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Es hora de acabar con el salón de clases.

Para la educación del futuro las aulas son totalmente obsoletas. Necesitamos cambiar el paradigma del salón de clases tradicional para pasar a espacios que apoyen y faciliten el aprendizaje. 

Pixabay.com (2017)

Por Emiliano Francisco Leal Sorriente.

Una de los puntos más urgentes que debemos abordar en educación, es el de las aulas. Tradicionalmente los salones de clases siempre han mantenido una estructura específica que no se ha transformado por años, es más, por siglos. Esto debe de cambiar ya.

Actualmente en la mayoría de las escuelas seguimos viendo hileras de alumnos sentados de frente al pizarrón, mirando justo ahí donde estará el maestro dictando clases.

Si queremos poner al alumno en el centro y hacer que sea él quien guíe su propio proceso de aprendizaje, entonces tenemos que comenzar por ponerlos a ellos en el centro, creando espacios de trabajo en donde la jerarquía alumno-profesor pase a segundo plano.

Pixabay.com (2017)

Para ello, será fundamental dejar de pensar en las aulas como hasta ahora se han venido manejando. Esos salones de clases están totalmente obsoletos. Incluso, ya es necesario que diseñemos y exploremos nuevos espacios en donde el aprendizaje de pueda dar de otra manera, con mayor libertad e incluso con mayor naturalidad.

Eliminar las aulas 

Desde mi punto de vista, ya debemos comenzar a eliminar las aulas tal como las conocemos, del proceso educativo. Ahora deberíamos pensar en espacios de trabajo colaborativo, en donde la interacción de los estudiantes se pueda dar de manera natural, e incluso combinados en grados distintos.

Estos espacios deberían tener varios elementos que permitan que el estudiante tenga acceso a distintos recursos según las necesidades que su reto educativo presente, por ejemplo, desde contar con mesas de trabajo hasta espacios para consulta en internet, pasando por sillones o lugares en donde se puedan tirar en el suelo a trabajar. 

Wikimedia Commons (2012)

Hoy, la mayoría de las empresas innovadoras en el mundo cuenta con este tipo de espacios, de donde también han derivado los centros de coworking, también conocidas como oficinas compartidas, que han tenido debido a este esquema. En ellas no hay paredes, suelen tener separaciones con vidrios, cuentan con cafetería, sillones y zonas de relajación que permiten que se de la interacción. En estos centros de coworking se han gestado importantes ideas, y es gracias a que permiten la colaboración.

Generar espacios de este tipo en las escuelas, sin duda puede ser beneficioso, incluso si se mezclan estudiantes de distintos grados, ya que esta colaboración podría propiciar un mejor aprendizaje y también el desarrollo de nuevas ideas, es decir, de mayor creatividad. El modelo Sudbury, por ejemplo, es uno de los pioneros en este esquema de trabajo.

Un centro educativo que también ha trabajado en esta idea y que fue concebido para que sus espacios permitieran generar un aprendizaje distinto, es la escuela finlandesa Saunalathi, pensada sólo con algunas paredes de vidrio y con espacios que permiten desarrollar la creatividad y relajarse.

Verstas (2012)

“La Escuela Saunalahti fue diseñada para integrar un aula no tradicional en la experiencia educativa a fin de generar nuevos modos de aprendizaje en los que se da una gran importancia a la colaboración” (Sayej, 2013).

Lo interesante de esta escuela es que no sólo ha servido para que exista un mejor aprendizaje, si no que también de ha convertido en un espacio de encuentro de la comunidad que habita en los alrededores, donde ha reforzado sus vínculos y ha comenzado a colaborar.

Alternativas de las aulas

Evidentemente no en todas las escuelas se podrán crear espacios nuevos, ya sea por un tema de recursos o por un tema de estructura tradicional. Además, todavía será difícil que una supervisión de alguna institución gubernamental educativa que regule los centros escolares, tolere un cambio en este esquema, pues la mayoría de estas instituciones, por lo menos en América Latina, sigue con un paradigma educativo bastante atrasado e incluso errado de hacia dónde va la educación en el mundo.

Lo que sí podemos hacer es encontrar estrategias para modificar los espacios que tenemos o salir de ellos de alguna manera. En este sentido, presento algunas propuestas que nos permitan explorar distintas formas de trabajo con los estudiantes y que puedan facilitar su aprendizaje.

Así, partiendo desde lo sencillo podemos crear un espacio distinto. «Muchos factores importantes que impactan en los resultados de aprendizaje, se pueden cambiar sin necesidad de gastar mucho y pueden ser reorganizados por maestros y estudiantes, como el acomodo del salón, la elección de materiales de aprendizaje que se exhiben, o el color de las paredes» (Barrer, 2013).

Transformar el aula

Algo fundamental es empezar a transformar el aula, comenzar a crear un espacio que sea amigable con los estudiantes, que también refleje sus gustos e intereses y que permita ser también un espacio de expresión, pero de expresión real, libre y basada en los intereses e inquietudes de los estudiantes.

Pixabay.com (2016)

La mayoría de las veces vemos salones muy sobrios, pintados de colores neutros como café, gris o blanco, y con muy pocos adornos o elementos extras. Tradicionalmente los salones se han mantenido así con el argumento de no «distraer» a los alumnos, aunque más bien creo que ha sido para no estimular su creatividad ni su pensamiento divergente.

Que los estudiantes se apropien de su salón, genera una mejor disposición al espacio, se sentirán más contentos de estar ahí, pero también fomenta la identidad y cohesión del grupo.

Mesas de trabajo

Permitir, por ejemplo, que los estudiantes se integren en mesas de trabajo, agrega un componente de interacción y colaboración que puede facilitar el aprendizaje de manera sustancial. Las mesas de trabajo en grupo, son ideales para que los estudiantes generen aprendizaje de manera colaborativa a través del hacer y la resolución de problemas.

Pixabay.com (2016)

Algo que va a ocurrir, y que es muy importante tener en cuenta, es que estas mesas de trabajo seguramente detonarán una interacción distinta en los alumnos. Recordemos que el aprendizaje entre pares es mucho más eficaz, pero para que ocurra debemos permitir el cuchicheo que genera el diálogo y el intercambio de ideas.

Desde la perspectiva del profesor, este esquema podría generar más ruido y distracción de lo normal, sin embargo, tenemos que tener muy claro que ese ruido y distracción también es parte del aprendizaje, pues en la mayoría de los casos provendrá del trabajo colaborativo que se está generando.

Es muy importante señalar que estas mesas de trabajo solo funcionarán si el maestro diseña actividades específicas para este esquema. Si se pretende dictar una clase de la manera tradicional, este esquema no tendrá sentido y probablemente no veremos la colaboración entre los estudiantes.

Acabar con las filas de bancas

Además de las mesas en equipos de trabajo, los salones pueden ser reacomodados de mil maneras distintas: en herradura, en círculo, en filas encontradas, etc. 

Pixabay.com (2017)

Cómo acomodar el aula también puede depender de las actividades de aprendizaje que se tengan planeadas, pero sin duda lo importante es que el salón no se quede estático, ni los alumnos tampoco. 

El aprendizaje debe moverse dentro del salón, por eso no puede quedar estático. Y para que ello ocurra debemos tratar de que el aula siempre cambie.

Trabajar en otros espacios

Lo ideal sería también comenzar a trabajar en otros espacios, como patios, jardines, salones distintos. Sacar a los estudiantes de su rutina habitual hace que se sientan mayormente motivados y que salgan de la monotonía del salón de clases. Una vez más, que ocurra un aprendizaje exitoso radicará en las actividades que se diseñen para estos nuevos espacios.

Pixabay.com (2013)

Incluso, si el centro educativo lo permite, hasta se podría ir a trabajar un día fuera del colegio, a un lugar cercano como un parque o una biblioteca. Así, también comenzamos a sacar a los estudiantes al mundo y no los dejamos encerrados en un espacio escolar.

Vincularse con la comunidad es fundamental para tener un aprendizaje real. «Estallar la burbuja del aula para que los estudiantes salgan a caminar y cuestionen las realidades que habitan en sus barrios es un ejercicio que transforma las aulas en laboratorios de ideas y soluciones» (Barrantes, 2019).

Conclusión

Transformar el salón de clases, crear nuevos espacios de trabajo, mover el mobiliario de los salones y a los alumnos, hoy debe ser una propuesta presente en todos los centros educativos.

Cómo vemos, hay muchas maneras de trabajar la movilidad del aula, y hay muchas otras que aquí no se mencionan. Pero lo más importante es hacerlo, perderle el miedo a moverse y a movernos junto con los alumnos.

Pixabay.com (2015)

Es verdad que para quienes provienen de modelos educativos tradicionales, y que han estado dando clases bajo ese mismo esquema por muchos años, cambiar no será fácil al principio, pero sin duda será un reto que también transformará al maestro.

Un aula que no se mueve es como una pesada roca que deben cargar los estudiantes todos los días. Un aula que se mueve, es como un río por donde fluye el aprendizaje y las experiencias.

Referencias.

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Proyecto de sistema de evaluación disruptiva para las materias de Emprendimiento de nivel bachillerato y Pensamiento de Diseño de Licenciatura.

Imagen: Pixabay.com (2015)

Por Emiliano Francisco Leal Sorriente.

Realicé este proyecto a finales de diciembre de 2015 como parte del Diplomado en Educación Disruptiva que tomé como módulo adicional dentro de la Maestría en Comunicación y Tecnologías Educativas.

Contexto de la aplicación.

Este proyecto busca generar una propuesta innovadora y disruptiva para realizar la evaluación académica de los estudiantes de dos materias específicas: “Emprendimiento”, para bachillerato impartida en una escuela privada, y “Pensamiento de diseño (design thinking)” para tronco común que se imparte en una universidad especializada en negocios.

A todas luces, se trata de dos materias que irrumpieron de manera importante en dos programas educativos tratando de romper un poco con la visión tradicional de las materias curriculares,y convirtiéndose en una opción que permita a los estudiantes generar nuevas habilidades que se requieren hoy en el entorno social y laboral.

Ambas materias tiene relación entre sí, ya que plantean la elaboración de una idea que se pueda convertir en realidad para generar un proyecto de emprendimiento, y tienen un temario similar, por lo que se decidió abordar las dos materias en esta propuesta.

Problemática.

Uno de los mayores problemas que enfrenta hoy la educación tiene que ver con la forma de evaluar. No es un tema nuevo y aunque ha estado en la agenda educativa por mucho tiempo, hoy la discusión en torno a esto parece tomar fuerza con la aparición de las nuevas tecnologías.

Se trata de uno de los puntos más polémicos a nivel educativo, ya que se sigue planteando una evaluación que pareciera ser anticuada, y que ha evolucionado poco. Y aunque si bien existen algunas nuevas propuestas, se suele caer en el mismo esquema de tabulación numérica y evaluaciones tradicionales.

Imagen: Pixabay.com (2017, julio 6)

Pensemos en la clásica evaluación a través de exámenes que sirve para arrojar un número. Dicho número no representa en realidad todo lo aprendido por los estudiantes, si no que sólo mide una fracción a partir del criterio de quién realizó dicho examen, es decir, es una evaluación parcializada y subjetiva.

Por otro lado, ya el mero hecho de catalogar con un número implica que estamos dando una opinión sesgada del aprendizaje, en la que pueden entrar en juego infinidad de factores, algo que con los exámenes puede suceder habitualmente: “Los estudiantes suelen calificar los exámenes como desagradables. El efecto que produce en los alumnos no es uniforme, sino que está en función de múltiples variables” (Bausela, 2005). Y sin mencionar que la retroalimentación suele quedarse solo en un «aprobado» o «desaprobado».

Si bien ambas materias para las que se plantea este proyecto se desarrollan con base en la elaboración de proyectos (lo cual puede resultar innovador en algunos sentidos), siguen siendo evaluadas de forma tradicional, generando una calificación numérica.

Después de lo expuesto anteriormente, el reto entonces, es vincular la evaluación de dichas materias con algo más cercano a la realidad, que permita que los alumnos obtengan una retroalimentación más clara sobre su trabajo y sobre lo aprendido, generando además un nuevo concepto de evaluación.

En este sentido, este proyecto busca generar y recuperar algunas ideas que puedan servir como un punto de partida para consolidar diversas técnicas de evaluación disruptiva, así como proponer un cambio de visión sobre dicho tema para que pueda ser bien recibido por las instituciones formales, y por supuesto, otorgarle una nueva perspectiva a la evaluación para que se convierta en parte del proceso de enseñanza aprendizaje, y no en la temida etapa que ningún estudiante quiere ver llegar.

Justificación.

¿Por qué hablar de evaluación disruptiva? Lo primero que habría que observar es que, no sólo en México, si no que en gran parte del mundo, el tema de la evaluación ha generado gran polémica en la sociedad. Pero esto también se debe a que no nos hemos puesto totalmente de acuerdo sobre qué significa evaluar, y mucho menos, en cómo debemos hacerlo hoy, considerando que estamos frente a nuevas opciones educativas.

Pixabay.com (2017, Julio 20)

Es curioso que por ejemplo, maestros que están acostumbrados a evaluar a sus alumnos todo el tiempo, tengan miedo o se nieguen a ser evaluados. Eso quiere decir, que desde un inicio, la evaluación es vista como algo malo. Si resulta malo para los maestros, imaginemos lo que sentirán los alumnos ante dichos procesos.

Esto en parte quizá se deba a conceptos asociados por la evaluación que a veces parecen sólo referirse a determinados aspectos, tal como lo plantea Santos (1999) al proponer nuevos sistemas de evaluación:

“Se habla de evaluación refiriéndose a procesos de carácter comparativo aplicados a mediciones de resultados, se llama evaluación a fenómenos de rendimiento de cuentas impuestos por la autoridad, se denomina evaluación al análisis diagnóstico realizado mediante instrumentos que permiten cuantificar los datos, se habla de evaluación cuando se realiza la comprobación del aprendizaje de los alumnos…” (p.2)

Así pues,  se hace necesario pensar en una nueva forma de evaluar, que no genere esa tensión en el estudiante, pero que a la vez les permita entender cuáles son sus áreas de oportunidad reales. En este sentido, pareciera que resulta más efectiva la retroalimentación, el problema es que al momento de pasarla a una escala como suelen solicitar casi todos los sistemas educativos que predominan actualmente, ésta suele sesgar la visión del estudiante, que sólo recordará que tuvo un 8 ó 9, pero pronto olvidará el por qué.

Propósitos.

Este proyecto busca plantear una nueva forma de evaluación acorde a las nuevas materias que se van a presentar en el ámbito educativo, y que tengan más vinculación con la realidad, permitiendo a los estudiantes tener un acercamiento al contexto al cual se enfrentarán, y que además resulte también en una forma de aprendizaje gracias a la retroalimentación.

A corto plazo, se busca probar este sistema de evaluación para validar su funcionamiento y realizar las mejora pertinentes. A mediano plazo, incorporar de manera oficial este sistema de evaluación en las materias señaladas, y por último, a largo plazo, generar nuevas propuestas de evaluación para otras materias de ambas instituciones educativas.

Metodología.

Para la elaboración de este proyecto, se plantea emplear la técnica de Pensamiento de Diseño (Design thinking), que actualmente es utilizada en muchos de los procesos de innovación que emplean tanto empresas, como emprendimientos, y en general está siendo adoptada por muchas disciplinas.

Dicha técnica señala que a partir de entender un problema, hay una serie de pasos que debemos seguir para encontrar soluciones innovadoras, como son la observación directa e indirecta, el involucramiento empático con dicho problema para definir conceptos, la generación de ideas en torno a ella, la búsqueda de alternativas, la realización y prueba de prototipos, y por último la generación de un producto que permita resolver dicha problemática (IDEO et. al, s/f; Institute of Design at Stanford, S/f).

Imagen: Freepick.com (2018)

En este sentido, lo primero que se hizo es realizar una observación directa e indirecta de los procesos educativos de estas materias, así como sus principales actores, con el fin de obtener algunos datos que nos permitan generar un primer punto de vista. Posteriormente, se realizó una investigación de los actuales sistemas de evaluación, y se ubicaron algunas alternativas así como propuestas nuevas al respecto, con el fin de obtener un panorama completo que nos permita posteriormente establecer algunas de las características principales que debería tener una evaluación disruptiva, y de qué manera se podría aplicar.

También se socializó el problema con profesores y estudiantes, para así obtener una retroalimentación que nos permitió comenzar a pensar en soluciones a la problemática de la evaluación.

Así, se plantea generar un prototipo de evaluación para ser probado en alguna de dichas materias, y que sirva como base para la generación final de un sistema que proporcione una evaluación más certera para estas dos materias, pero que también podría ser aplicada en otros cursos.

Marco de referencia.

Si queremos hablar de evaluación, es importante que comprendamos el concepto en su contexto histórico y actual, para entonces poder plantear nuevas alternativas que se adapten al “nuevo normal” que vivimos en la educación actual y que está cambiando a las instituciones educativas (Piscitelli, 2015).

Como ya lo hemos señalado anteriormente, una evaluación pareciera estar más enfocada a “medir” de manera cuantitativa los resultados obtenidos, lo cual es muy conocido en el contexto educativo. La calificación, se ha convertido en la forma de determinar el aprendizaje de los alumnos, con ese número sabemos si acredita o no una materia, si es bueno o mal estudiante, pero no nos señala específicamente qué se tiene que mejorar.

Imagen: Pixabay.com (2014, octubre 3).

Los sistemas escolares de casi todo el mundo, siguen este patrón, y piden que las instituciones educativas generen año con año números en los alumnos que medirán sus avances, indicarán si saben o no, si son capaces de algo o no. Se cataloga a los estudiantes con un número, dejando de lado otros aprendizajes que no pueden ser medidos de esta manera. Sin embargo, es importante que comencemos a pensar que “la evaluación no debe ser un arma, sino una ayuda, debe ser una herramienta para que el aprendizaje suceda en vez de ser precisamente su freno” (Acaso, 2015).

Además, hay factores que no se están evaluando adecuadamente, como las habilidades sociales, la inteligencia emocional, y otras competencias que el mundo actual exige. Hoy la prueba más famosa de evaluación mundial, el Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), que maneja la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), basa su medición a través de un examen escrito que se aplica a los estudiantes de 15 años, que se realiza en dos horas, y que sólo toma en cuenta áreas de lectura, matemáticas y ciencias (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, s/f), dejando de lado todos los demás aprendizajes.

Pero curiosamente esta posición dista mucho de las nuevas tendencias educativas, que buscan un aprendizaje integral, como lo planteado por Delors (1994) con respecto a los cuatro pilares de la educación:

“Aprender a conocer, es decir, adquirir los instrumentos de la comprensión; aprender a hacer, para poder influir sobre el propio entorno; aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con los demás en todas las actividades humanas; por último, aprender a ser, un proceso fundamental que recoge elementos de los tres anteriores. Por supuesto, estas cuatro vías del saber convergen en una sola, ya que hay entre ellas múltiples puntos de contacto, coincidencia e intercambio.”

En este sentido, la evaluación entonces, debe cumplir un papel que lo transforme en parte del proceso de enseñanza y aprendizaje, pero integrando la mayoría de los conocimientos adquiridos.

Propuesta de Sistema de Evaluación.

Para la elaboración de esta propuesta, nos hemos basado en los distintos datos investigados, así como en conversaciones con profesores y alumnos sobre cuál debería ser la mejor manera de evaluar dicho estas materias.

Lo primero que hay que señalar es que para esta evaluación se propone un esquema de cuatro aspectos a considerar, que además involucra distintos actores. Es decir, será una evaluación de cuatro niveles, como se explica a continuación.

Nivel 1: Presentación del proyecto.

Debido a que ambas materias están enfocadas a la realización de un proyecto, está será la primera parte de la evaluación. Es importante vincular a los estudiantes cada vez más a un contexto real, por lo que se propone invitar a expertos en el tema y a probables usuarios para que conformen un panel de sinodales de 6 personas, que evalúen su proyecto y sus prototipos, y que conformen el 20% de la evaluación total. Para esta presentación, los estudiantes deberán apoyarse en toda la tecnología que consideren pertinente para exponer adecuadamente su proyecto.

Imagen: Pixabay.com (2015, Septiembre 28).

De este modo, los estudiantes dispondrán de 10 minutos para exponer su proyecto, y los evaluadores contarán con una rúbrica de evaluación en la que podrán apoyarse para emitir un puntaje a los proyectos de los alumnos. Esta rúbrica, será elaborada en conjunto por el facilitador y el grupo de alumnos, con el fin de que se pueda obtener un instrumento en el que los estudiantes se hayan involucrado, y donde su mera construcción implica aprendizaje.

La fundamentación de esta propuesta, se encuentra en que la realización de eventos en los que los estudiantes puedan exponer sus trabajos, también forma parte del modelo de Aprendizaje Basado en Proyectos. Rodríguez-Sandoval, et. al. (2010) proponen la Feria de Proyectos en las que lo ideal es que cuenten con jurados externos y pares académicos que deberán evaluar de acuerdo a un formato de evaluación (que en el modelo basado en competencias se conoce como rúbrica o lista de cotejo). Por otro lado, el “Design thinking” considera una evaluación de usuarios mediante la elaboración de prototipos (IDEO & Riverdale, s/f), esta se podría estructurar para ser una evaluación final que otorgue una retroalimentación directa a los estudiantes. Aunque también podría ser aplicada para la evaluación continua.

Nivel 2: Coevaluación.

La segunda parte de la evaluación, deberá realizarla el mismo equipo, posterior a la evaluación obtenida por el panel de expertos y usuarios. Apoyados en criterios que el mismo equipo establezca, los estudiantes deberán asignarse una calificación de equipo que valdrá 20%, y también deberán asignarle una calificación individual a cada uno de los integrantes que valdrá 20%. La discusión que se produzca en torno a estas dos calificaciones, también generará aprendizaje, pues deberán justificar por qué asignan dicho puntaje al equipo, y a cada uno de los integrantes.

Esta idea se puede fundamentar en el hecho de que actualmente debemos aceptar las nuevas configuraciones sociales, y también las nuevas formas de aprender. En este sentido, aparece el concepto de comunidad de aprendizaje, en la que debemos propiciar mecanismos que faciliten la reflexión de todos los agentes participantes como una forma de dejar de hacer una evaluación unidireccional estudiante-profesor (Acaso, 2015).

Imagen: Freepik.com (2017)

Por otro lado, la evaluación entre pares facilita la retroalimentación mutua, y tiene la ventaja de permitir que sean los estudiantes quienes vayan identificando sus áreas de oportunidad, además de desarrollar otras habilidades personales y metacognitivas (Topping, 2003, citado en Educarchile, s/f).

Nivel 3: Autoevaluación guiada.

Otra parte de la evaluación, será a manera de autoevaluación, sin embargo esta será guiada por el facilitador, que mediante una entrevista, le pedirá al alumno que vaya reflexionando sobre su proceso de aprendizaje, su actitud de trabajo individual y en equipo, así como sus aportes concretos al proyecto. De este modo, el estudiante se asignará una calificación final de manera individual que valdrá 20%.

Así mismo, es importante puntualizar que para este tipo de materias, el profesor debe posicionarse como un agente mediador entre el aprendizaje y los estudiantes, y este rol debe cumplir con un proceso de autoevaluación, como lo señalan Ferreiro y Espino (2009):

“La mediación como proceso exige además autoevaluación de parte de los sujetos que aprenden. Exige también controlar el esfuerzo individual y colectivo y tener presentes etapas (procesos) y resultados.

Todo proceso de mediación parte de la premisa de que es posible la modificabilidad cognitiva y también afectiva del sujeto y que esta se propicia en la interrelación social entre los sujetos.” (p.116)

Esta afirmación aplica también para justificar la coevaluación, pero hay que destacar que también es una forma de que los estudiantes logren reflexionar sobre su avances individuales y en colectividad, según criterios determinados.

Algunos de los beneficios de este sistema son: establecer la evaluación como tareas de aprendizaje, que los estudiantes se involucren directamente en su evaluación, y que los resultados conforman una forma de retroalimentación (Álvarez, 2008, p. 246, citado en Gessa A. 2010).

Nivel 4: Portafolio de evidencias

Es importante que exista una evaluación continua por parte del facilitador, que asegure el avance de los estudiantes en los proyectos, ya que de lo contrario, al no tener indicadores los equipos podrían caer en la apatía o dejar de trabajar. En este sentido, el facilitador deberá ir colocando metas con tiempos específicos a los cuales deberán llegar, y que se conformarán como una calificación de equipo. Estos avances deberán irse registrando en un portafolio de evidencias que valdrá 20%. De preferencia, se pedirá que el portafolio sea digital, a través de la elaboración de un blog o de una wiki por equipo.

Imagen: Pixabay.com (2014, noviembre 14).

El portafolio de evidencias está bastante fundamentado pedagógicamente, y debido a que se trata de una actividad colaborativa, en la que se desarrolla el trabajo en equipos, es importante que registremos los resultados de aprendizaje, pues tal como lo señalan Ferreiro y Espino (2009) “todo trabajo cooperativo debe tener un producto que se convierte en evidencia del aprendizaje realizado por el equipo y sus miembros y en cuyo logro han contribuido cada uno de ellos”.

Adicionalmente, se propone llevar a los estudiantes a la reflexión de su aprendizaje, por lo que se les pedirá que cada final de periodo o unidad de la materia, entreguen una reflexión personal que considere tres aspectos que deben desarrollar de manera individual, contestando las siguientes preguntas: ¿Qué aprendí en este periodo? ¿Qué debo mejorar en mi aporte individual? ¿Qué debemos mejorar como equipo?

Con esto, también motivaremos que los estudiantes ubiquen sus áreas de oportunidad tanto individuales como de equipo y que puedan trabajar en ellas.

Espacios.

Algo importante en el desarrollo de esta evaluación, es la definición del espacio. Lo ideal es situar a los alumnos en un ambiente lo más real posible, por lo que se propone que la evaluación no sea en las tradicionales aulas o en el auditorio de la institución educativas, si no, que pueda ser en una sala de juntas corporativa o en una sala de conferencias de alguna empresa o institución externa.

Imagen: Pixabay.com (2019, enero).

Esto hará que poco a poco los estudiantes puedan sentirse habituados a presentar sus proyectos en ambientes distintos a los escolares, y que le pierdan el miedo a presentar en ambientes externos, fuera de la seguridad que les podría dar estar en el espacio escolar.

Si queremos preparar estudiantes para el mundo real, entonces debemos sacarlos de la burbuja escolar y llevarlos a estos ambientes reales, para que también se aprendan a desenvolverse naturalmente en ellos.

Conclusión.

Consideramos que esta propuesta puede resultar funcional y atractiva para las materias que se plantea, además de que se han fundamentado académicamente cada uno de los procesos que se piensan llevar a cabo durante la evaluación. El siguiente paso será probarla para validar sus resultados, y reestructurarla si es necesario.

Conforma también, una propuesta de cambio para buscar nuevas alternativas de aprendizaje que permitan a las instituciones estar a la vanguardia de las nuevas necesidades educativas.

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La música utilizada para enseñar valores y crear comunidad. Modelo de Educación Musical Comunitario. Entrevista a Natalia Morelos (Parte 2).

¿Cómo enseñar valores a través de la música y a la vez crear comunidad? Un modelo educativo que cambia la manera en la que los niños y jóvenes ven al mundo, convirtiéndose en agentes de cambio dentro de su comunidad.

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical (2018, 3 de abril).

Por Emiliano Francisco Leal Sorriente

En la primera parte de la entrevista a Natalia Morelos, Coordinadora Académica del Movimiento Nacional de Agrupaciones Comunitarias del Sistema Nacional de Fomento Musical, hablábamos de la importancia de la enseñanza artística, y en especial de la musical. Ahora nos enfocaremos en cómo funciona el modelo educativo que se utiliza en estas agrupaciones musicales, también denominados como “semilleros creativos”, uno de los ejes del programa nacional, Cultura Comunitaria.

Para que este modelo funcione, lo primero es garantizar el éxito de los niños y jóvenes en su proceso de aprendizaje. Natalia habla de la importancia de ir poco a poco, cuidando que los retos que deban enfrentar sean alcanzables, pues muchas veces el problema de las escuelas es que les ponen retos demasiado complicados.

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical

Además de esto, la música tiene una ventaja importante, pues interviene en los tres estilos de aprendizaje: el kinestésico, el visual, y obviamente el auditivo.

“la música tiene tres partes fundamentales, aborda a los visuales, a los kinestésicos y a los auditivos, entonces no hay forma de que no aprendas. Unos irán más rápido que otros, pero si tu garantizas ir de problemas sencillos a complejos, por ejemplo, con el ritmo solamente, garantizas ese caminito del éxito hasta donde cada niño pueda llegar. Ahí, sin darte cuenta, tu como niño que estás haciendo la actividad, estas generando autoestima, y a la vez están aprendiendo ritmo”.

Con este contexto, el modelo de Educación Musical Comunitaria, busca que los niños y jóvenes desarrollen tres aspectos:

  1. Las competencias musicales, que tienen que ver con toda la parte interpretativa musical y que son la base con la que trabaja el modelo.
  2. Las competencias artísticas, que son las que permiten poder impactar a alguien en un escenario a través de la música.
  3. Las competencias del deontológicas o del ser, que se enfocan en el aspecto socioformativo y que se dividen a su vez los valores personales, sociales, espirituales y emocionales.

El trabajo en valores

Natalia Morelos. Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical

Una de las características más importantes de este modelo, es justamente el desarrollo de estas competencias del ser y en valores que se hace a través de la enseñanza de la música. En la primera parte de la entrevista, Natalia explicaba que una de las ventajas del trabajo de la música en estas agrupaciones musicales, es que se pueden realizar con integrantes que tengan distintos niveles de desarrollo musical, o incluso distintas edades.

Pero este trabajo multinivel va incluso más allá e incide directamente en cómo se abordan los valores, pues “no importan el nivel, si toca más, si gana más dinero, si no tiene dinero, si trae tal carro, no importa. Ahí todos caben y lo que cada uno hace fundamental para que el otro también pueda hacerlo. Es un ejemplo de cómo a través de algo musical (…) puedo generar un valor personal y social”.

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical

Natalia nos ejemplifica cómo utilizando el valor personal y social del trabajo en equipo “que nos cuesta mucho a los mexicanos, por cierto” se puede enseñar muy bien, pues en este esquema multinivel cualquiera puede contribuir para generar una obra.

“Por ejemplo, si estamos haciendo un cuatro cuartos, habrá alguien que solamente esté con su cuerpo, con su baile.  Si hacemos percusión corporal, puede estar sólo marcando el pulso, y esa es su tarea. (…) entonces habrá otro que pueda hacer octavos y otro que pueda hacer dieciseisavos y entre todos vamos a generar una obra, un ensamble de precisión, que se va a escuchar padre, que va generar emoción en ellos, y aparte están aprendiendo trabajo en equipo”, explica.

En el caso de un valor emocional, Natalia lo ejemplifica con la “inteligencia emocional”, que se puede trabajar con la música usando la melodía, por ejemplo “con las diferentes tonalidades puedo ir transitando de una emoción a otra con los intervalos”, así los niños y jóvenes pueden estar trabajando este tema mientras aprenden música: “en lugar de decirles afina bien, decimos vamos a sentir qué estamos tocando”, lo que permite entender mejor esta variación de emociones y cómo se liga con los otros valores que se pueden trabajar.

“Si tú realmente les enseñas a escuchar cómo el acorde está conformado de manera en que puedas sentir esa emoción, entonces indirectamente ellos están aprendiendo cómo se puede transitar de una emoción a otra, porque lo sienten. (…) Y estamos haciendo simplemente una escala, pero la estamos haciendo entre todos, trabajo en equipo, autoestima que adquiere quien está a cargo de su nota, de cambiar en el momento que debe de cambiar. Pero a la vez, se está generando una armonía entre todos, esa armonía tiene carga emocional, y a la hora de ir variando y siendo conscientes de eso, ellos pueden entender como aquí nos sentimos tristes y abrazamos esa tristeza, porque si continuamos avanzando vamos a llegar a sentirnos alegres de nuevo”.

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical

Y por último, nos habla de cómo se trabajarían valores espirituales, como la generosidad, la paz, la voluntad o la esperanza: “todos esos son valores complejos, no te puedo explicar cómo es la paz, la tienes que vivir. (…) Son conceptos muy complejos ¿Cómo le haces para que un niño pueda decir ‘voy a ser generoso’?. Hay ejercicios muy fáciles, que yo uso muchísimo. Cómo yo le entrego mi sonido al de al lado para que a partir de él pueda construir su sonido, entonces ni hablas y el otro tiene que tomarlo y hacer lo mismo, y se lo entrega generosamente al otro, y al otro… Esa es una forma en la que, en el aula, en la didáctica, con la metodología, genero un desarrollo de valores sin estar hablando del valor. Y lo hago a través de la música, lo hago a través del sonido, a través del arte. Y esos niños salen de ahí con una perspectiva distinta, con una emoción distinta, con otra forma de ver la vida, con un enfoque transformado”.

Vínculo con la comunidad

Para este proyecto socioformativo, el aspecto que tiene que ver con el vínculo comunitario es fundamental. “Ya desarrollé lo musical, hay desarrollo artístico, competencias artísticas, la concientización, pero en el comunitario está la vinculación con la comunidad” comenta Natalia.

Natalia reflexiona que, en otros proyectos de este tipo, como en las orquestas infantiles y juveniles de Venezuela, a veces sucede que se llevan a los niños y jóvenes de su comunidad por periodos prolongados para ensayar en entornos completamente distintos, lo que provoca que muchas veces ya no quieran regresar al lugar de donde son, desvinculándose de su comunidad.

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical (2019, 12 de febrero)

Pero aquí, esto se trabaja de manera muy distinta, pues justamente se trata de fortalecer los lazos que existen con la comunidad de cada uno de estos niños y jóvenes. “si la comunidad me acoge, me va a defender, entones voy a poder seguir andando. La comunidad tiene mucho poder, hay que voltearla a ver todo el tiempo”.

Agentes involucrados

Por ello, Natalia explica que para entender mejor el modelo, hay que verlo como si fuera un muñeco, que tiene una cabeza y cuatro extremidades. Este muñeco representa cinco agentes que tienen que coordinarse y trabajar en conjunto para que el modelo funcione:

  1. Cabeza. Aquí se encuentran los docentes que generan el desarrollo integral.
  2. Mano derecha. Los niños y jóvenes, los que van a lograr un cambio “son tus agentes de transformación, es tu materia prima, con los que trabajas”
  3. Mano Izquierda. Las familias, la que muchas veces te ayuda pero que a veces también te puede entorpecer un poco el trabajo.
  4. Pie derecho. La comunidad, aquella en dónde está insertada la agrupación y que ayudar a que todo este conjunto ande.
  5. Pie izquierdo. Las instituciones, que ayudan a que este muñeco avance, aunque a veces si se traba puede que empiece a cojear.

“Si nosotros tenemos presente todos esos agentes educativos implicados en el proyecto, estamos hablando de socioformación con música, en lo que es este proyecto. Si no están, si se te olvida alguno ellos, estas en Esperanza Azteca o en alguna otra cosa, pero no estás en este proyecto. Tienes que tenerlos a todos presentes y cada uno tiene que tener sus actividades, su responsabilidad, su compromiso, sus dinámicas. Por eso es muy complejo y por eso se generó este modelo educativo de educación musical comunitaria que hoy día tiene los puntos de partida en tres ejes temáticos de donde deriva todo, son como el punto de partida, se selecciona el repertorio con base en esos ejes rectores”.

Tres ejes rectores

Además del trabajo en las competencias que ya mencionamos, el modelo educativo cuenta con tres ejes rectores que Natalia considera que “son fundamentales para garantizar que la especie humana continúe en este planeta, o que este planeta continúe y podemos continuar en el también” que son:

  1. El ser y la naturaleza para generar conciencia ambiental.
  2. El ser y su identidad para generar conciencia del yo.
  3. El ser y su diversidad cultural para generar conciencia de los otros.
Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical

Estos ejes rectores, explica Natalia, “hablan de las competencias del ser, pero de una forma muy directa, es: protejo mi casa a través de conocerme a mi mismo y encontrar el lugar que ocupo en esa casa y cómo la puedo cuidar, cuidándome a mí. Porque no puedo cuidar algo si no me estoy cuidando a mí. Y como al cuidarme a mi, cuido la casa. Pero también soy consciente de que hay otros que también deben ayudarme a cuidarme a mí y a cuidar la casa, entonces están vinculados entre ellos”.

“Se sienten bichos raros”

En la primera parte de la entrevista, hablábamos sobre la forma de trabajo que se da dentro de las agrupaciones, en donde se trabaja como una especie de familia donde los que tienen mayores conocimientos ayudan a los compañeros más nuevos y con menores conocimientos. Esta característica, que además fomentan la colaboración y la solidaridad, también genera un cambio de visión en los niños y jóvenes que participan en este tipo de proyectos.

Imagen: Sistema Nacional de Fomento Musical (2018, julio 22)

“ Se sienten bichos raros en su familia”, explica Natalia, ya que “cambia su visión, cambia su enfoque, cambia su realidad, sus gustos, su apreciación de la belleza, de la estética”, así toda esta experiencia se transforma en todo un conocimiento que genera mucho más que músicos.

“Su forma de percibir el mundo, cambia. Comienzan a ser más cooperativos. Hay niños que llegan muy violentos, con muchas problemáticas sociales, inclusive niños con alto poder adquisitivo en sus familias no están exentos de problemáticas sociales. (…)  Con todo el trabajo que se hace ahí en cuanto a valores, en cuanto a generar conciencia de muchísimas cosas, ellos cambian su perspectiva de vida, su visión del mundo, empiezan a tener esta conciencia, esta complicidad, esta colaboración, esta hermandad y empezar a sentir ser humanos”.

Esta experiencia tan profunda, provoca que poco a poco los niños aprendan como pueden contribuir a mejorar su entorno desde una consciencia colectiva, y de manera muy natural, como lo explica Natalia: “Llegas y adquieres toda esta información pero no a través de una lectura o de un adoctrinamiento, sino a través de una sensibilización muy poderosa. Te nutres de todo esto, vas y regresas como a ese mundo completamente ajeno a lo que tú ya estas desarrollando en ti, entonces hay que ir al nivel 2, que es trabajar con las familias”, las cuales se busca que participen activamente en el proyecto.

Formando formadores

Para lograr el objetivo que se ha propuesto el Movimiento Nacional de Agrupaciones Comunitarias, sin duda es importante contar con maestros especializados que logren trabajar de manera adecuada con el modelo que están proponiendo. Sobre los maestros y cómo los están capacitando hablaremos en la tercera y última parte de la entrevista, la siguiente semana.

Qué retomar de los paradigmas educativos existentes para crear uno propio: una aproximación a mi propio modelo.

Este texto fue escrito en 2014 para el Módulo de Psicopedagogía de la Maestría en Comunicación y Tecnologías Educativas del ILCE, en el retomo algunos aspectos de los paradigmas educativos existentes, para generar un propio con algunas de mis ideas sobre educación.

Por Emiliano Leal Sorriente


Introducción

Plantear un modelo educativo, sin duda no es cosa fácil, sin embargo si comenzamos retomando algunos de los postulados de las corrientes más importantes de la educación y las adaptamos a los nuevos tiempos, se puede obtener un principio que nos puede servir para continuar en la generación de ideas de cómo debería ser un modelo educativo actual.

Hoy, nos enfrentamos a un mundo totalmente distinto y que se encuentra en constante cambio. Contamos con herramientas tecnológicas que, sin duda alguna, han facilitado la vida de la humanidad, la comunicación se ha estrechado y el acceso a la información se ha vuelto mucho más sencillo.

Y sin embargo, pareciera que la educación, en algunos casos, sigue estancada. Las aulas, por ejemplo, siguen siendo exactamente iguales que hace siglos. Los profesores siguen impartiendo clases de la misma manera que hace 30 años y la mayoría de las instituciones educativas, siguen manejando el mismo esquema, mientras que los alumnos, que son hoy sumamente distintos a los de tiempo atrás, sienten que ir a la escuela es una pérdida de tiempo.

Debemos enfrentar el hecho de que es tiempo de cambiar, de generar nuevas formas de educar y también nuevas formas de aprender, perder el miedo a transitar por nuevos caminos y así lograr una enseñanza integral acorde a nuestros días.

Lo que aquí se plantea es una serie de ideas, muchas de ellas retomadas de modelos educativos vigentes, para que comencemos una discusión en torno a cómo debemos educar a nuestros alumnos para los nuevos tiempos. Es difícil plantear todo en este proyecto, y aún hace falta profundizar en algunas temas, pero se plantea ser un inicio.

Descripción de mi modelo educativo

Sin duda alguna, la base del modelo educativo que planteo, se encuentra en el constructivismo y en el humanismo, y es que considero que una de las formas más efectivas de llegar a un aprendizaje real, está en el descubrimiento de los conocimientos, el autoaprendizaje, y la figura de un facilitador, más que un maestro o profesor.

Coincido plenamente con lo que plantea Ferreiro (2007), en que un esquema adecuado es en el que permitimos al alumno “descubrir y construir su conocimiento“, así “la búsqueda, la hipotetización, la fantasía y hasta el error tienen implicaciones pedagógicas importantes para aprender, y lo que es más importante, para desarrollarse” (p. 25).

Y es que justamente aquí es donde yo planteo algo importante, en la actualidad, con la cantidad de conocimientos que hay disponibles, quizá nuestra preocupación deba ser enseñar a aprender (idea que retomo del paradigma cognitivo), a investigar, a indagar, a obtener fuentes confiables, y que las personas sean capaces de recurrir a la información, y más aún, al autoaprendizaje según se requiera.

¿De qué nos sirve que un estudiante sepa de memorias fechas, formulas químicas o matemáticas, tablas periódicas, si no sabe para que le servirán? Debemos mejor, enfocarnos, en que ellos conforme vayan avanzando en su desarrollo y vayan definiendo lo que quieren hacer en la vida, tomen las herramientas necesarias, logren procesarlas con éxito, y así convertirlas en información y en conocimiento.

En este sentido el aprendizaje por descubrimiento planteado por Jerome Bruner, creo que puede ser de utilidad, pues tal como señala García (s/f):

“Desde el punto de vista de la enseñanza, los contenidos que se han de aprender deben ser percibidos por el alumno como un conjunto de problemas, relaciones y lagunas que se han de resolver. El ambiente necesario para que se dé un aprendizaje por descubrimiento debe presentar al educando alternativas para que perciba relaciones y similitudes entre los contenidos a aprender”. (p.5)

Otro termino que retomo del constructivismo, es el de el “aprendizaje significativo”, planteado por David Ausbel, y que desde mi punto de vista es uno de los mejores aportes al modelo educativo. Aprender a través de experiencias que realmente tengan una significación importante, es una manera de asegurar que esos conocimientos permanecerán y no se diluirán a través del tiempo. A muchos de nosotros nos tocó estudiar memorizando partes de libros, de apuntes, y todos eso nos funcionó para obtener una buena calificación en un examen, pero hoy quizá no recordemos algunas de esas cosas memorizadas. Se podría decir que hasta perdimos un poco el tiempo en eso, pues debido a que no es un aprendizaje significativo, se diluye en el tiempo fácilmente.

Y es que desde mi perspectiva, no hay mejor manera de enseñar, que haciendo. Pongamos un ejemplo un poco más cotidiano. Una de mis pasiones es andar en bicicleta y estoy dispuesto a enseñarle a cualquiera que no sepa utilizar una. Si bien es cierto que hay conceptos teóricos básicos (como en todo, hay que explicar por ejemplo el uso adecuado de frenos, de conducción, etc.) no puedo enseñarle a nadie únicamente con un pizarrón, necesariamente deberá subirse a la bicicleta. Aquella persona que haya aprendido a andar en bicicleta sólo con una explicación de pizarrón, seguramente fracasará en el primer intento.

Así entonces, un ambiente de aprendizaje que permita que los mismos estudiantes aprendan a través del descubrimiento, del error, y de su interacción con el mundo, es fundamental, además deberá estar apoyado por un aprendizaje colectivo. Recordemos que una de las competencias más solicitadas para el siglo XXI tiene que ver justamente con la capacidad de realizar trabajos colaborativos.

Y aquí me gustaría retomar algo más del paradigma humanista, relacionado a que los programas educativos deben comenzar a ser más flexibles y adaptables, es decir, deben permitir que estos se puedan reenfocar según el contexto social y cultural, por lo que no puede existir un currículo educativo que no permita una ruta de aprendizaje que pueda ser contextualizada, y mucho menos, que no pueda ser aprendida de manera colaborativa.

Como hemos visto, aquí entra en juego también el paradigma socio cultural, pues algo importante que debe existir, es que el aprendizaje de nuestros alumnos debe estar enmarcado en un contexto social y cultural, para que de esta manera pueda resultar eficaz. Y es que es importante recalcar que tal como lo señala Hernández (1998) “El alumno debe ser visto como un ente social, protagonista y producto de las múltiples interacciones sociales en que se ve involucrado a lo largo de su vida escolar y extraescolar”.

Aquí retomo algo del conductismo, el estímulo-respuesta, pero no aplicado a que se genere un aprendizaje por éste hecho de manera directa, al contrario, me refiero a la solución de casos, por ejemplo. Es una forma de estimular al alumno para se enfrente ante una situación, reflexione sobre el mismo, y al final genere a través de la reflexión, una solución a lo que se plantea. Aquí también entra en juego el paradigma humanista, pues los estudiantes deberán decidir, en plena libertad, cómo llegar a una solución a la problemática que se presenta.

Por ultimo, algo que creo que es importante señalar y que no se ha tocado hasta el momento, tiene que ver con los ambientes de aprendizaje, es momento de que comencemos a pensar en salones distintos, innovadores, que faciliten la educación del alumnado y que eliminen la jerarquización entre alumnos y profesor.

Perfil y función del maestro

En mi modelo educativo ideal, el maestro debe ser más bien una persona que facilite la interacción entre el conocimiento y el alumno, un guía que permita, a través de preguntas, quizá algunas sugerencias y entrega de cierta información, que sea el mismo alumno el que vaya llegando a su descubrimiento.

Más que un profesor que “profese”, mi visión es que el maestro debe orientar a los alumnos para que ellos mismos vayan definiendo su ruta de aprendizaje, y adquieran los conocimientos casi de manera autónoma. La idea es que sea una educación centrada en el alumno, y que también esté orientada a la autorrealización de los alumnos, concepto señalado por Carls Rogers.

Pero siguiendo la misma línea humanista, el maestro debe buscar cuáles son las potencialidades, los intereses, y los gustos de cada uno de los alumnos para así poder explotarlos al máximo. Por eso me identifico más con la concepción que el maestro debe ser un “facilitador de la capacidad potencial de autorrealización de los alumnos. Sus esfuerzos didácticos deben estar encaminados con la finalidad de lograr que las actividades de los alumnos sean autodirigidas fomentando el autoaprendizaje y la creatividad” (Rogers, 1978, citado en Hernández, 2008).

Aquí quisiera ligarlo también nuevamente con el paradigma cognitivo, que postula que es muy importante que los estudiantes aprendan a aprender, ese proceso les ayudará a continuar obteniendo conocimientos de manera autónoma.

Papel del alumno

En cuanto al papel que juega el alumno, quizá una de mis mayores coincidencias se encuentra en el paradigma humanista, pues creo que el alumno debe ser visto como un ente único y totalmente distinto a los demás: “los alumnos son entes individuales completamente únicos y diferentes de los demás, y se tiene la firme convicción de que al finalizar la experiencia académica esta singularidad de los educandos como personas será respetada y aún potenciada” (Hamachek, 1987, citado en Hernández, 2008).

Por otro lado, el alumno debe dejar de ser visto como un producto. Creo que gran parte de la visión de la revolución industrial aplicada a la educación, es que se ve a los alumnos como un producto para un fin específico. Por ejemplo, pensamos que sean “productivos”, que “generen ingreso”, que “estudien algo que tenga futuro”, pero no pensamos en algo que es mucho más importante, que deben estudar sólo para una cosa: ser felices.

Es triste ver a alumnos que han soñado con estudiar una carrera relacionada a las artes (señalo esto por ser algunos de los casos más comunes que me he encontrado) estudiando derecho o medicina, porque según los estándares de la sociedad, o de sus padres, esa es la carrera que deben estudiar si quieren ser “exitosos”, por supuesto en una muy mala concepción de dicho término.

Es así que entonces, el alumno debe de ser visto como un ser humano, y no como una máquina que el día de mañana será capaz de ganar un 80% de los juicios o de operar a 10 pacientes en un día. Y no quiero con esto criticar las carreras de derecho o medicina, únicamente las pongo como ejemplo de lo que la sociedad considera que es exitoso, sin embargo, alguien que hace arte es tan importante para la sociedad como quién defiende los derechos de los trabajadores o salva al mundo de enfermedades.

Tipo de evaluación

La evaluación es uno de los temas que más me preocupa en los actuales modelos educativos. Desde mi perspectiva, la evaluación tradicional numérica (o que en algunas ocasiones es modificada y cambiada por Muy Bien, Bien, Regular, Insuficiente y otras categorizaciones similares), ha dejado de ser funcional.

Creo que la evaluación, como tal, debe ser parte del proceso de aprendizaje, es decir, debe ser una instancia más en donde incluso podamos fijar los conocimientos, hacer consciente al alumno sobre lo que ha aprendido, y ayudarlo en la búsqueda de más conocimientos si considera que es necesario ahondar en un tema.

El punto con la evaluación clásica, que se basa en un número, es que de alguna manera estigmatiza a los alumnos “Ese es un alumno de diez, o de ocho” o “Es un alumno excelente, bueno, regular”. Y en este sentido, quizá deberíamos modificar eso, para que la evaluación sea real y le de algún tipo de retroalimentación importante al alumno.

Digo esto porque he visto cientos de veces a alumnos persiguiendo a profesores por un punto más para sacar el diez, o preguntar ¿Saqué diez? Se ha vuelto una esquizofrénica búsqueda por obtener el numero mayor, como si se tratara de un sorteo de lotería.

Es por eso que le apuesto a dos cosas fundamentales, a la autoevaluación y a la reflexión sobre el proceso de aprendizaje.

Y es que creo que una de las mejores competencias que les podemos dar a los alumnos hoy en día, es la capacidad de autoevaluarse frente a sus procesos de aprendizaje, pero también frente a la vida misma, en donde la reflexión también juega un papel sumamente importante.

La autoevaluación esta bien fundamentada en el paradigma humanista, y ofrece varias opciones para que los facilitadores pueden tomar una elección, tal como lo señala Hernández (2008):

“Según Patterson (1982), la autoevaluación puede hacerse mediante una evaluación escrita,  calificarse a sí mismo, demostrar si se ha cumplido un contrato, discutiendo con otros  compañeros, análisis mutuo con el profesor, etc. Los criterios que siguen los alumnos para  la autoevaluación suelen ser muy diferentes en cada ocasión”.

Si bien es cierto que hablar de autoevaluación, no es fácil para los profesores, y tampoco para los alumnos, creo que es importante comenzar a plantear esta técnica con el fin de obtener personas que puedan ser más críticas con respecto al trabajo o las labores que desarrollan.

Y es que la autoevaluación, trae consigo una serie de beneficios para los estudiantes, como lo señala Ortiz (2007):

“La autoevaluación no constituye, única y exclusivamente, un proceso introspectivo para lograr los aprendizajes, sino también, y sobre todo, es una estrategia continua de consolidación de habilidades, saberes y actitudes surgidas dentro y fuera del sistema educativo. Las mismas serán aplicadas para conformar y orientar la autonomía del estudiante a fin de mejorar sus procesos cognoscitivos, fortalecer y ampliar sus expectativas y ejecuciones, basándose en la presentación individual de los resultados, tratando de incidir positivamente en su autoestima, eficacia y motivación, de manera que continúe adquiriendo conocimientos más elevados. Si queremos formar personas comprometidas con el desarrollo de su comunidad, competitivas en el ámbito internacional y con la habilidad del autoaprendizaje, es necesario cambiar la estructura de la labor educativa a una que se centre en el aprendizaje y no en la enseñanza”.

Conclusiones

Creo que es importante que nos detengamos un momento a pensar si la educación actual está cumpliendo con las necesidades que se requieren para el mundo actual y futuro. Porque lo que se necesita hoy y especialmente en el futuro, es que las personas resuelvan problemas y ofrezcan soluciones con creatividad. Hoy ya no tenemos un problema de acceso a la información, esa está presente en todos lados, lo que necesitamos ahora es enseñar a cómo utilizar esa información para convertirla en conocimiento y así promover una humanidad más próspera.

Necesitamos revisar, hasta qué punto, la educación como la hemos venido manejando, genera personas que se sienten felices con las actividades que desarrollan, pero también, que puedan y sepan generar su propias oportunidades, que cuenten con un espíritu emprendedor.

La educación es una herramienta muy importante para cambiar el mundo, para hacer del lugar en el que vivimos, un lugar mucho más amable, más sano. En especial, los momentos difíciles en cuanto a violencia e inseguridad que vivimos hoy en día, requieren que la educación tome un partido más activo, de manera que en el futuro se genere una sociedad mucho más colaboradora, más sana, y con mayores oportunidades para la población en general.

Desde mi perspectiva, así como estamos manejando la educación, únicamente seguimos replicando modelos que ya no están siendo funcionales, y que se han transformado incluso, en algunos casos, en los mismos generadores de problemas que estamos viendo diariamente en la sociedad.

Referencias

Ferrero, R. (2007) Estrategia didácticas del Aprendizaje Cooperativo; el constructivismo social, una nueva forma de ensenar y aprender. México. Trillas.

Hernández, G. (1998). Paradigmas en psicología de la educación. México: Paidos.

Ortiz, E. (2007). La autoevaluación estudiantil: una práctica olvidada. Cuaderno de Investigación en la Educación, 22, 107-119. Recuperado el 2 de noviembre, de http://cie.uprrp.edu/cuaderno/ediciones/22/06.html

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Cómo citar este artículo en formato APA:

Leal, Emiliano (2019, 20 de enero). Qué retomar de los paradigmas educativos existentes para crear uno propio: una aproximación a mi propio modelo. Mi rincón de aprendizaje. Recuperado de: https://mirincondeaprendizaje.com/blog/una-aproximacion-a-mi-propio-modelo-educativo/

Sudbury Valley: Las escuelas en la que los niños deciden.

Por Emiliano Leal Sorriente.

Pensar que en una escuela en la que los niños decide qué aprenden, cómo lo aprenden, y toman decisiones sobre su propio proceso de enseñanza, para muchos puede parecer una idea descabellada. Sin embargo, existen escuelas que funcionan de esta manera y que han logrado un exitoso desarrollo de sus alumnosPensar que en una escuela en la que los niños decide qué aprenden, cómo lo aprenden, y toman decisiones sobre su propio proceso de enseñanza, para muchos puede parecer una idea descabellada.y .

Tal es el caso de las Sudbury Valley School, un modelo de escuela muy distinta a las tradicionales, en donde los niños son independientes y ellos tiene poder de decisión sobre casi todas las cosas. Por ejemplo, no hay clases como las conocemos, sino que ellos deciden qué hacer con su tiempo. No hay aulas, hay espacios diversos donde ellos pueden obtener diversas experiencias. No hay reglas fijas establecidas por lo adultos, ellos las establecen a través de asambleas en un ejercicio totalmente democrático y en el que todos tiene voz y voto. Así pues, es una escuela que enseña a adaptarse a las cosas y al mundo real de una manera natural, habilidad que genera en los niños sentido de responsabilidad, confianza, respeto y autogestión.

Video promocional de una de las escuelas con el modelo Subury Valley

Hace algún tiempo, le expliqué el funcionamiento del modelo de Sudbury Valley School a alumnos de licenciatura para saber qué opinaban, y el resultado, fue de extrañeza entre los estudiantes ¿Y cómo es que aprenden? ¿Cómo saben qué tiene que estudiar y qué no? ¿Cómo pueden no tener clases? Fueron algunas de las preguntas.

Estamos tan acostumbrados a los modelos educativos clásicos que pensar en  “clases” se traduce automáticamente a un salón, con bancas, alumnos muy atentos y quietos sentados mirando a un pizarrón,  y un profesor explicando temas y hablando como si vendiera sabiduría a sus alumnos. Difícilmente se podría pensar en una escuela en la que los niños deciden.

Sé que para el funcionamiento educativo que actualmente domina, es una idea extraña y hasta polémica, pero es bueno revisarla, quizá hay algo de ello que podemos comenzar a adoptar en nuestras clases o en nuestras escuelas.

Aquí les dejo un pequeño video sobre el sistema, y también la liga a la página oficial: https://sudburyvalley.org/

Fuente de imágenes:

Sudbury Valley School.
https://sudburyvalley.org/gallery
https://sudburyvalley.org/sites/default/files/2018-02/groupdiscussion.jpg