Realicé esta actividad para un curso de Neurociencias Aplicadas en el Aula que tomé en La Salle en el 2016. Hace ya varios años que utilizo la estrategia de la «Palabra Activadora», pero para esta actividad la complementé agregándole dos momentos más.
Introducción
Palabras de Memoria es una
actividad diseñada para que los estudiantes puedan mejorar la comprensión de
distintos temas a través del uso de palabras en distintos momentos de una
sesión. Dichas palabras servirán como referencia para mejorar el aprendizaje
del tema que se esté viendo.
Para la elaboración de esta
propuesta, se plantea la creación de tres nuevos momentos en la sesión, los
cuales propiciarán un mejor aprendizaje con fundamento en las neurociencias.
El objetivo de la actividad
Palabras de Memoria es servir como un enlace para sintetizar lo aprendido en a
través de una palabra que se utilizará al inicio, a la mitad, y al finalizar la
sesión. Dichos momentos se explican a continuación.
Primer momento: Palabra Activadora
Al iniciar la sesión, se explicará el tema y los objetivos concretos de dicha clase y posteriormente se procederá al pase de lista, pero dicho pase de lista no será como habitualmente se realiza, ya que los alumnos no deberán contestar “presente” después de escuchar su nombre como siempre lo han hecho, si no que, deberán contestar con una «Palabra Activadora» que deberá estar relacionada al tema que se verá en la sesión.
Pero hay una regla, esta palabra, además de estar relacionada directamente con el tema, no podrá repetirse por lo que si algún compañero ya la dijo el siguiente no podrá volver a usarla. Así mismo, la lista será pasada en diferente orden todos los días, con el fin de que ninguno se vea en desventaja por ser el último todo el tiempo.
Con esto, se pretende que los
estudiantes trabajen en el componente atencional de la “Estabilidad o
concentración”, pues deberán estar atentos a su nombre, pero también deberán
comenzar a concentrarse en el tema, explorando por lo menos tres posibilidades
en caso de que alguien utilice la Palabra Activadora antes que ellos. Así
mismo, se busca estimular el conocimiento previo a través de la activación del
proceso de “evocación” de la memoria.
Segundo momento: Palabra Mágica
El segundo momento de esta actividad, se llamará «Palabra Mágica» y se realizará a la mitad de la sesión. La diferencia es que esta palabra, deberá resumir, de alguna manera, los conceptos vistos hasta el momento, y deberán generarla en equipos de 4 alumnos.
En dos minutos deberán recapitular lo más importante de la sesión y asignarle un concepto que será esta «Palabra Mágica» que sintetizará lo aprendido para después compartirla con el resto del grupo. Aquí, se pretende trabajar en el sistema de codificación y almacenamiento de la memoria, otorgando una palabra que sirva como referencia para que después sea más fácil recuperar lo aprendido.
Tercer momento: El Palabrón
Antes de finalizar la clase, se realizará el último momento de las Palabras de Memoria, denominado, “El Palabrón”, y que en esta oportunidad hará referencia a lo que consideren más importante que han aprendido durante la sesión. Señalarán aquel aspecto que creen que resume todo lo visto hasta el momento y que servirá también como ayuda para codificar y almacenar lo aprendido.
Deberán hacerlo nuevamente en equipos de cuatro personas, distintas a las que trabajaron anteriormente. Esta vez las palabras se anotarán en el pizarrón y posteriormente todo el salón votará para determinar cuál es la más adecuada.
Justificación
Esta actividad, intenta trabajar con varios aspectos a nivel cerebral. Uno de ellos es en el trabajo de la inteligencia reflexiva entendida como “construcción de las propias ideas y de meta cognición que es una acción mental que vuelve sobre el propio saber para comprenderlo mejor” (Rodriguez, 2016).
Por otro lado, y con respecto al diseño de ambientes de aprendizaje, esta actividad intenta romper un poco con las estructuras de una clase normal, haciendo que los alumnos por un momento tengan que realizar una actividad distinta enfocada en la materia o tema que se está viendo, pudiendo ayudar a mejorar la concentración en el mismo, pues como sabemos, dicha concentración se puede ir perdiendo con el avance del tiempo durante la sesión.
Así mismo, se fomenta una interacción positiva entre los alumnos, que también se basa en la colaboración para lograr un objetivo común, de síntesis, de una idea de la clase que ayude a todos a comprender mejor y a recordar.
En este sentido, según los 12
Principios señalados por Rodríguez (2016) en el texto “La construcción de
ambientes de aprendizaje desde los principios de la neurociencia cognitiva.”,
con esta propuesta estaríamos abordando el Principio 1 al recuperar
conocimientos previos, fomentar el diálogo sobre lo aprendido, y el uso de un
organizador de información, que en este caso, es colectivo. El Principio 2 se
abordaría a partir del trabajo colaborativo, la confrontación de ideas y la
diversidad de las mismas. El Principio 4 al fomentar el propio entendimiento de
los temas por parte de los alumnos, y la generación de conclusiones. El
Principio 8 al realizar análisis y reflexión de los temas vistos, y el
Principio 9 a través del encadenamiento de ideas.
Conclusión
Si bien este es apenas un pequeño esbozo de cómo podríamos trabajar una actividad de aprendizaje a partir de las neurociencias, creo importante señalar que el poder abordarlo desde el punto de vista de dicha disciplina, puede abrir muchas posibilidades en cuanto al quehacer educativo. Por lo que considero que es muy importante seguir explorando ha disciplina para mejorar nuestras prácticas educativas, ahora con un sustento científico mucho más sólido.
Referencias
Rodríguez Garza, R. (2016). La construcción de ambientes de aprendizaje desde los principios de la neurociencia cognitiva. Revista nacional e internacional de educación inclusiva. Volumen 9, Número 2.
Ortega, Loubon. (2010). Neurofisiología del aprendizaje y la memoria. Plasticidad Neuronal. iMedPub Journals. Vol. 6 No. 1:2.
Este texto fue escrito en 2014 para el Módulo de Psicopedagogía de la Maestría en Comunicación y Tecnologías Educativas del ILCE, en el retomo algunos aspectos de los paradigmas educativos existentes, para generar un propio con algunas de mis ideas sobre educación.
Por Emiliano Leal Sorriente
Introducción
Plantear un modelo educativo, sin duda no es cosa fácil, sin embargo si
comenzamos retomando algunos de los postulados de las corrientes más
importantes de la educación y las adaptamos a los nuevos tiempos, se puede
obtener un principio que nos puede servir para continuar en la generación de
ideas de cómo debería ser un modelo educativo actual.
Hoy, nos enfrentamos a un mundo totalmente distinto y que se encuentra en
constante cambio. Contamos con herramientas tecnológicas que, sin duda alguna,
han facilitado la vida de la humanidad, la comunicación se ha estrechado y el
acceso a la información se ha vuelto mucho más sencillo.
Y sin embargo, pareciera que la educación, en algunos casos, sigue
estancada. Las aulas, por ejemplo, siguen siendo exactamente iguales que hace
siglos. Los profesores siguen impartiendo clases de la misma manera que hace 30
años y la mayoría de las instituciones educativas, siguen manejando el mismo
esquema, mientras que los alumnos, que son hoy sumamente distintos a los de
tiempo atrás, sienten que ir a la escuela es una pérdida de tiempo.
Debemos enfrentar el hecho de que es tiempo de cambiar, de generar nuevas
formas de educar y también nuevas formas de aprender, perder el miedo a
transitar por nuevos caminos y así lograr una enseñanza integral acorde a
nuestros días.
Lo que aquí se plantea es una serie de ideas, muchas de ellas retomadas de
modelos educativos vigentes, para que comencemos una discusión en torno a cómo
debemos educar a nuestros alumnos para los nuevos tiempos. Es difícil plantear
todo en este proyecto, y aún hace falta profundizar en algunas temas, pero se
plantea ser un inicio.
Descripción de mi modelo educativo
Sin duda alguna, la base del modelo educativo que planteo, se encuentra en
el constructivismo y en el humanismo, y es que considero que una de las formas
más efectivas de llegar a un aprendizaje real, está en el descubrimiento de los
conocimientos, el autoaprendizaje, y la figura de un facilitador, más que un
maestro o profesor.
Coincido plenamente con lo que plantea Ferreiro (2007), en que un esquema adecuado
es en el que permitimos al alumno “descubrir y construir su conocimiento“, así
“la búsqueda, la hipotetización, la fantasía y hasta el error tienen
implicaciones pedagógicas importantes para aprender, y lo que es más
importante, para desarrollarse” (p. 25).
Y es que justamente aquí es donde yo planteo algo importante, en la
actualidad, con la cantidad de conocimientos que hay disponibles, quizá nuestra
preocupación deba ser enseñar a aprender (idea que retomo del paradigma
cognitivo), a investigar, a indagar, a obtener fuentes confiables, y que las
personas sean capaces de recurrir a la información, y más aún, al
autoaprendizaje según se requiera.
¿De qué nos sirve que un estudiante sepa de memorias fechas, formulas
químicas o matemáticas, tablas periódicas, si no sabe para que le servirán?
Debemos mejor, enfocarnos, en que ellos conforme vayan avanzando en su
desarrollo y vayan definiendo lo que quieren hacer en la vida, tomen las
herramientas necesarias, logren procesarlas con éxito, y así convertirlas en
información y en conocimiento.
En este sentido el aprendizaje por descubrimiento planteado por Jerome
Bruner, creo que puede ser de utilidad, pues tal como señala García (s/f):
“Desde el punto de vista de la enseñanza, los contenidos que se han de aprender deben ser percibidos por el alumno como un conjunto de problemas, relaciones y lagunas que se han de resolver. El ambiente necesario para que se dé un aprendizaje por descubrimiento debe presentar al educando alternativas para que perciba relaciones y similitudes entre los contenidos a aprender”. (p.5)
Otro termino que retomo del constructivismo, es el de el “aprendizaje
significativo”, planteado por David Ausbel, y que desde mi punto de vista es
uno de los mejores aportes al modelo educativo. Aprender a través de
experiencias que realmente tengan una significación importante, es una manera
de asegurar que esos conocimientos permanecerán y no se diluirán a través del
tiempo. A muchos de nosotros nos tocó estudiar memorizando partes de libros, de
apuntes, y todos eso nos funcionó para obtener una buena calificación en un examen,
pero hoy quizá no recordemos algunas de esas cosas memorizadas. Se podría decir
que hasta perdimos un poco el tiempo en eso, pues debido a que no es un
aprendizaje significativo, se diluye en el tiempo fácilmente.
Y es que desde mi perspectiva, no hay mejor manera de enseñar, que
haciendo. Pongamos un ejemplo un poco más cotidiano. Una de mis pasiones es
andar en bicicleta y estoy dispuesto a enseñarle a cualquiera que no sepa
utilizar una. Si bien es cierto que hay conceptos teóricos básicos (como en
todo, hay que explicar por ejemplo el uso adecuado de frenos, de conducción,
etc.) no puedo enseñarle a nadie únicamente con un pizarrón, necesariamente deberá
subirse a la bicicleta. Aquella persona que haya aprendido a andar en bicicleta
sólo con una explicación de pizarrón, seguramente fracasará en el primer
intento.
Así entonces, un ambiente de aprendizaje que permita que los mismos
estudiantes aprendan a través del descubrimiento, del error, y de su
interacción con el mundo, es fundamental, además deberá estar apoyado por un
aprendizaje colectivo. Recordemos que una de las competencias más solicitadas
para el siglo XXI tiene que ver justamente con la capacidad de realizar
trabajos colaborativos.
Y aquí me gustaría retomar algo más del paradigma humanista, relacionado a
que los programas educativos deben comenzar a ser más flexibles y adaptables,
es decir, deben permitir que estos se puedan reenfocar según el contexto social
y cultural, por lo que no puede existir un currículo educativo que no permita
una ruta de aprendizaje que pueda ser contextualizada, y mucho menos, que no pueda
ser aprendida de manera colaborativa.
Como hemos visto, aquí entra en juego también el paradigma socio cultural,
pues algo importante que debe existir, es que el aprendizaje de nuestros
alumnos debe estar enmarcado en un contexto social y cultural, para que de esta
manera pueda resultar eficaz. Y es que es importante recalcar que tal como lo
señala Hernández (1998) “El alumno debe ser visto como un ente social,
protagonista y producto de las múltiples interacciones sociales en que se ve
involucrado a lo largo de su vida escolar y extraescolar”.
Aquí retomo algo del conductismo, el estímulo-respuesta, pero no aplicado a
que se genere un aprendizaje por éste hecho de manera directa, al contrario, me
refiero a la solución de casos, por ejemplo. Es una forma de estimular al
alumno para se enfrente ante una situación, reflexione sobre el mismo, y al
final genere a través de la reflexión, una solución a lo que se plantea. Aquí
también entra en juego el paradigma humanista, pues los estudiantes deberán decidir,
en plena libertad, cómo llegar a una solución a la problemática que se
presenta.
Por ultimo, algo que creo que es importante señalar y que no se ha tocado
hasta el momento, tiene que ver con los ambientes de aprendizaje, es momento de
que comencemos a pensar en salones distintos, innovadores, que faciliten la
educación del alumnado y que eliminen la jerarquización entre alumnos y profesor.
Perfil y función del maestro
En mi modelo educativo ideal, el maestro debe ser más bien una persona que facilite la interacción entre el
conocimiento y el alumno, un guía que permita, a través de preguntas, quizá
algunas sugerencias y entrega de cierta información, que sea el mismo alumno el
que vaya llegando a su descubrimiento.
Más que un profesor que “profese”, mi visión es que el maestro debe
orientar a los alumnos para que ellos mismos vayan definiendo su ruta de
aprendizaje, y adquieran los conocimientos casi de manera autónoma. La idea es
que sea una educación centrada en el alumno, y que también esté orientada a la
autorrealización de los alumnos, concepto señalado por Carls Rogers.
Pero siguiendo la misma línea humanista, el maestro debe buscar cuáles son
las potencialidades, los intereses, y los gustos de cada uno de los alumnos
para así poder explotarlos al máximo. Por eso me identifico más con la
concepción que el maestro debe ser un “facilitador de la capacidad potencial de
autorrealización de los alumnos. Sus esfuerzos didácticos deben estar
encaminados con la finalidad de lograr que las actividades de los alumnos sean
autodirigidas fomentando el autoaprendizaje y la creatividad” (Rogers, 1978,
citado en Hernández, 2008).
Aquí quisiera ligarlo también nuevamente con el paradigma cognitivo, que postula que es muy importante que los estudiantes aprendan a aprender, ese proceso les ayudará a continuar obteniendo conocimientos de manera autónoma.
Papel del alumno
En cuanto al papel que juega
el alumno, quizá una de mis mayores coincidencias se encuentra en el paradigma
humanista, pues creo que el alumno debe ser visto como un ente único y
totalmente distinto a los demás: “los alumnos son entes individuales
completamente únicos y diferentes de los demás, y se tiene la firme convicción
de que al finalizar la experiencia académica esta singularidad de los educandos
como personas será respetada y aún potenciada” (Hamachek, 1987, citado en
Hernández, 2008).
Por otro lado, el alumno
debe dejar de ser visto como un producto. Creo que gran parte de la visión de
la revolución industrial aplicada a la educación, es que se ve a los alumnos
como un producto para un fin específico. Por ejemplo, pensamos que sean
“productivos”, que “generen ingreso”, que “estudien algo que tenga futuro”,
pero no pensamos en algo que es mucho más importante, que deben estudar sólo
para una cosa: ser felices.
Es triste ver a alumnos
que han soñado con estudiar una carrera relacionada a las artes (señalo esto
por ser algunos de los casos más comunes que me he encontrado) estudiando
derecho o medicina, porque según los estándares de la sociedad, o de sus
padres, esa es la carrera que deben estudiar si quieren ser “exitosos”, por
supuesto en una muy mala concepción de dicho término.
Es así que entonces, el alumno debe de ser visto como un ser humano, y no como una máquina que el día de mañana será capaz de ganar un 80% de los juicios o de operar a 10 pacientes en un día. Y no quiero con esto criticar las carreras de derecho o medicina, únicamente las pongo como ejemplo de lo que la sociedad considera que es exitoso, sin embargo, alguien que hace arte es tan importante para la sociedad como quién defiende los derechos de los trabajadores o salva al mundo de enfermedades.
Tipo de evaluación
La evaluación es uno de los temas que más me preocupa en los actuales
modelos educativos. Desde mi perspectiva, la evaluación tradicional numérica (o
que en algunas ocasiones es modificada y cambiada por Muy Bien, Bien, Regular,
Insuficiente y otras categorizaciones similares), ha dejado de ser funcional.
Creo que la evaluación, como tal, debe ser parte del proceso de aprendizaje,
es decir, debe ser una instancia más en donde incluso podamos fijar los
conocimientos, hacer consciente al alumno sobre lo que ha aprendido, y ayudarlo
en la búsqueda de más conocimientos si considera que es necesario ahondar en un
tema.
El punto con la evaluación clásica, que se basa en un número, es que de
alguna manera estigmatiza a los alumnos “Ese es un alumno de diez, o de ocho” o
“Es un alumno excelente, bueno, regular”. Y en este sentido, quizá deberíamos
modificar eso, para que la evaluación sea real y le de algún tipo de
retroalimentación importante al alumno.
Digo esto porque he visto cientos de veces a alumnos persiguiendo a
profesores por un punto más para sacar el diez, o preguntar ¿Saqué diez? Se ha
vuelto una esquizofrénica búsqueda por obtener el numero mayor, como si se
tratara de un sorteo de lotería.
Es por eso que le apuesto a dos cosas fundamentales, a la autoevaluación y
a la reflexión sobre el proceso de aprendizaje.
Y es que creo que una de las mejores competencias que les podemos dar a los
alumnos hoy en día, es la capacidad de autoevaluarse frente a sus procesos de
aprendizaje, pero también frente a la vida misma, en donde la reflexión también
juega un papel sumamente importante.
La autoevaluación esta bien fundamentada en el paradigma humanista, y ofrece
varias opciones para que los facilitadores pueden tomar una elección, tal como
lo señala Hernández (2008):
“Según Patterson (1982), la autoevaluación puede hacerse mediante una evaluación escrita, calificarse a sí mismo, demostrar si se ha cumplido un contrato, discutiendo con otros compañeros, análisis mutuo con el profesor, etc. Los criterios que siguen los alumnos para la autoevaluación suelen ser muy diferentes en cada ocasión”.
Si bien es cierto que hablar de autoevaluación, no es fácil para los
profesores, y tampoco para los alumnos, creo que es importante comenzar a
plantear esta técnica con el fin de obtener personas que puedan ser más
críticas con respecto al trabajo o las labores que desarrollan.
Y es que la autoevaluación, trae consigo una serie de beneficios para los
estudiantes, como lo señala Ortiz (2007):
“La autoevaluación no constituye, única y exclusivamente, un proceso introspectivo para lograr los aprendizajes, sino también, y sobre todo, es una estrategia continua de consolidación de habilidades, saberes y actitudes surgidas dentro y fuera del sistema educativo. Las mismas serán aplicadas para conformar y orientar la autonomía del estudiante a fin de mejorar sus procesos cognoscitivos, fortalecer y ampliar sus expectativas y ejecuciones, basándose en la presentación individual de los resultados, tratando de incidir positivamente en su autoestima, eficacia y motivación, de manera que continúe adquiriendo conocimientos más elevados. Si queremos formar personas comprometidas con el desarrollo de su comunidad, competitivas en el ámbito internacional y con la habilidad del autoaprendizaje, es necesario cambiar la estructura de la labor educativa a una que se centre en el aprendizaje y no en la enseñanza”.
Conclusiones
Creo que es importante que nos detengamos un momento a pensar si la
educación actual está cumpliendo con las necesidades que se requieren para el
mundo actual y futuro. Porque lo que se necesita hoy y especialmente en el
futuro, es que las personas resuelvan problemas y ofrezcan soluciones con
creatividad. Hoy ya no tenemos un problema de acceso a la información, esa está
presente en todos lados, lo que necesitamos ahora es enseñar a cómo utilizar
esa información para convertirla en conocimiento y así promover una humanidad
más próspera.
Necesitamos revisar, hasta qué punto, la educación como la hemos venido
manejando, genera personas que se sienten felices con las actividades que
desarrollan, pero también, que puedan y sepan generar su propias oportunidades,
que cuenten con un espíritu emprendedor.
La educación es una herramienta muy importante para cambiar el mundo, para
hacer del lugar en el que vivimos, un lugar mucho más amable, más sano. En
especial, los momentos difíciles en cuanto a violencia e inseguridad que
vivimos hoy en día, requieren que la educación tome un partido más activo, de
manera que en el futuro se genere una sociedad mucho más colaboradora, más
sana, y con mayores oportunidades para la población en general.
Desde mi perspectiva, así como estamos manejando la educación, únicamente
seguimos replicando modelos que ya no están siendo funcionales, y que se han
transformado incluso, en algunos casos, en los mismos generadores de problemas
que estamos viendo diariamente en la sociedad.
Referencias
Ferrero, R. (2007) Estrategia didácticas del Aprendizaje Cooperativo; el constructivismo social, una nueva forma de ensenar y aprender. México. Trillas.
Hernández, G. (1998). Paradigmas en psicología de la educación. México: Paidos.
Ortiz, E. (2007). La autoevaluación estudiantil: una práctica olvidada. Cuaderno de Investigación en la Educación, 22, 107-119. Recuperado el 2 de noviembre, de http://cie.uprrp.edu/cuaderno/ediciones/22/06.html
Un WebQuest es una actividad de aprendizaje, diseñada para que los estudiantes realicen un reto utilizando recursos y material que se encuentran en la red. Los WebQuest cuentan con una estructura ya determinada y la idea fue desarrollada por Bernie Dodge y Tom March de la Universidad Estatal de San Diego en 1995 (Argote, s/f) como una manera de ayudar a darle cierto orden al uso de internet en el aprendizaje.
Lo interesante de esta estrategia, es que estas actividades ya van encaminadas a que los estudiantes desarrollen un aprendizaje autónomo, generalmente en equipos, pues el rol de profesor se limita a establecer la actividad y a monitorear su desarrollo, cosa que a principios de este siglo era toda una novedad. De este modo, los WebQuest se componen de una estructura bastante ordenada, que contiene elementos que el profesor debe crear.
Los elementos de un WebQuest
1.- Introducción
Aquí se define el tema y se establece el objetivo de aprendizaje.
2. Tarea
En esta parte se señala de manera concreta cuál es el problema a resolver o el producto que deben generar.
3.- Proceso
En esta sección se establecen todos los pasos que se deben seguir para cumplir con el reto planteado, independientemente de si es la resolución de un problema o la creación de un producto.
4.- Recursos
Esta es quizá una de las partes más importantes, ya que aquí el profesor coloca los materiales de consulta que se utilizarán y que deben ser digitales (al inicio se utilizaban únicamente textos, pues el video vía internet o streaming, todavía no era tan popular debido a que la velocidad de internet de esos años era limitada, además de la capacidad de almacenamiento) y de cualquier tipo. Estos recursos son en donde se encuentra la información necesaria para resolver el reto que se les colocó.
5.- Evaluación
Aquí se establece cómo se evaluará la actividad y generalmente se trataba de una rúbrica o una lista de cotejo. Lo interesante aquí también, es que se podía plantear una evaluación realizada por el profesor, una autoevaluación, o bien una evaluación realizada por el grupo.
6.- Conclusión
En ella se especificaba a los estudiantes cual debería haber sido su aprendizaje obtenido.
Un ejemplo de
WebQuest
Este es un ejemplo de un WebQuest que realicé en 2015 para la Asignatura de radio que impartía a nivel licenciatura y que tenía como reto principal crear un programa radial. La página en la que hice este WebQuest ya no permite la creación de nuevos, sin embargo, afortunadamente aún tiene archivados los que se realizaron:
La importancia de estas estrategias en actualidad.
Pensemos que, a mediados de los 90 y en los inicios de siglo, el avance tecnológico de internet aún no estaba tan desarrollado como en nuestros días, lo cual hacía que este tipo de actividades fueran bastante innovadoras para su época. Hoy, algunos profesores la siguen usando con éxito, pero también muchas de las nuevas estrategias que se están lanzando, plantean estructuras similares, como el Aula Invertida o el Aprendizaje Basado en Retos.
Sin embargo, los WebQuest fueron los primeros en darle cierta estructura al aprendizaje utilizando nuevas tecnologías, e incluso, podríamos decir que es el principio de la educación gamificada (con estructura de videojuego) pues contenía un reto a lograr mediante una ruta a seguir.
Herramientas para crear un WebQuest.
Por otro lado, en
ese entonces crear una página de internet requería ciertos conocimientos
técnicos, lo cual hoy en día está superado debido a las nuevas plataformas para
la creación de sitios de internet. Es por ello que surgieron algunas páginas
para ayudar a la creación de este tipo de actividades sin necesidad de tener
conocimientos técnicos de internet. Hoy muchas de ellas ya desaparecieron (como
la que yo utilizaba para realizarlos), aunque algunos aún sobreviven como las
siguientes:
También existen
otras opciones para realizar WebQuest, como este sitio que permite crear uno
para descargarlo y alojarlo en algún servidor de internet propio, lo cual ya
requiere algunos conocimientos técnicos:
Sin embargo, hoy hay muchas herramientas que nos permitirán crear uno incluso mucho más llamativo, como WordPress.com, Blogger o Wix. Lo importante es seguir la estructura que plantea un Webquest.
Más allá de que hoy tenemos otras estrategias, recomiendo mucho hacer uno y probarlo en alguna o algunas de nuestras clases, pues la estructura de trabajo es bastante buena y generalmente se obtienen buenos resultados. Ojalá alguien que haya probado esta estrategia o que se decida a realizar uno nos los comparta en los comentarios.
Este ensayo fue escrito en el 2014, para el módulo de investigación de la Maestría en Comunicación y tecnologías Educativas del ILCE. Hoy, sigue totalmente vigente.
Por Emiliano Leal Sorriente
Introducción
El famoso “copy-paste” (copiar y pegar), se ha convertido en la pesadilla
de los profesores y en el hábito diario de muchos estudiantes. Esta es quizá
una de las formas más sencillas y más populares de plagiar, entendiendo esto
como “Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”, según la
Real Academia de la Lengua Española.
Lamentablemente, el plagio se ha convertido en algo común que no se da únicamente
entre los estudiantes, ya que también académicos jóvenes, e
investigadores, han hecho del plagio
algo que sucede día a día, sin que sean entendidas a fondo las consecuencias
que tiene, y en muchos casos, sin que ni siquiera se den cuenta de que están
cometiendo plagio, o entendido de mejor manera: robando ideas (Plagio
académico, ¿robo y fraude?, 2008).
Trataré de exponer entonces, cómo es que el plagio se ha venido
inculcando sin que nos demos cuenta, desde la escuela, y no ha terminado en la
universidad, si no que se ha extendido mucho más allá en el tiempo, siendo una
constante que se da en diversos ámbitos, y que se ha propagado mucho más con la
llegada de las nuevas tecnologías y el caudal de información al que hoy tenemos
acceso en internet, herramienta a la cual, según un estudio (Sureda, J. Comas,
R. Morey, M., 2009), la mayoría de los profesores acusan de ser la principal causante
del plagio.
La escuela y el plagio
Pareciera que no estamos acostumbrados a ver el plagio como algo reprobable
y esto tiene que ver, desde mi punto de vista, con un problema que se origina
en la educación misma. Durante años hemos crecido en un contexto educativo en
el que para “aprender” algo se nos pedía copiar textos de monografías, de
enciclopedias, y en el mejor de los casos, de libros, sin poner especial atención
en que estábamos copiando algo desarrollado por otra persona, de manera que
debíamos darle su crédito.
Pero sin duda, es también una cuestión ética, como lo indica Rojas
(2012):
«La responsabilidad de dar crédito a los autores o autoras, cuyos textos o ideas se utilizan en el escrito, constituye una obligación ética de consenso en el ámbito académico y social. Desde tiempos escolares se aprende sobre el uso de comillas como signo de puntuación para anotar palabras, frases y párrafos ajenos». (p. 56)
En este sentido, creo que entender y utilizar el entrecomillado de las
frases que no nos pertenecen, parece no haber sido suficiente, incluso creo que
está más asociado a un uso correcto de la ortografía, que a una cuestión ética
como tal. Esto lleva a que, desde mi perspectiva, se confunda esta idea con la
de investigar.
En el caso de la investigación académica el plagio ocurre en diferentes
formas. En diversas investigaciones (Howe y Moses, 1998, citado en Buendía,
s/f; Silva D,. Cuevas R., Silva A., 2007) podemos encontrar que en ocasiones
los autores traducen alguna publicación de un idioma distinto y la publican
como si fueran propias.
Algo que también puede ser común, es el autoplagio. Pero, ¿puede uno plagiarse a sí mismo? En realidad sí, el autoplagio es volver a tomar un documento ya realizado y entregarlo nuevamente como si fuera nuevo o reciente y sin advertir directamente que se está reciclando (Rojas, 2012; Plagio académico, 2008).
El estudiante y el plagio
Desde que he sido profesor, me he dado cuenta de que los estudiantes poco
parecen estar conscientes de la gravedad de estos temas y en muchos casos, lo
consideran algo normal, que todos hacen y que además no tiene consecuencias,
muchas veces porque el profesor no se da cuenta, o bien, porque no se toma el
tiempo de enseñarle a sus alumnos sobre la gravedad de este tema. O peor aún,
como menciona Campos (2006) se ha pasado de la indiferencia a la resignación.
En un trabajo de reflexión que solicité en alguna oportunidad, recuerdo
haber recibido de un alumno, fragmentos de textos que de inmediato llamaron mi
atención por el hecho de estar inconexos y porque había señalamientos que,
aunque tenían relación con el tema central, no tenían nada que ver con lo que
en la reflexión se solicitaba, característica que Rojas (2012) señala como
punto a prestar atención para descubrir un plagio.
Fue muy fácil descubrir la trampa. Así como mi alumno había usado
internet para obtener los textos, bastó con colocar en el buscador Google
fragmentos del texto entrecomillado, lo que hace que el buscador localice las
frases exactamente como uno las está escribiendo.
Mi primera búsqueda me remitió a un folleto publicitario, la segunda a un
blog, y la tercera a una revista. Mi alumno se había dado a la tarea de, sin
saberlo, investigar un poco del tema. Puede ser que las fuentes que eligió no
hayan sido del todo confiables, pero de alguna manera había hecho un trabajo de
investigación y en lugar de analizarla y reflexionar sobre ella, prefirió
copiar y pegar fragmentos sin siquiera revisar si lo que estaba diciendo era
coherente.
¿Por qué si ya había realizado búsquedas y había obtenido algo más de
información sobre el tema no había hecho una reflexión propia? La respuesta fue
que estaban acostumbrados a realizar los trabajos así y no sabía que eso era
plagio. Sin embargo ya tenía la mitad del trabajo realizado, la parte de
investigación, pero nunca se dio el tiempo de procesarla de manera personal.
En otra oportunidad, en un foro de discusión, un alumno parafraseó la reflexión de un compañero, cambiando el orden de las ideas y usando palabras distintas. Cuándo le pregunté si tenía algún inconveniente para trabajar sus textos, porque creía que había usado las ideas de su compañero, el alumno me dijo que sí lo había hecho y que era porque le costaba mucho expresar sus ideas. Le pedí que me diera su reflexión de manera oral en ese momento y descubrió que efectivamente podía hacerlo sin tener que copiar. Pero él sentía que no podía hacerlo y su solución inmediata fue copiar, sin dolo, pero al fin y al cabo, era un plagio.
Ética y plagio
Con esto quiero llegar a que parte de nuestra ética profesional como
investigadores, debe estar relacionada a que, como docentes, enseñemos y
expliquemos claramente a nuestros alumnos, primero, qué es el plagio y por
supuesto las consecuencias que conlleva. Pero no podemos quedarnos solamente
ahí, debemos también, enseñarles a no plagiar, y creo que es aquí en donde está
el punto que ha permitido que el plagio se haga cotidiano. Muchos no saben cómo
evitarlo, ni cómo utilizar la información de terceros de forma adecuada.
Y esto nuevamente me remite a que el problema del plagio está
directamente relacionado a que nadie nos enseñó de manera correcta que no se
debe plagiar y eso se replicará también en nuestras dinámicas profesionales, y
en la de los investigadores del futuro. También me lleva a pensar que la
costumbre del plagio, viene directamente desde el aula.
Si pensamos en el problema de la corrupción, como un problema social que
también parte desde la educación básica con cosas tan sencillas como hacer
trampa en una tarea (Ganem, 2002), también debemos ver que el plagio es algo
que se origina en este mismo lugar y con dinámicas muy similares: profesores
que no revisan las tareas o no se toman el tiempo de verificar si un trabajo
fue plagiado.
Por otro lado, me cuesta mucho pensar que un investigador en el ámbito de
la docencia, que necesariamente debería haber pasado por el aula como profesor
en algún momento, si es que no continúa dando clases, desconozca las normas
básicas de plagio y pueda afirmar que si realizó esa falta a la ética, fue por
desconocimiento. Esto no ocurriría o no podría usarse como argumento, si
cuidamos más el tratamiento del plagio convirtiéndolo en una norma generalizada
desde la escuela.
Y tal como lo comenta Miranda (2013):
«La lucha contra el plagio ha de comenzar, desde luego, poniendo los medios para que, quienes desarrollan alguna actividad de investigación científica (en particular los que se inician en ella), adquieran la conciencia de que también en este ámbito hay reglas morales específicas que deben seguirse. Es decir, es necesario enseñar que el plagio es ilícito y por qué lo es».
Y pareciera que esto puede funcionar, tal como lo
señala Palifka (s/f) en su documento Educando
para evitar el plagio, donde señala que después de enseñar a los alumnos sobre
el significado del plagio y cómo no cometerlo, se reducen considerablemente los
casos.
Conclusiones
Si bien el plagio académico en todos los niveles se ha convertido en un
problema serio, contraviniendo la ética y en algunos casos quebrantando leyes
de derechos de autor, es decir cometiendo un delito, se hace necesario que este
tema se aborde en las escuelas desde más temprana edad y hasta la educación
profesional. Pero debe ser abordado de manera más profunda, para que no quede
única y exclusivamente en la idea del estudiante, que con el simple hecho de
citar algo entre comillas, ya no está plagiando, si no que debemos explicar las
consecuencias que conlleva dicho acto y como se debe citar correctamente.
Un investigador o docente, por otro lado, no debería rebajarse y plagiar
los contenidos de los textos, si no todo lo contrario, debería trabajar en
contra de que esto suceda, por lo menos si es un investigador ético. Y por otro
lado, creo que un investigador no debería argumentar desconocimiento sobre éste
tema, pues la fuente de sus investigaciones es, justamente, el trabajo de muchos
otros, y debe tener completamente claro cómo dar el crédito correspondiente,
porque además, cuando la verdad sale a la luz, hace que el investigador quede
expuesto y desprestigiado.
Si bien es cierto que en este texto no podemos analizar absolutamente todo
la problemática del plagio, pretende ser un primer planteamiento sobre como la
educación que hemos obtenido desde pequeños ha influido en que esto ocurra. Y también,
quizá comenzar a generar un diálogo sobre este asunto.
Campos M. P. (2006). Apuntes sobre redacción y plagio académico. Revista Virtual Universidad Católica del Norte, (19) Recuperado el 20 de febrero de 2014, de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=194220467010
Ganem, P. (2002) Escuelas que Matan. ¡Vivillo desde chiquillo! La función de la tarea y la corrupción (p.144-153) México D.F.: Edimich InterWriters.
González T., M. & Mattar V., S. (2011). ¿Es el plagio una sorpresa? ¿Acaso tiene clase?. Revista MVZ Córdoba, 16(3) 2657-2658. Recuperado el 24 de febrero de 2014, de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=6932239900
Sureda, J. Comas, R. Morey, M. (2009), Las causas del plagio académico entre el alumnado universitario según el profesorado. Revista Iberoamericana de Educación (50) pp. 197-220. Recuperado el 27 de febrero de 2014, de http://www.rieoei.org/rie50a10.pdf
Hoy hago el lanzamiento de este blog en el que hablaré de lo que más me gusta: la educación. Ya escribí toda una introducción sobre el por qué de este blog que pueden leer aquí. Pero básicamente se trata de dejar de aburrir a mis amigos y familiares en las reuniones, y mejor dejar aquí plasmadas estas ideas por si le sirven a alguien, pero también como una bitácora personal.
Así pues, este blog busca ser un espacio en el que pueda exponer todo lo que pienso y he investigado sobre educación, así como compartir algunas de las cosas que he desarrollado sobre el tema.
Así como una de las partes más importantes para mi, una especie de Observatorio de Experiencias Educativas, en las que colocaré ideas que pueden ser inspiradoras como esta:
Además de esto, colocaré algunas de las clases que he diseñado o ejercicios que he desarrollado con mis alumnos, pues creo que pueden ser de utilidad para quienes como yo, nos dedicamos a la docencia. La educación, finalmente, se trata de compartir y de enriquecernos todos con nuevos conocimientos. Así que, bienvenidos a este espacio. Espero que les guste, pero sobre todo, que les sea útil y que podamos intercambiar ideas.