas alternativas así como propuestas nuevas al
respecto, con el fin de obtener un panorama completo que nos permita
posteriormente establecer algunas de las características principales que
debería tener una evaluación disruptiva, y de qué manera se podría aplicar.
También se socializó el problema con
profesores y estudiantes, para así obtener una retroalimentación que nos
permitió comenzar a pensar en soluciones a la problemática de la evaluación.
Así, se plantea generar un prototipo
de evaluación para ser probado en alguna de dichas materias, y que sirva como
base para la generación final de un sistema que proporcione una evaluación más
certera para estas dos materias, pero que también podría ser aplicada en otros
cursos.
Marco de referencia.
Si queremos hablar de evaluación, es
importante que comprendamos el concepto en su contexto histórico y actual, para
entonces poder plantear nuevas alternativas que se adapten al “nuevo normal”
que vivimos en la educación actual y que está cambiando a las instituciones
educativas (Piscitelli, 2015).
Como ya lo hemos señalado
anteriormente, una evaluación pareciera estar más enfocada a “medir” de manera
cuantitativa los resultados obtenidos, lo cual es muy conocido en el contexto
educativo. La calificación, se ha convertido en la forma de determinar el
aprendizaje de los alumnos, con ese número sabemos si acredita o no una
materia, si es bueno o mal estudiante, pero no nos señala específicamente qué
se tiene que mejorar.
Imagen: Pixabay.com (2014, octubre 3).
Los sistemas escolares de casi todo
el mundo, siguen este patrón, y piden que las instituciones educativas generen
año con año números en los alumnos que medirán sus avances, indicarán si saben
o no, si son capaces de algo o no. Se cataloga a los estudiantes con un número,
dejando de lado otros aprendizajes que no pueden ser medidos de esta manera.
Sin embargo, es importante que comencemos a pensar que “la evaluación no debe
ser un arma, sino una ayuda, debe ser una herramienta para que el aprendizaje
suceda en vez de ser precisamente su freno” (Acaso, 2015).
Además, hay factores que no se están
evaluando adecuadamente, como las habilidades sociales, la inteligencia
emocional, y otras competencias que el mundo actual exige. Hoy la prueba más
famosa de evaluación mundial, el Programa para la Evaluación Internacional de
los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), que maneja la Organización para
la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), basa su medición a través de
un examen escrito que se aplica a los estudiantes de 15 años, que se realiza en
dos horas, y que sólo toma en cuenta áreas de lectura, matemáticas y ciencias
(Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, s/f), dejando de
lado todos los demás aprendizajes.
Pero curiosamente esta posición dista
mucho de las nuevas tendencias educativas, que buscan un aprendizaje integral,
como lo planteado por Delors (1994) con respecto a los cuatro pilares de la
educación:
“Aprender a conocer, es decir, adquirir los instrumentos de la comprensión; aprender a hacer, para poder influir sobre el propio entorno; aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con los demás en todas las actividades humanas; por último, aprender a ser, un proceso fundamental que recoge elementos de los tres anteriores. Por supuesto, estas cuatro vías del saber convergen en una sola, ya que hay entre ellas múltiples puntos de contacto, coincidencia e intercambio.”
En este sentido, la
evaluación entonces, debe cumplir un papel que lo transforme en parte del
proceso de enseñanza y aprendizaje, pero integrando la mayoría de los
conocimientos adquiridos.
Propuesta de Sistema de Evaluación.
Para la elaboración de esta
propuesta, nos hemos basado en los distintos datos investigados, así como en
conversaciones con profesores y alumnos sobre cuál debería ser la mejor manera
de evaluar dicho estas materias.
Lo primero que hay que señalar es que
para esta evaluación se propone un esquema de cuatro aspectos a considerar, que
además involucra distintos actores. Es decir, será una evaluación de cuatro
niveles, como se explica a continuación.
Nivel 1: Presentación del proyecto.
Debido a que ambas materias están enfocadas a la realización de un proyecto, está será la primera parte de la evaluación. Es importante vincular a los estudiantes cada vez más a un contexto real, por lo que se propone invitar a expertos en el tema y a probables usuarios para que conformen un panel de sinodales de 6 personas, que evalúen su proyecto y sus prototipos, y que conformen el 20% de la evaluación total. Para esta presentación, los estudiantes deberán apoyarse en toda la tecnología que consideren pertinente para exponer adecuadamente su proyecto.
Imagen: Pixabay.com (2015, Septiembre 28).
De este modo, los estudiantes
dispondrán de 10 minutos para exponer su proyecto, y los evaluadores contarán
con una rúbrica de evaluación en la que podrán apoyarse para emitir un puntaje
a los proyectos de los alumnos. Esta rúbrica, será elaborada en conjunto por el
facilitador y el grupo de alumnos, con el fin de que se pueda obtener un
instrumento en el que los estudiantes se hayan involucrado, y donde su mera
construcción implica aprendizaje.
La fundamentación de esta propuesta,
se encuentra en que la realización de eventos en los que los estudiantes puedan
exponer sus trabajos, también forma parte del modelo de Aprendizaje Basado en
Proyectos. Rodríguez-Sandoval, et. al. (2010) proponen la Feria de Proyectos en
las que lo ideal es que cuenten con jurados externos y pares académicos que
deberán evaluar de acuerdo a un formato de evaluación (que en el modelo basado
en competencias se conoce como rúbrica o lista de cotejo). Por otro lado, el
“Design thinking” considera una evaluación de usuarios mediante la elaboración
de prototipos (IDEO & Riverdale, s/f), esta se podría estructurar para ser
una evaluación final que otorgue una retroalimentación directa a los
estudiantes. Aunque también podría ser aplicada para la evaluación continua.
Nivel 2: Coevaluación.
La segunda parte de la evaluación, deberá realizarla el mismo equipo, posterior a la evaluación obtenida por el panel de expertos y usuarios. Apoyados en criterios que el mismo equipo establezca, los estudiantes deberán asignarse una calificación de equipo que valdrá 20%, y también deberán asignarle una calificación individual a cada uno de los integrantes que valdrá 20%. La discusión que se produzca en torno a estas dos calificaciones, también generará aprendizaje, pues deberán justificar por qué asignan dicho puntaje al equipo, y a cada uno de los integrantes.
Esta idea se puede fundamentar en el
hecho de que actualmente debemos aceptar las nuevas configuraciones sociales, y
también las nuevas formas de aprender. En este sentido, aparece el concepto de
comunidad de aprendizaje, en la que debemos propiciar mecanismos que faciliten
la reflexión de todos los agentes participantes como una forma de dejar de
hacer una evaluación unidireccional estudiante-profesor (Acaso, 2015).
Imagen: Freepik.com (2017)
Por otro lado, la evaluación entre
pares facilita la retroalimentación mutua, y tiene la ventaja de permitir que
sean los estudiantes quienes vayan identificando sus áreas de oportunidad,
además de desarrollar otras habilidades personales y metacognitivas (Topping,
2003, citado en Educarchile, s/f).
Nivel 3: Autoevaluación guiada.
Otra parte de la evaluación, será a
manera de autoevaluación, sin embargo esta será guiada por el facilitador, que
mediante una entrevista, le pedirá al alumno que vaya reflexionando sobre su
proceso de aprendizaje, su actitud de trabajo individual y en equipo, así como
sus aportes concretos al proyecto. De este modo, el estudiante se asignará una
calificación final de manera individual que valdrá 20%.
Así mismo, es importante puntualizar
que para este tipo de materias, el profesor debe posicionarse como un agente
mediador entre el aprendizaje y los estudiantes, y este rol debe cumplir con un
proceso de autoevaluación, como lo señalan Ferreiro y Espino (2009):
“La mediación como proceso exige además autoevaluación de parte de los sujetos que aprenden. Exige también controlar el esfuerzo individual y colectivo y tener presentes etapas (procesos) y resultados.
Todo proceso de mediación parte de la premisa de que es posible la modificabilidad cognitiva y también afectiva del sujeto y que esta se propicia en la interrelación social entre los sujetos.” (p.116)
Esta afirmación aplica también para
justificar la coevaluación, pero hay que destacar que también es una forma de
que los estudiantes logren reflexionar sobre su avances individuales y en
colectividad, según criterios determinados.
Algunos de los beneficios de este
sistema son: establecer la evaluación como tareas de aprendizaje, que los
estudiantes se involucren directamente en su evaluación, y que los resultados
conforman una forma de retroalimentación (Álvarez, 2008, p. 246, citado en
Gessa A. 2010).
Nivel 4: Portafolio de evidencias
Es importante que exista una evaluación continua por parte del facilitador, que asegure el avance de los estudiantes en los proyectos, ya que de lo contrario, al no tener indicadores los equipos podrían caer en la apatía o dejar de trabajar. En este sentido, el facilitador deberá ir colocando metas con tiempos específicos a los cuales deberán llegar, y que se conformarán como una calificación de equipo. Estos avances deberán irse registrando en un portafolio de evidencias que valdrá 20%. De preferencia, se pedirá que el portafolio sea digital, a través de la elaboración de un blog o de una wiki por equipo.
Imagen: Pixabay.com (2014, noviembre 14).
El portafolio de evidencias está
bastante fundamentado pedagógicamente, y debido a que se trata de una actividad
colaborativa, en la que se desarrolla el trabajo en equipos, es importante que
registremos los resultados de aprendizaje, pues tal como lo señalan Ferreiro y
Espino (2009) “todo trabajo cooperativo debe tener un producto que se convierte
en evidencia del aprendizaje realizado por el equipo y sus miembros y en cuyo
logro han contribuido cada uno de ellos”.
Adicionalmente, se propone llevar a
los estudiantes a la reflexión de su aprendizaje, por lo que se les pedirá que
cada final de periodo o unidad de la materia, entreguen una reflexión personal
que considere tres aspectos que deben desarrollar de manera individual,
contestando las siguientes preguntas: ¿Qué aprendí en este periodo? ¿Qué debo
mejorar en mi aporte individual? ¿Qué debemos mejorar como equipo?
Con esto, también motivaremos que los
estudiantes ubiquen sus áreas de oportunidad tanto individuales como de equipo
y que puedan trabajar en ellas.
Espacios.
Algo importante en el desarrollo de
esta evaluación, es la definición del espacio. Lo ideal es situar a los alumnos
en un ambiente lo más real posible, por lo que se propone que la evaluación no
sea en las tradicionales aulas o en el auditorio de la institución educativas,
si no, que pueda ser en una sala de juntas corporativa o en una sala de
conferencias de alguna empresa o institución externa.
Imagen: Pixabay.com (2019, enero).
Esto hará que poco a poco los
estudiantes puedan sentirse habituados a presentar sus proyectos en ambientes
distintos a los escolares, y que le pierdan el miedo a presentar en ambientes
externos, fuera de la seguridad que les podría dar estar en el espacio escolar.
Si queremos preparar estudiantes para
el mundo real, entonces debemos sacarlos de la burbuja escolar y llevarlos a
estos ambientes reales, para que también se aprendan a desenvolverse
naturalmente en ellos.
Conclusión.
Consideramos que esta propuesta puede
resultar funcional y atractiva para las materias que se plantea, además de que
se han fundamentado académicamente cada uno de los procesos que se piensan
llevar a cabo durante la evaluación. El siguiente paso será probarla para
validar sus resultados, y reestructurarla si es necesario.
Conforma también, una propuesta de
cambio para buscar nuevas alternativas de aprendizaje que permitan a las
instituciones estar a la vanguardia de las nuevas necesidades educativas.
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En esta tercera entrega de la entrevista a Natalia Morelos, Coordinadora Académica del Movimiento Nacional de Agrupaciones Comunitarias del Sistema Nacional de Fomento Musical, abordamos el tema de los maestros y cómo debería ser la enseñanza musical para un proyecto que se propone también el desarrollo comunitario y la formación socio emocional.
Pero para un proyecto de este tipo y con los objetivos que se plantea, además de desarrollar todo un nuevo modelo que considere nuevas estrategias educativas, didácticas y metodológicas, la capacitación de los maestros es fundamental
Natalia Morelos. Imágen: Sistema Nacional de Fomento Musical.
Debido a ello, Natalia cuenta que se generó
“el Programa de Capacitación Continua que tenía diferentes aspectos a cubrir. El primero era la especialización documental,
el segundo consistía en generar herramientas didácticas, el tercero buscaba vincular
la música con el trabajo social comunitario (…) y el cuarto tenía que ver con
la música en sí como herramienta de transformación, a partir de la dirección,
el gesto, la comunicación”.
Este programa de capacitación, es muy importante para el funcionamiento del proyecto ya que abarca toda la estructura del Sistema Nacional de Fomento Musical y está pensado como una pirámide donde la base es el “Movimiento Nacional de Agrupaciones Musicales Comunitarias y hasta la cúspide, la Orquesta Escuela Carlos Chávez. Toda esta estructura vincula todos los peldaños de la pirámide. Después de las Agrupaciones Musicales Comunitarias hay programas como la detección de talentos, el Programa Formando Formadores y otro programa de orquestas de selección”.
A estos programas de capacitación, se suma el programa
piloto “Hospital de Instrumentos”, un programa socio formativo “que busca la
capacitación de los integrantes de las agrupaciones a partir de los 15 años que
tienen habilidades manuales bien desarrolladas, a sus familias y todos los que
quieran participar, como miembros de la comunidad indirecta, que serían
vecinos, por ejemplo. Una vez seleccionados entran a este taller de laudería
que es para reparación, mantenimiento y restauración básica de instrumentos de
cuerda o de instrumentos de alientos”. Natalia agrega que este programa ha
tenido buenos resultados y es una manera de integrar a las familias de los
participantes de las agrupaciones, a través de sus propios talentos.
Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical
Docentes que buscan un cambio.
Pero ¿qué características deben tener los
maestros que trabajan en este proyecto? Natalia comenta: “Ese es el punto, no débil,
más bien frágil, delicado. Es un perfil de docente y director comunitario. Es
un perfil muy demandante, muy complejo, que no hay en México, ni en muchas
partes del mundo. Porque no somos formados así, no somos formados en clases
colectivas de instrumento, no somos formados en valores, no tenemos ni la
metodología, ni la didáctica”.
Encontrar docentes con ese perfil, no ha sido
fácil, pues la formación de los maestros, no sólo de música, suele restringirse
a la enseñanza de su disciplina y resulta difícil que se quieran involucrar en
otras cosas.
Natalia lo explica así: “me llega un perfil,
lo entrevisto y es muy bueno, toca increíble,
enseña el instrumento muy bien, pero no le importa nada más, no quiere hacer
planeación, no quiere juntarse con sus colegas para hacer reuniones de academia
y planificar, no quiere participar, no quiere saber nada de las familias, o de hacer
cuestiones de vinculación comunitaria, como meterte a un terreno baldío y hacer
una limpieza, o hacer una recuperación del espacio público, participar en un
huerto, una hortaliza común. Si no participa en eso, no me sirve para este
proyecto. Porque sólo va estar en su cajita y no va a querer innovar, no va a
querer implementar didácticas completamente distintas que las que con el creció
y aprendió”.
Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical
Natalia reconoce entonces que “lo que nosotros
buscamos, es perfiles que se acerquen al deseable, lo cual es muy complejo, sobre
todo en aptitudes musicales, de preparación, humanas, sociales, y también en
actitudes, es decir sus competencias actitudinales”.
Docentes involucrados y participativos.
En este sentido, es clara en señalar que “yo
prefiero a un docente que tiene una a actitud de servicio, que tiene
consciencia, que tiene vocación docente, de servicio, de aportar, de ayudar, de
colaborar. Algo más en sí mismo que solo enseñar a tocar el violín, que quiere realmente
lograr un cambio, ya con eso tengo un gran porcentaje ganado, todo lo demás lo
puedo trabajar en capacitación”.
Los maestros que se requieren para en este
proyecto, deben pasar por un meticuloso y largo proceso que va desde la
publicación de la convocatoria, la preselección de currículums y una entrevista
de la cual Natalia comenta “es bastante compleja, la mayoría de ellos sale de
ahí bastante asustado o temblando, dudando si pasaron o no, muchos me han dicho
eso, pero también muy divertidos”. Posteriormente, quienes pasan esa etapa
deben realizar una audición y hacer una clase muestra.
Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical
Pero a pesar de esta selección de maestros, es
necesario un trabajo cercano con los docentes, para que entiendan esta nueva
forma de trabajo en la enseñanza musical, lo cual no ha sido fácil a pesar de la
capacitación constante: “hemos tenido más éxitos que fracasos en cuanto a los
docentes. No siempre se gana, pero tampoco se pierde todo el tiempo, hay que
mantener un balance. Sabemos que rara vez nos llegan perfiles como con
calzador, como de guante, que entran perfecto. Pero a la mayoría le apostamos a
la capacitación, a irlos sensibilizando, dándoles herramientas. Muchos de ellos
tienen muchas ganas, tiene la actitud y la aptitud, tienen todo, pero no saben
cómo”.
Escasez de formadores musicales.
Para Natalia, en México tenemos “escasez de formadores” musicales y artísticos. Y pone el ejemplo de los programas de estudios escolares que piden que se aborden distintas áreas artísticas pero los maestros no han sido preparados para ello, lo cual considera, convierte a esos programas en una simulación, cuando la realidad es que “un maestro de música se limita a montar eventos del día de la madre, del 16 de septiembre, del día de no sé qué, el himno nacional, y vuelve a ser lo que ha sido siempre”.
Natalia indica que, si bien en los programas curriculares
se toma en cuenta la educación artística, existe un paradigma bastante permeado
en la educación musical y es que la educación musical debe restringirse a lo técnico,
a lo estrictamente musical, sin embargo, nuevas corrientes señalan que el
trabajo musical debería ser mucho más integral, como lo están manejando en el
Sistema Nacional de Fomento Musical.
Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical
“No están formándose profesionales para eso,
entonces como un planteamiento que habría que analizar y que habría que lograr,
es una vinculación institucional entre los normalistas y las escuelas artísticas,
las universidades que imparten arte, carreas de arte, para que hubiera una
carrera vinculadora que pudiera formar artistas normalistas que puedan impartir
esas un unidades de aprendizaje que están indicadas en los programas
curriculares.” Señala Natalia.
El estigma de estudiar artes.
En muchas oportunidades, cuando algún joven
quiere seguir con una carrera artística, algunos padres no suelen estar de
acuerdo pues consideran que si se dedican al arte no obtendrán ingresos
suficientes para sobrevivir. A partir de esta idea, se le consultó a Natalia qué
le diría a esos padres y a esos jóvenes que quieren dedicar su vida al arte, y
esto es lo que me contestó:
“Me pondría como ejemplo. Le diría: señor, sigo viva, tengo una casa, tengo un carro, tengo una familia, todos comemos tres veces al día, cuatro o cinco, porque hacemos colaciones, salimos de vacaciones, me la paso muy bien. Y sí, estudié música, una licenciatura en oboe, tengo dos maestrías relacionadas con música, en interpretación y música contemporánea la primera, y la segunda en psicopedagogía musical, y sigo viva, y estoy bastante regordeta, eso quiere decir que como bien, así que ese argumento lo eliminamos”. Señala, Natalia.
“Si su hijo se quiere dedicar, usted apóyelo lo suficiente, para que lo que el haga en eso sea mínimo del 80 o 90 por ciento, y entonces le va a retribuir al mismo nivel. Pero si lo tiene que hacer en contra de todo, va ir bajando ese porcentaje. Y eso es lo que le va a costa obtener”, puntualiza.
Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical
Y con respecto a los jóvenes, les envía el siguiente
mensaje: “si tú le quieres entrar a la música, dedícate a ella pero dedícate
bien, con toda tu concentración, con toda tu voluntad, con todas tus fuerzas,
con todo. Te tienes que volcar a eso. Pero si te dedicas a la música y a la vez
a irte de parranda y estar en otras cosas, probablemente vas a lograr que ese
20% que le dedicaste te va a retribuir un 15%, no el 20 % que le dedicaste. Siempre
te retribuye un poquito menos, entonces tienes que seguir chambeando para que
te retribuya cada vez más”.
También Natalia nos recuerda que “es una realidad que a los 18 años tú tienes la capacidad de decidir qué quieres, te apoyen tus papas o no. Como le digo a muchos de mis alumnos en la UNAM, tú tienes que aprender con tu maestro, sin tu maestro, o a pesar del maestro. Ese es un verdadero estudiante. Un verdadero alumno es el que logra eso. Igualmente, con las familias: con tu familia, sin tu familia, o a pesar de tu familia. Si tú quieres hacer algo, lo haces por ti. Por eso aquí generamos la conciencia del yo, el ser y su identidad para generar conciencia del yo. Yo soy por mí, y me definen los otros a partir de lo que generamos en conjunto”.
Afortunadamente, algo parece estar cambiando en las familias que han comenzado a ver a la música como una opción. “Cada vez más son las familias que apoyan a sus niños, inclusive los mandan lejos. Cuando salió el programa de becas y que tuvimos algunos becarios en el Conservatorio de Las Rosas de Morelia, había niños de Tijuana estudiando ahí. Es un esfuerzo muy fuerte tener a tu hijo de 13, 14 o 15 años estudiando en Michoacán cuando tu estas en Tijuana- Si eso me lo hubieran comentado hace seis años, te hubiera dicho que eso va a estar difícil, que los dejen salir. Hoy día es muy fácil, los papás firman con mucha alegría, quieren que sus hijos participen y vayan” señala Natalia.
Acercamiento a las agrupaciones.
Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical
Por último, Natalia invita a todas las
personas a que se acerquen a las agrupaciones comunitarias que están en sus
localidades.
“Que se acerque la gente a conocer las agrupaciones, por ejemplo, el Sistema Bajío tiene muchísimas agrupaciones, varias orquestas, coros, es un sistema grande que tiene más de mil niños (…) Hay agrupaciones por todo el país, será muy bonito que se acerquen. Ahora que habrá encuentros nacionales, si lo ven anunciado, que vayan, porque va a ser una experiencia muy buena para los asistentes. Y si hay gente cerca de las agrupaciones, que metan y sus niños, es una opción a los escases de ofertas artísticas que hay en el país, para mi es la opción”.
Video: Facebook del Sistema Nacional de Fomento Musical